Carmesí

TANGO CARMESI

Cuando me atrapes estaré hecho un guiñapo

Pesaré mil kilos demás

Mi conciencia estará esparcida en todo el universo

Será amarga

Íngrima

Supernova imperturbable

Y con suficiente energía sin consumir

Perder esos lugares habituales

Donde se proyectan sombras de cenizas

El aire cortado con vocales y consonantes

Y no se respira libertad

Pero tú estás desencadenada

Sobrevives, supravives, revives

Lujuria en presente continuo

Actividad normal de tu periodo afirmado

Sanguijuela de placer

Hinchada de orgasmos

La biblioteca con mayor información…

Tu entrepierna…

Continúa la fuga hecha con partituras de fruición

Esas que saben la intensidad de cada sonido nocturno

A firmamento diseccionado

Derramando brillo por la oquedad

Terminando

Llenado lugares y escenarios

Nunca mires al suelo

No veas al ácaro en la inmundicia

No te enteres de su existencia

Ya lo exhumaste de su hibernación

Y ahora le toca perseguir perros famélicos

Gravedad cero y luminiscencia

Subsuelo y torrentes de privación

Cavando has llegado buscando un tesoro

Condescendiente hiel

Nunca el anhelo llega a poner pies en tierra

Nunca hay vuelo si no aborda la certeza

La física impone sus átomos

Destruye todas las éticas

Masa por aceleración

Sudores más satisfacción

Una fuerza que no puede encapsularse

Lo contrario sucede al decoro

El jarrón chino siempre a punto de romperse

En medio de la tormenta

Son tiempos en que igualas la conducta alfa

Sin temor y sin preocupación

En el reacomodo de las fuerzas

Se pierde el volumen y la dirección

Es un hecho concreto esta distancia

Es una dádiva cada desaparición

Entre las olas que abrazan tus pies

La arena recogida en medio de tu libro del génesis

Y las montañas que emergen como murallas

Se deja en claro la oscuridad y su dueño

El cántaro rebosa agua mientras llueve por entero

La rutina no cesa en su ritual impregnado

¿Es necesaria una lupa para ver el sol en su cenit?

Has ido y venido con la madre a repartir bofetadas

Creo que no…

¿Es visible la sangre sobre tela escarlata?

Es vino derramado en bacanal

Es herida sin estocada final

Para la rueda dispuesta a marchar siempre hay avance

Para la vela engordada por el viento siempre hay corriente

Cabalgas y cabalgas sin parar

Es una competencia por la piel más curtida por el polvo

No es cuestión de sensaciones en exhibición

Ni un deporte extremo de roces condimentados

La gula está bien representada

Siempre habrá vomitaderas a los que no provocará entrar

Quizás este sea el caso

Enemigos caídos, zancos de caballos

La mesa tendida y humedecida con estática corpórea

Néctar de amazonas contemporáneas en su reinado

Sobre dioses destronados

El escribano toma nota

Registra la epopeya

en los confines de su universo plano

con esquinas de pergaminos incinerados

que fijan sus límites carcomidos de calor

e impiden la entrada a la jugosa y profunda

carne de la emancipación.

© Edwing Salas.

15/16 -03-14

Ciruelas pasas

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“La ciruela pasa es una ciruela deshidratada. Se engloba en los frutos secos, aunque en sí misma es una fruta desecada, del mismo modo que se secan higos, albaricoques, melocotones, uvas, etcétera”.        –Wikipedia-

Es un proceso donde el tiempo, junto a factores físicos y climáticos, hacen el trabajo. Como mínimo 95 grados Fahrenheit o su equivalente en Centígrados que son aproximadamente 35, poca humedad y alrededor de cinco días al aire libre.

El problema, precisamente, es ese aire, que no es libre, esa temperatura abrasiva que consume con gula desmedida, ahoga como mil infiernos, es el calor de las energías que van y vienen: las explosiones, detonaciones, impactos, penetraciones, gritos, lágrimas, sudor, neurosis e histeria colectiva.

Este proceso de maceración se ha hecho lacerante y lleva un tiempo indescriptiblemente largo e impredecible. Está viciado desde el principio, por tanto, ni siquiera se sabe qué resultará. La pérdida de líquido, el desierto interno junto a un cielo oscuro son las escamas del reblandecimiento y el desgaste natural.

