Centro del Universo / Center of the Universe

Centro del Universo

Photo by Edwing Salas

Ignoraba que tan sensato era andar con un telescopio de dos mil dólares a la una y media de la madrugada por el barrio, pero era imperativo ver ese evento estelar –y no, no era un programa de televisión- se trataba de una lluvia de estrellas que se mostraría por diez segundos procedente de la órbita del planeta Nibiru.

Buscar la mejor posición para ver ese fenómeno irrepetible era su prioridad. La gran casa al lado de la suya le impedía ver desde su propio techo.

Muy pocos estaban enterados de lo que iba a ocurrir. Por eso, tenía que ser de los pocos que experimentaran tal fenómeno, sin que nadie se lo contara, eso lo colocaría un poco por encima del resto de sus cohabitantes del planeta.

Vestido de negro para mimetizarse con las sombras, se desplazó de puntillas mientras los perros ladraban avisando de su presencia.

El cielo estaba despejado, podía ver la luna llena y las estrellas. Realmente se sentía pequeño, no hacía falta decirlo.

Tan solo repasar sus decisiones y acciones era suficiente para concluir que lo que buscaba era una señal de luz que aclarara su alma perdida, dentro de ella misma.

La primera estrella fugaz pasó. Pudo observarla sin mucho esfuerzo. Esa no era parte de la lluvia, según la radio de la NASA, faltaban aún diez minutos.

Ya podía ver la plaza envuelta en claroscuro. Ahí se instalaría con su telescopio.

Llegó, desplegó el trípode y montó rápidamente el telescopio. Comenzó a calcular las coordenadas, el ángulo y la distancia. Empezó a calibrar.

–   Oye, no me gusta que me interrumpan mientras fumo.

Esa expresión sorpresiva y solitaria lo hizo brincar y dar un grito de espanto.

– ¡Dios mío! ¡Vas a hacer que me dé un infarto!

– ¿Eso es un Celestron?

–   Sí

– ¿Original?

Él afirmo en silencio, con el rostro invadido por la luz de encontrar un ser tan sublime como ella en medio de la noche y a la vez, con el miedo de ser asaltado por esa chica que irradiaba libertad, desenfreno y también mala conducta.

–   Está lindo –respondió ella-

–   Gracias

–   Yo también salí a ver la lluvia de estrellas y a fumar un poco de esto, pero no tengo telescopio.

Le extendió el joint, el astrónomo amateur negó con una sonrisa. Estaba invadido de pavor, prefería colocarse en el espacio con ayuda de su propia imaginación.

– ¿Te parece algo malo o qué?

–   No me llama la atención, eso es todo.

–   Bueno, para eso es el libre albedrío, lo respeto, pero de una vez te digo que jamás saldría contigo, salvo por esta noche, pareces ser un buen chico.

Cuando se dispuso a mirar la lluvia estelar, ella le pidió permiso para poder ver, él no pudo negarse. Esa chica de temperamento salvaje era la prueba de que había vida inteligente muy cerca. Puso su ojo derecho en el visor. Una sonrisa de anhelo e inocencia se dejó ver en sus veteranos labios, asomando una dentadura brillante, a pesar de sus excesos con el almíbar.

Él no pudo sino contemplarla, dándole la espalda al firmamento que desprendía escarcha en movimiento. Se sentía demasiado diminuto ante esa dimensión de mujer -Y pensar que el universo es mucho más extenso e intimidante-

No vio su esperada y exclusiva lluvia de estrellas. Descubrió algo mucho mayor. El centro del universo ya no era él y su pobre humanidad, sino ella.

 FIN

© Edwing Salas

22/04/14

 

 

Pijama party

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Cuando Silvia invitó a Paula a su casa para una fiesta en pijamas a esta última le pareció una idea algo ridícula, ya estaban en la universidad y aunque todavía seguían en la memoria reciente los días en la secundaria, donde se solía asistir con frecuencia a estas reuniones, no dejaba de intrigarle.

Pero ella era la más nueva del grupo de estudio y si eso le bastaba para entrar definitivamente al círculo de las más populares del primer semestre de comunicaciones, pues, no se lo perdería.

A las once y media en punto de la noche del sábado Paula llegó a casa de Silvia, esta le dio la bienvenida invitándola a entrar sin perder tiempo.

Silvia ya se encontraba “empijamada” o más bien “embikinada” con un sostén rosa que apenas cubría su generoso busto duro y puntiagudo. La pieza de abajo era un imperceptible hilo dental que tapaba su delicado triangulo del amor. Eso era todo.

Paula contempló a su compañera y no pudo sino sentir envidia ante un cuerpo tan bien formado que competía con el suyo.