El ciclo no se detiene, aunque con matices fuera del orden natura, la degradación avanza transformando lo impío en impávido. Expuestos a la soledad de la cadena alimentaria de esta era, la carne y el cañón es la bipolaridad del reacomodo de las bacterias que inician el proceso de putrefacción y liberan gases de depósitos fósiles.

Las raíces emergen como manos secas a través de la tierra, mientras las ramas, hojas y retoños pierden el oxígeno vital en las profundidades de su risa defensiva y la búsqueda de un último vaho de luz.

Fruto amargo, sin valor nutricional, con la propiedad de fundir una papila con el estruendo de la ira, el desangramiento y la ceguera. No hay condiciones adecuadas, nunca han existido, ni siquiera una fotosíntesis limpia y ordinaria que libera del carbono, sino que deriva en azufre. Es una tierra fértil de tragedia e inamovilidad.

La sensación imperante, sequedad, en la piel, el aliento inhalado y exhalado, la mirada, el alma. Falto de fluidos que demuestran vida, movimiento. Los segundos ya inútiles se desplazan en bastón y llenos de telarañas.

La decisión voluntaria es de auto inanición sicológica y social, impuesta desde la soledad de la habitación que paraliza, la burbuja que te protege del pandemónium exterior, ese donde no sabes si volverás a perder y ellos se quedarán.

Hoy, como todos los días, hay sangre, fuego, sudor y lágrimas, la falta de una vida normal es ese insomnio que guía tus pasos.

La deshidratación de la existencia y el alma, las metas y las expectativas. Ciruela pasa, el bocado que ojalá no se coman en una celebración los mismos que secuestran nuestras victorias: carnuzos agusanados que ríen sin labios, mostrando mandíbula amarillenta y colgante.  Seis generaciones han pasado y perteneces a la cosecha de este año.

       FIN

© Edwing Salas

04/03/14

La obra

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Tengo demasiado por escribir, pero siempre creo que nunca es suficiente.

Entre las imágenes por crear y la literatura para escapar rápidamente de uno mismo, decanto segundos de vida que no tienen contra reembolso, ni ganancias. Si las tuviera, creo que no sería tan adictivo.

Y como toda pasión, como toda causa perdida; esta es una eterna lucha entre la procrastinación, la pereza, la indisciplina, las inseguridades… contra la necesidad suprema de cumplir con el mandato interno; igualmente, a clientes y en general, a quienes necesiten un comienzo, un desarrollo, un final.

El primero en imponerse esa esclavitud es quien levanta el látigo y quien recibe el azote. Es el mismo que disfruta y padece el ambiguo y contradictorio impulso creador.

La obra es el destino, no el medio, y la recompensa es pensar, sentir, crear y traerla a este lado para servirla ante la vista de cualquier cómplice que desee contemplar el resultado del azaroso culto al disfrute propio, tan solo unos segundos. Así funciona.

Observo en silencio lo que me rodea cuando estoy fuera de mi madriguera. Me convierto en mosca sobre la pared. Tomo las migajas que me encuentro por ahí, inmediatamente vuelvo a mi encierro y empiezo a tejer letras en esta máquina luminosa.

Hace años es una obsesión, desde niño, algo que siempre me ha dado pena confesar, porque hay un gran margen de fracaso. Es una vocación amarga y menesterosa, en cualquier parte del mundo y, mucho más, en infra universos tropicales y tierras australes.

   FIN

(c) Edwing Salas

07/02/14

¡Coehlo sálvame!

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La realidad toma más sentido, incluso, cuando sucede lo que no se quiere, o lo que es lo mismo, si tus deseos más desencarnados mueren desde el momento de nacer.

Tratando de no sonar cursi ni en sus pensamientos, finalmente se dio cuenta que tanto evitar los libros de la «literatura industrial» no le había salvado de experimentar sentimientos que incrementan su culpabilidad. Continuaba en su «zona de confort», como le señalaron una vez unos amigos que practicaban la trascendencia espiritual.

Esa «zona de confort» podría ser más bien un terreno de guerra. Las letras oscuras, hechas óxidos y escombros, eran el único refugio que resistía el bombardeo de la hiper percepción, de la irracional inconformidad, del padecimiento, la pasión.

En eso consiste: estrellarse en llamas. “Todo es una ilusión, nada es verdad y todo está permitido”, el mantra de Burroughs, lo supo hace poco, pero lo practicó siempre, no de manera voluntaria, sino más bien por mecanismo defensivo.

La distancia y el eterno desencuentro es ya un hecho irreversible. Hubiese querido regresar el tiempo para poder leer Paulo Coehlo, Carlos Fraga, Rhonda Byrne y La Biblia.

Letras sólidas con bases suficientemente fuertes como para saber a tiempo el nombre del juego y labrarse una vida con dinero, propiedades y la mujer que siempre idealizó. Esa que le daría lindos niños que llevarían a Disney, Doral y Weston. Un hogar en la tierra prometida. Cruceros por el caribe y muchas fotos felices en Facebook e Instagram. No hubiese existido nada realmente imposible.

Siempre desdeñó al autor equivocado: ya es demasiado tarde para pensar «Maldito Burroughs» «¡Coelho sálvame!»

    FIN

(c) Edwing Salas

05/02/14

 

 

Pausa

Atardecer

Foto by Edwing Salas

Ciertamente han sido 24 o 48 horas extrañas

Es un estímulo que cuando no está en pantalla…

se siente perder la vida,

o por lo menos el órgano vital,

el sentido de ubicación

Lo raro,

no es una obsesión propia

sino esa especie de correspondencia oculta

que se da en estos tiempos de palabras desbordadas

informaciones que cubren cada pradera

como semillas de extinción eterna

Hay un árbol que se inclina de vejez

Una flor altiva con energía de sus primeras fotosíntesis,

la mitad del durazno

encendida cabellera que da ordenes

deja ver que posee inteligencia superior

y los demás serán abono para ratas

Parecen apetecibles las galletas para perros

con forma de Sartre, Camus y Eco

como pasta al mediodía

en un mercado chino

Lo más lejos es filosofía de actualidad,

un programa del cable sin censurar

sin necesidad de tocar las hojas espirituales

de una publicación

¿Será Dios?

¿Será el “Yo”?

¿ O el ego vestido elegantemente?

Pero sin un centavo en el bolsillo

Amor arropado con decepción

Una cama de agua

para flotar en calor

Tienes todo el beneficio de la duda

más por la edad que por valor

Pieza escasa de este rompecabezas de dolor

Las mejores cosas son un pedazo de emoción

La idea de un complemento

es autodidacta

es auto seducción

Somos escépticos hasta la definitiva colisión

según el libro de los muertos

Es en este plano

o el posterior

Quizás no hubo asistencia en esa clase

Ni a ninguna

con oro como fuente de satisfacción

se revelarán los poros

esos rincones de tu cuerpo

que de verdad necesitan ser sinceros

nadie quiere ser austero

pero son tiempos donde el deseo se deprecia

Maldita devaluación

de nuestras almas

de nuestras conciencias

de nuestra percepción

Espejos

Reflejos

Distancia

¿Aceptación?

(c) Edwing Salas

18/01/14 

 

 

 

 

 

 

18/01/14

Es un monstruo

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La turba enardecida se congrega con antorchas ardientes; cuchillos, palos, piedras, pistolas, escopetas y granadas.

-A semejante abominación no hay que dejarla con vida- gritó uno de ellos-

“O por lo menos, no se debe dejar tan visible para que las miradas de otros no se extiendan más allá” -pensó el jefe encargado de controlar los acontecimientos para que todo se diera con el mayor orden posible-

-Piel oscura

-Treinta y seis

– Abundante cabellera y barba. Sin esposa ni hijos

– Alega que no se atreverá a formar familia hasta que gane suficiente dinero

– ¿Tiene dinero?

-No

– ¿Trabaja?

– Él responde que sí, pero yo creo que no. Nunca se le ve salir en la mañana ni llegar en la tarde

– Es extremadamente pesimista y dice que el país es una gran mierda

-¡Maldito!

– Dice que fue engañado…

–  ¿Quién lo engañó?

-Yo que sé, eso más bien parece una excusa para justificar su naturaleza desalmada e inútil

– Vaya que sí es desalmado. Dice que su pobreza se acabará con él, que no traerá nadie a sufrir al mundo, no reproducirá más pobres

– ¡Jajaja! que demente está

– ¿Quizás sea gay?