– ¿Dónde están el resto de las chicas? – preguntó Paula.

–    Están retrasadas, pero no tardan en venir, anda, ponte cómoda, puedes cambiarte en mi habitación, ven. –respondió la anfitriona con total naturalidad-

Silvia condujo a Paula hasta su habitación y se quedó con ella. Paula no pudo ocultar su incomodidad, la situación era alarmante, pero si alguien era echada pa’ lante era ella.

–   No uses pijama, quédate así en ropa interior, como estoy yo – sugirió Silvia-

–   Eso mismo te iba a proponer, ya que tu estas así -le salió al paso Paula, sin dejar de recorrerla con la mirada-

Silvia quedó petrificada al ver como su invitada sin ningún pudor o recato levantó su franela dejando al descubierto sus hombros, sobre los cuales se fijaban unos sostenes inmaculadamente blancos, perfectamente combinados con los cacheteros que llevaba en la parte inferior.

Piernas y glúteos perfectamente delineados y carnosos. Silvia la devoraba con la mirada. El silencio era incomodo, toda la habitación se sentía cargada de estrógenos.

Se fue acercando lentamente, Paula esperó en silencio, ambas se quedaron muy cerca, sus ojos brillaban, la caliente anfitriona buscó los carnosos labios de su invitada y ella recibió el tierno y húmedo beso que luego las hizo sonreír a ambas y después las arrojó a un festín de pieles de porcelana.

Las atractivas damas se dejaron llevar por la exploración de sus cuerpos suaves y con el olor de mil primaveras. Sus lenguas jugaban con maestría entre sí, formaban un torbellino sedoso que inundaba las papilas con el sabor del sexo prohibido y anhelado.

Silvia sabia como usar su musculo del habla sobre las aureolas que bautizaban los delicados senos de Paula y esta invitaba a su amiga a que fuera bajando hasta su ombligo, donde tocaría la puerta de entrada hasta su monte de venus, totalmente depilado y llano.

Su clítoris hinchado y su entrepierna hambrienta esperaban a una compañera educada que supiera como manipular cada botón para calentar verdaderamente a una mujer.

Recorrió con su lengua afilada hasta la flor húmeda que la aguardaba, el clítoris de Paula estaba firme y anhelante, parecía una segunda lengua, de menor tamaño y proporción, pero sin duda, parecía tener vida propia.

La fogosa anfitriona también optó por inducirse placer desde su entrepierna con ayuda de sus expertos dedos. Su compañera la detuvo y la acomodó más cerca de si para continuar ella el trabajo. Ahora ambas se propinaban gozo y disfrute, la noche era joven y prometía más.

Paula no tardó en tomar ella la iniciativa igualando con su lengua el portento de sensaciones en el sexo de su compañera, a quién le tocaba hacer retumbar las paredes con gemidos tan apasionados como los que ella dejaba escapar hace unos momentos.

Silvia se despojó de sus sostenes e inmediatamente la mano de su pareja le apretó sus generosos y duros pechos con suma provocación. Al parecer la invitada era tan kinky como la anfitriona de esa fiesta para dos.

No hubo piedad en esa batalla por demostrarse la proveedora más efectiva del placer, era un espectáculo lleno de ternura y ganas de explotar el universo en sus esculturales cuerpos, deseados por un batallón de chicos, quienes jamás podrían alcanzar el nivel de compenetración existente en la camaradería femenina enviciada con el hedonismo y la auto complacencia a toda costa.

El dildo ajustable hizo su aparición para coronar la salvaje noche. Primero se lo colocó Silvia y de inmediato separó varios milímetros los labios de Paula al hacer entrar tan prominente juguete. Ella se lo agradeció dejando escapar un gemido que la dejó sin aire.

– ¿Te duele? – preguntó Silvia, por si estaba haciendo algún daño-

Paula negó con la cabeza mientras sus ojos permanecían cerrados y sus labios dibujaron una sonrisa de satisfacción. Ella se abrió aún más y permitió que su compañera se adentrara hasta el fondo, mientras, la sinfonía de su cuerpo se movía coreográficamente pidiendo más.

Cuando intercambiaron roles, Paula embistió con el consolador y también penetró el orificio anal con sus dedos índice y medio. Silvia no se esperaba esa sorpresa, pero agradeció el gesto meneando sus caderas con cada entrada y salida por ambos lados. Pronto sus alaridos estarían a punto de despertar a los vecinos.

De esta demostración de deseo extremo, lo más conmovedor para ambas fue cuando las dos se dejaron correr simultáneamente, quedando envueltas en un mismo gemido, un mismo aliento. Abrazadas en la cama no paraban de contemplarse y reír.