– No creo, míralo bien, además, ya lo supiéramos. Aquí todo se sabe

-Cierto, y hasta sería más aceptado, es decir, eso está de moda. No estaríamos en esta situación si de eso se tratase

-Además, ellos defienden el matrimonio y la familia como unidad fundamental de la sociedad

– ¿Entonces, por qué tan solitario?

– Este, por el contrario, no cree en el matrimonio y sostiene que el concepto de familia es un lavado para seguir generando pobres y esclavos

– Su cuenta bancaria está en cero

-No tiene casa

-Ni v

-No hay tarjetas de crédito, por lo tanto, tampoco ha viajado, ni para huir, ni para lucrarse con lo de las divisas

-¡Qué imbécil!

– Ni casa, ni carro, ni familia, ni amigos, ni contactos

-El maldito es un viejo y no ha hecho nada

– Está más solo que la una el muy bastardo

– Odia al gobierno y también a la oposición

– Vaya, esto es más grave de lo que sospechábamos…

– Entonces, no queda duda alguna…es un monstruo

Las autoridades se apartaron y dieron por terminado su jornada de trabajo. La turba avanzó y desintegró a la criatura con sus propias manos. Lo que hace pocos minutos era un monstruo ahora era una espesa mancha de líquido carmesí sobre la acera.

 

                             FIN

 

© Edwing Salas

 

06/01/14 

Despiertos

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Nunca se sabe cómo se sale del trance de un sueño profundo,  simplemente despertamos. El día entra primero por los oídos, luego se empieza a sentir el cuerpo y todo su peso, más tarde, experimentamos la sensación del aparato respiratorio laborando ininterrumpidamente y, por último, se levantan las persianas de piel de los párpados para que la luz nos de conciencia. Hemos regresado.

La mente empieza a arrojar la información pendiente: recuerdos, retazos de sueños, la agenda de propósitos. Ya estamos de nuevo en el plano real, ese que nos muestra o intenta convencernos de que estamos con vida, tenemos una, mientras, las ausencias se acumulan con el peso del vacío. De un giro, esa certeza de saberse un ser viviente, se convierte en banalidad.

Somos errores y a eso vinimos, a errar, por eso, quizás, nuestra verdadera obra sea un mural de imperfecciones éticas, físicas, psicológicas, perceptivas y egocéntricas, en mayor o menor medida, de acuerdo a la valentía o cobardía de nuestras configuraciones genéticas.

La naturaleza es precisa, pragmática, hermosa y sobre todo, cruel, entonces, existen dos clases de suicidas: los que toman el “indigno” atajo y los que siguen la senda llamada vida, la cual, lleva al mismo destino. Avanzas, autodestruyéndote a cuenta gotas, no de un solo golpe, cómo los primeros.

Tocas el piso helado con pies desnudos. La jornada está a punto de comenzar. Afuera todos pretenden felicidad, un estado que puede ilustrarse con una bengala u estrella fugaz. Sin duda existe, los consumidores de crack la conocen y saben lo efímera que es.

Ciertamente, los que deben considerarse afortunados son quienes han experimentado el “aquí y ahora”. Han penetrado por las diminutas e indetectables puertas de ese estado temporal, cuyas vastas salidas someten al pasado y al futuro a rangos de menor jerarquía, cuyas existencias son de dudosa fidelidad.

La culpa, el arrepentimiento, la añoranza, son costras sangrantes que arden al sol. La ausencia es una enfermedad carnes adentro que consume como ácido clorhídrico. Agua oxigenada, agua bendita o agua de pupilas dan lo mismo. Corren como río desbordado toda la mañana al percatarse del silencio aturdidor. No hay pabilo, hojas de plátano, ni las entrañas de alcaparra, pulpa de cerdo y aceitunas.

Limpias, haces que el reproductor de audio realice un tributo musical. La escoba es protagonista mientras baila con el polvo. Luego el coleto entra en acción para secar ese torrente de agua salada que en algún momento se desbordó esa misma mañana.

Hay polvo y cenizas, pero quizás, seamos partículas más diminutas. El problema no es la ortografía, sino la sintaxis de nuestras presencias en este plano. Se ha perdido el sentido, o quizás nunca lo hubo. Después de escuchar esas piezas musicales e iniciar el drenaje, solo podemos concluir que los fantasmas somos y hemos sido nosotros.

FIN

© Edwing Salas

25/12/13

A la deriva

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“Las oportunidades surgen muy pocas veces en la vida y si no has aprovechado ninguna, no lamentes tu presente.”

Britanio era así, como su nombre, un sustantivo que resultaba sonso e innecesario. Quemó todas las naves antes de que partieran, muchas las incendió en pleno viaje, con el viento a favor y otras, las cañoneó tan solo con verlas en el horizonte.

Una agónica balsa llevaba su existencia, se acercaba la degradación natural, ya estaba ahí. Todo lo que espera más allá es degeneración, sufrimiento, el clímax de la muerte y descomposición.

No era valiente, ni sensato, ni astuto, ni con sangre fría, mucho menos, carismático. Su angustia perenne en constante ascenso y su ilógica pasión e ingenuidad le hacían demasiado inseguro, pesimista, o como él mismo lo pensó siempre: “Demasiado realista”.

Quien está acostumbrado a fracasar le teme demasiado a las victorias, se torna un enamoradizo de las fallas, las empresas inconclusas, las impuntualidades deshonrosas, las causas perdidas, las separaciones, las pérdidas y el continuo odio hacia sí mismo.

Ignoraba totalmente si era algo heredado. Debió arreglárselas solo desde pequeño y en vez de convertirse en un truhán de los siete mares, con fortunas saqueadas y labios robados, era un errante marinero que actuaba como rata acorralada, convirtiéndose en presa de piratas y la marina real.

Se le podía encontrar en el mismo perímetro marítimo. El íngrimo islote con manglares era su única pertenencia, por lo menos, hasta el momento. A ningún fugitivo se le hubiese ocurrido esconderse en un paraje tan inhóspito y azotado por insectos chupa sangre y serpientes de agua.

Britanio guardaba el temor y esperanza de ser alcanzado por una de esas alimañas. Un franciscano una vez le dijo que quien se quitara la vida por su propia voluntad estaría condenado para siempre a arder en el aceite hirviendo del averno, junto a Satanás, quien atormentaría su pobre alma por mil eternidades.

No era creyente, pero cada vez que se le ocurría armar una horca las palabras del monje venían a su mente. Le recordaba tal cual, envuelto en su entrepierna con la piel de una de las ovejas del pastor que profesaba la fe anglicana y que se negó a abandonar sus dogmas para abrazar la religión dominante en Francia.

Luego de cortarle la cabeza, los representantes de la iglesia confiscaron sus bienes y ese monje en especial sentía profundo apego a las cabras y ovejas, quienes “No eran tan endemoniadamente pecaminosas como las mujeres”, según le confesó.

Britanio si amaba a las mujeres sin importar lo que fueran, pero su azarosa vida siempre las alejaba en esas embarcaciones que él mismo se encargaba de incinerar, ya sea, por no demostrar debilidad o por saberse un hombre sin pasado, presente, ni futuro. Alcohol y opio serán la compañía perfecta.

Ya solo quedaba el ron. Fumar le habría desatado los demonios que aún le perseguían, dándole esa fama de cobarde paranoico de altamar, una delirante rata de embarcación, de esas que saltan de cubierta cuando retumba algún cañón.

Quinto día flotando en medio de la nada. Una ballena expulsó agua junto a él. El líquido estaba frío, lo que quería decir que el animal llevaba varios días en la oscuridad de las profundidades, donde el sol no existe; ese perturbador astro rey que tenía su piel roja y sangrante.

Terminar hundido o devorado por los tiburones era un destino poco honorífico, pero era el final que sin duda se merecía.

Quería ser como los bucaneros que escuchó en las historias que contaban en las tabernas de los muelles de la isla de Santa Elena, cuando apenas era un niño que acarreaba la escupitina y el balde de orine.

El oleaje y la brisa de la tarde le brindaban una breve sensación de bienestar. ¿Sería esa la última experiencia de sus sentidos antes de oscurecerse ante la vida? ¿O el cruel destino le depararía muchos más días de deriva moribunda?