Paula le comento entre risas a su amante recién estrenada:

–  Menos mal que no vinieron las otras invitadas.

–  Nunca hubo otras invitadas.

– Ya lo sabía, siempre lo supe – confesó con total descaro la sonriente Paula, mientras le daba un almohadazo cariñoso a Silvia-

Todo por entrar en el grupo de estudiantes más populares de comunicación. Era un hecho, Paula estaba más que dentro.

                                                               FIN

© Edwing Salas

29/04/13 

363

Old Parr

El día 363 se escapó un recuerdo. Traicionera flatulencia de la memoria, fue así, de pronto.

De nuevo ese café con nombre francés, en compañía de ella y su abrumador apellido polaco, judío, ¿Quién demonios sabe?

Habla y escribe del amor, tanto, que si respirabas profundo y hacías silencio en tu interior podías escucharla a una gran distancia. Lo conoce, lo siente, lo vive. Tiene un amigo, un padre, un marido, un hermano, un amante al que llama Dios

En una ocasión llamó para reclamar mi irresponsable exceso de seguridad. Su rabia a través del hilo telefónico acariciaba el oído medio con su vibración.

Era más que obvio, la razón y los argumentos más poderosos estaban de su parte. Eso no la libraba de utilizar, subyugar, incluso, si había desplazamiento: nueve horas en carretera o una hora en avión.

Cómo se pierde el tiempo el día 363. Preguntando por la vida de alguien. El día 363, antes de celebrar. Una copa con el viejo Parra, los amigos, la gratitud y el perdón ¡Salud!… y gracias a ¿Dios?

  FIN

(c) Edwing Salas

29 de diciembre-2006

Publicado el 03 de abril de 2014

Flagrancia

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“Hokusai introdujo las formaciones de nubes siguiendo el esquema occidental, y combinó nubes con bruma” …

– Buenos días

Al escuchar la voz dando las horas su atención se desvió del libro y fue aparar hacia el lugar de donde provenía el cortés saludo.

Entonces, vio al policía tras las rejas de la cochera. Su transmisor emitía la frecuencia con códigos que se le hicieron indescifrables.

La repentina presencia del gendarme frente a su casa no le transmitió otra cosa que miedo y paranoia.

-¿Qué calle es esta? – pregunta el agente-

-Esta es la calle J –responde él con los nervios de punta-

Había sido sorprendido, no era un arma de fuego, no era droga. Él sabía que tenía en su poder algo peor.

-No, esta no, aquella, la transversal –contesta el uniformado-

-Ah, no te sé decir, lo ignoro completamente

La verdad, no tenía idea del número o nombre de esa calle transversal, nunca lo había sabido, y lo intimidante de la situación tampoco le daba mucho margen de responder tranquilamente.

– Bueno, gracias, hasta luego.

El policía prosiguió con el transmisor sonando; caminando, así como había llegado.

Lo siguió con la mirada y luego de perderlo en la distancia quedó obsesionado con lo que podría estar pensado mientras se alejaba de su casa. Había sido sorprendido leyendo un libro con la foto de un anciano y calvo pintor.

No estaba armado, no tenía drogas, no roba, no secuestra, no mata, pero le encanta leer… y fue sorprendido en plena flagrancia.

 

   FIN

(c) Edwing Salas

Cama de escombros

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El fuego rodea todo, como una oda hollywoodense a la forma en que hacen el amor.

Un estallido de velocidad ralentizada y combustión de las pieles, a lo David Lynch y sus mujeres con doble personalidad, con capacidad para arruinar a un hombre anónimo, normal.

Pasión fuera de toda posibilidad de respirar profundo y tomar distancia, para pensar mejor la decisión a tomar. No hay tiempo para ello.

Saben que desde algún lugar los están mirando, pero la tensión sexual acumulada desde que estalló la guerra es más apremiante.

Les protege el manto del parque sin luz, contiguo a los escombros que han acumulado para impedir el paso del enemigo. Se dice que ahora el número asciende a 4000 uniformados, sin contar las fuerzas motorizadas civiles, quienes son los más dañinos e inescrupulosos y actúan bajo el amparo de quienes visten de verde oliva.

La orden que tienen es de acabar con la rebelión, caiga quien caiga, cueste lo que cueste.

Ella le pide que controle sus aullidos de placer y que le avise cuando vaya a acabar. No quiere que su franela tricolor tenga un pegoste sexual, porque, además, es la única prenda que tiene y lleva ya 48 horas con ella.

El régimen les cortó el agua, la luz, Internet, y si pudiera, les cortaría el oxígeno para arrasar de una vez por todas con todos ellos.