                                         FIN

© Edwing Salas

30/11/13

 

Teresa Red

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Escucha su voz todas las noches, la ve en la calle, la ve en TV, ella es Teresa Red. Podría llamarla, enviarle SMS, un tuit, un e-mail, escribir en su Facebook, e incluso, “estalkearla”, virtual o literalmente, pero no.

Ella es un personaje público, es simpática, atrevida, desinhibida, sexy, extremadamente joven y moderna.

Su sensualidad e inteligencia arrastra toda una red de fanáticos y fanáticas que sienten pulsión con cada una de sus opiniones sobre el sexo, las relaciones interpersonales, la música, el cine, la lectura.

Cada medianoche, la radio arroja las ondas hertzianas más atractivas bajo el manto de su voz. Él mide, corta, remienda impávido, aunque a veces, debe parar y fijar su mirada en el receptor, como si se tratara de ella estando de frente, emitiendo cada una de sus confesiones, gustos y sandeces llenas de provocación.

No sabe cómo ella se enteró de su existencia. Fue la vez que estuvo en el programa de un amigo hablando de su colección de Miles Davis y sonando algunos de sus temas durante la tarde de un domingo lluvioso.

Teresa llamó y no quiso identificarse ya que su voz estaba saliendo a través de una estación de la competencia. El locutor no pudo evitar reconocerla y preguntarle si era ella, pero lo negó, apreciando la confusión. Felicitó al invitado por tan buena colección y le confesó que también era amante de Miles.

Él se sintió halagado pero su insociabilidad solo le permitió dar las gracias y despedirse tímidamente. Más tarde, cuando salieron de la emisora, su amigo continuaba asegurando que se trataba de Teresa Red, la reina de la provocación, pero su huraño invitado no sabía de quién le hablaba.

– Escúchala, para que veas que esa voz es inconfundible.

El sastre se acordó de la sugerencia de su amigo tres semanas más tarde, cuando renovaba una pieza. Le gustaba trabajar de noche y no tuvo problemas en sintonizarla.

Al hacerlo, supo que era ella y al enterarse de la naturaleza de su programa quedó enganchado.

Poco después, la vio en una valla publicitaria y quedó perplejo al percatarse de que alguien tan provocativa y menor tuviera esa clase de gustos musicales, tenía que ser una broma.

Teresa, Teresa, Teresa, soy un ciego caminando felizmente hacia un precipicio. Teresa, Teresa, Teresa, eres la licuadora encendida donde introduciré mis dedos. Teresa, quedé atrapado en tu Red.

Cuando descendía en picada pude ver como ascendías como un ángel de fuego. Medir, cortar, zurcir. Traje y pantalones negros, camisa blanca, corbata roja. En la solapa tambien, pañuelo rojo de seda.

“Flamenco Sketches” raya sus surcos en el pick up, mientras él trabaja en el silencio de su escandaloso pensamiento, luego de experimentar taquicardia cuando ella se despidió de su programa con “So What”.

Eso había sido hace dos horas. Los gallos iniciaban faena y él deseaba acostarse tarde para dormir largo y tendido.

Ella incitaba y provocaba, pero eso no era más que un sueño de ermitaño: pensar que había mensajes ocultos dirigidos a él. La aguja de la máquina de coser taladraba con precisión mientras seguía el patrón asignado por la tela.

Teresa, Teresa, eres una letanía maldita. Algo que perjudica sin razón alguna. Sentirse un animal vivo luego de hibernar dentro de una moledora de carne no es bueno, no es sano.

Eres inmune a las flechas, a las drogas, al alcohol, a la pobreza, a la riqueza y a las bacanales con cuerpos del sexo opuesto y del propio. Tú, con entusiasta fijación hacia impetuosos flacos; desgarbados, despeinados y barbudos; «homos» u «heteros», perfumas tu insaciable piel.

Corroes el tiempo con admirable adicción y ninfomanía. Eres heroína kamikaze. Sobre todo, eres indiferente ante los sentimientos, te ríes de las responsabilidades acarreadas por el apego.

Juegas como niña ingenua con armamento de guerra. Saltas en la cuerda sobre las vías del tren. Quizás, estar uno frente al otro, rompería cualquier misterio y nos llenaría de desdén.

Entre nosotros solo puede haber casuística, no casualidades o entrecruzamiento de tiempo y espacio. Más allá del taller y el mundo hecho con retazos no puede existir más nada. La demencia podría ser encontrarnos algún día.

FIN

© Edwing Salas

14/11/13

Maldito Civil – Parte 1-

Nueve meses de intenso trabajo para sacar adelante sus proyectos en la capital, donde había experimentado toda clase de dificultades. Ya cuando estaba a punto de cuajar tanto esfuerzo, el país comenzó a incendiarse.

La demencia y la violencia creciente entre los fieles al gobierno y quienes despertaban tempranamente, advirtiendo la neo dictadura, se convertiría en la estocada final que llevaría al traste todas las actividades nacionales y, por consiguiente, los proyectos de Alcides.

El paro cívico que mantenía cerradas todas las empresas y comercios, incluyendo, la industria petrolera y sus derivados, se había intensificado; como medida de presión para contener las arbitrariedades de la cúpula que, con tan solo tres años en el poder, ya mostraba el camino a seguir hacia una hegemonía personalista.

Obligado a regresar a su tierra, maldiciendo profundamente el autoritarismo del gobierno, que se había convertido en poco tiempo en una fuerza envilecedora del espíritu y las acciones de todos los habitantes que esperaban la ansiada mejoría y cambio.

– A Chávez nunca lo van a sacar de ahí

Le dijo con una sonrisa pródiga, su compañera de asiento en el bus hacia Maracaibo. Era una señora Wayú, que rondaba los 50 años.

Alcides siempre tenía problemas con la autoridad, era apenas un ingenuo recién graduado y aún mantenía esa natural propensión a enfrentar todo lo que representaba abuso de poder.

Empezó a detestar al presidente y la verdadera naturaleza del poder militar que le rodeaba.

Había participado en las revueltas y escaramuzas que se estaban dando en Caracas, para derrotar el avance de la invasión cubana, pero pronto, ese entusiasmo e ímpetu se vieron minados por el atentado en la Plaza Altamira.

La percepción de falsedad, el miedo y la derrota de las iniciativas que propiciaron la rebelión civil; le hicieron desconfiar también de militares disidentes y personajes civiles, cuyas verdaderas intenciones, la historia, debería encargarse de juzgar.

Pero, muy a pesar de todo, en el pensamiento y, sobre todo, en el fuego de su corazón; Alcides tenía la idea de continuar la lucha desde su ciudad natal, bastión de la resistencia.

Luego de la emotividad y frustración producida por el regreso intempestivo, Alcides se puso en contacto con sus amigos, y con ellos se dedicó a ir a toda marcha y cuanto evento de protesta civil se realizase contra el gobierno opresor.

Tropezó con la conciencia de clases a muy temprana edad. Devoraba libros, pero eso no necesariamente se traducía en excelentes calificaciones, los libros escolares eran algo muy distinto a lo que él sacaba desde niño de la biblioteca de su casa.

Ese encuentro con la conciencia de clases no fue nada grato, se dio cuenta de que era el único que no estaba “acomodado”, como el resto de su círculo social y, al mismo tiempo, se percibía con una serie de aptitudes, sensibilidades y opiniones que el resto de sus amigos no tenían.

Creía firmemente que la movilidad social podía realizarse trabajando duro y preparándose cada vez más.

Había leído sobre el llamado “Milagro alemán”, ocurrido en el país germano en los años 70’s. Ejercicio máximo de inocencia juvenil.

Había grandes obstáculos: la paranoia colectiva, la huida de capitales, la corrupción, la cultura de castas, el plan gubernamental, en complicidad con importantes entes económicos, de empobrecer cada vez más al pobre y enriquecer groseramente al rico.

La calle se volvía más volátil con el pasar de los días. Gente de la clase media, al ver amenazado su Status Quo, se enfrentaba abiertamente con militares pretorianos, quienes cumplían órdenes con el mayor de los descaros.

En las clases populares también existía muchísimo descontento ante el comportamiento oficial, pero en esa época, la mayoría aún estaba en manos del caudillo.

La división de clases, profundizada por el régimen, ya era el aire contaminado que se respiraba por doquier.

  Continuará…

(c) Edwing Salas

14/11/13