Se aman, son la versión tropical de los actores del Mayo Francés de 1968, pero a diferencia de este, hay muertos por doquier y una violencia cotidiana, típica de los países que no tienen estaciones climáticas.

Disfrutarán de la pasión de sus cuerpos mientras defienden la causa rebelde. No hay mejor afrodisiaco que ir ligeros y saciados a desafiar la muerte, escoltada por armamento de guerra de alto calibre.

Se escucha el estruendo de un mata suegras, ambos brincan con sus espasmos y el fatídico aviso de la eminente llegada de los colectivos paramilitares, la guardia nacional y la policía estatal.

Sus pantalones ascienden de nuevo hasta sus cinturas, no hay tiempo para deshacerse de la lubricación y la sensación que aún invade sus órganos de placer. Ha llegado el momento de la lucha.

Si ambos sobreviven, por lo menos un día y una noche más, habrá una nueva oportunidad para el apasionamiento a escondidas, para no provocar la ira de quienes aún tienen hambre.

Hay quienes ya no podrán sentirse de esa forma, han servido para alimentar el espíritu inquebrantable de la causa y como plato arrebatado a los artrópodos, que ya no cuentan con las desapariciones, sino con tiempo real y sus performances directos desde Youtube, Twitter y Facebook.

Evidencia que indigna a quienes luchan por la libertad y descubre a quienes, de ser derrotados, podrían ser alimento para los organismos necrófagos, omnívoros y oportunistas, que se van sucediendo en el tiempo, dependiendo del estado de descomposición del cadáver.

                                                                        FIN

© Edwing Salas

30/03/14

¿Miranda hacia dónde estás mirando?

Miranda

Un 28 de marzo nace Francisco de Miranda, un ser humano vanguardista y el verdadero creador de la idea de un continente americano unido, independiente y desarrollado en su totalidad, como las predecesoras potencias europeas.

Alguien que por sus ideas fue perseguido y traicionado por la oligarquía venezolana, que apadrinaba al joven Simón Bolívar, que siendo de abolengo, si podría liderar al país, aunque careciera del talento y el corazón del personaje que estamos recordando en este texto, cuyo apellido vemos en el interior del Arco del Triunfo, en Francia, y que si es por mí, es el único prócer al que respetaría.

Seguramente, en la actualidad, este hombre universal, con sus defectos y virtudes, se cagaría y vomitaría con toda su ira y vergüenza sobre Chávez, Maduro, Los Castro, la oposición, los militares, empresarios, delincuentes, los pobres de oficio, los mediocres, y todo aquel vivo criollo que solo puede agradecer su buena fortuna a la falta de moral, escrúpulos e instinto de superación ejercido a costas del dolor ajeno.

– ¿Qué opinas de tu país Francisco?

– No diré nada al respecto, hace rato ya, por la vergüenza y tanto bochinche, estoy mirando hacia otro lado.

FIN

(c) Edwing Salas

28/03/2014

Postal de fresca sombra

carretera

En medio de un lejano paraje xerófilo, camino a una pista clandestina, un vehículo que transportaba a una desesperada viajera se recalentó y su conductor se vio obligado a detenerse en medio de la nada.

Ella no paraba de hablar y él, hombre de caminos, curtido por el kilometraje recorrido en la vida, había llegado hace mucho tiempo al solitario paraje de la inexpresión y la parquedad.

-La rutina hace la edad

Dijo él, casi sin mirarla, mientras revisaba el motor humeante y deshidratado.

-La monotonía es un juego divertido del que muy pocos se atreven a bajar -respondió ella, sabiéndose atractiva, inteligente y joven-

Él continuó en lo suyo, era evidente que no estaba interesado en diálogos. La perversión reside en oportunidades perdidas estúpidamente, el ensañamiento se muestra en deseos imposibles de cumplir, la podredumbre surge con el tiempo (perdido).

Hay silencio, luego se interrumpe por el caer de las gotas. Pueden oírse a gran distancia cayendo con fuerza en la arena, mientras son arrastradas por una lluvia nómada. Quietud dentro de este vacío, pero los pensamientos pronto perturban el orden.

– Será mejor que entre al vehículo, se aproxima una tormenta y si le cae en medio de este calor infernal le podría caer mal.

– ¿Y usted? ¿No va a entrar?

– Debo arreglar esto antes de que anochezca

Ella subió y se puso a resguardo. Encendió la radio y se sintió renacer con el viento frío recién traído por el aguacero que irrumpió de pronto, tapando el sol del desierto, neutralizando bruscamente el calor. El parco chofer buscó rápidamente el bidón de plástico vacío y lo colocó en el piso para que se llenara de agua.

La melodía de la radio era una canción que hablaba de una femme fatale. El conductor la escuchó por un rato.

“Con el consentimiento de las sombras

hilvanamos escarcha de ultravioleta

descompuesta en la espera

bajo el manto fresco de los grises

las cuerdas del alma

dan un agudo resoplido

Erizan la piel”

– Que cursilería.

–  Venga un rato, no se moje ahí por gusto.

Hizo caso, más por cortesía que por interés social. Había visto tantas clientes así que estaba blindado contra ese tipo de féminas fatales. Un flash cegó todo hasta que una llamarada azul se descargó contra un cactus solitario, convirtiéndolo en cenizas. El automóvil se estremeció en el acto, lo que provocó que la viajera brincara instintivamente a los brazos del señor que recién entraba.

Así se produjo el click, con el escalofrío en puertas, al ritmo de percusión con alma. Lenguas entrelazadas, clítoris frotándose, gemidos de libertad.  Sí, vengan a estamparse en este mural de cementerio.

Por todos los suelos y sus bendiciones, permitan que nuestros torturados pies se posen en ellos. Amén por nuestros pecados y deseos que no queden atrapados en nuestros novecientos mil kilómetros cuadrados de pura destrucción sin salida aparente.

Que el vuelo de las aves nos guíe hacia el más civilizado aeropuerto. En el nombre de Afrodita y Morfeo, que las realidades penetrantes y los sueños biodegradables no sean para siempre bajo este mismo pañuelo.

Que la voz de alguna musa trasatlántica nos despierte en cada amanecer de lluvia y nos muestre el verdadero rostro de la vida más allá de una postal o un film en 35mm.

 FIN

(C) Edwing Salas

31-mayo-2004 [24/03/14]

Imagen recurrente

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Imagen Recurrente

Un saludo de lejos en la oscuridad

piernas se vuelven hielo

Imagen recurrente

Persigues a quien le huyes

Y quien te huye,

siempre te busca

Imagen recurrente

Eres la sonrisa distante

El estallido caótico de oro y mierda

Algo que no vale la pena

Menos la vida escogida en caída libre

Enumera los pasados

Derramándote en cableado sin circuito

No mereces

No entristeces

Nunca preguntas por algún camino erróneo

Simple selección

Ganando armadura

sin espíritu Brillante,

colosal,

justo a la medida de esta camisa de fuerza

Hecha jungla,

con piedra, papel y tijera

Persigue al conejo en que te conviertes

Y bienvenidos al país de las maravillas

Para siempre ahora

En un destello de silencio

Emanará desde alguna piedra

Mostrando sus colmillos

llenos de palabras necias

Y escondiéndose del justiciero dorado

La bestia,

como siempre,

se retira para aullarle a las botellas

Dándole finales felices

a esta historia que continúa

Por siempre ahora

Por siempre ahora

Danza de la muerte

en la que siempre te encuentras

Imagen recurrente

Un saludo de lejos en la oscuridad.

 

(c) Edwing Salas

21-mayo-2004- 21 de mayo 2014

Techo

capillasixtinamiguelangelbuonarroti

Ya nada es como antes

En la inercia patinamos hasta el último aliento

Todos ajustados en nuestras preferencias

Acomodados en los egoísmos

y cada maldito huele pega pide una moneda

Se le niega

porque dársela es aprobar su infra humanidad

El sudor de cada poro abierto es un grito desesperado

¿Hasta cuándo este aire? ¿Hasta cuándo este espejo de cadenas?

Ya es suficiente

De trastocada realidad promuerte

un himno de la putrefacción,
de la bioquímica,
los intelectuales y las almas

Los niños que esperarán siempre a San Nicolás…

los truenos que adornan este contexto

y la existencia burlándose en cada respiro…

Se camina solo, por la calle sucia
y se mira a los lados para evitar las balas

o cualquier puñalada oxidada de subdesarrollo

al fin y al cabo, se es uno solo
y así se baja al subsuelo

lo de vivir luego en el cielo,

eso será otro rollo

Aquí están, mientras tanto,

las putas y los drogadictos,

los perros y lo que pudiera ser el futuro

Arranca auto destartalado

dormiré bajo el mismo techo renegado

cubre con la sombra
que se proyectará en el camino desconocido.

(c) Edwing Salas

23/04/04

Polite

Polite

El teléfono patinó por el suelo hasta quedar bajo el sofá. El sonido de la llamada se ahogó en su oscuridad. Era la segunda vez que lo llamaba durante el día y él al ver el número no quiso contestar.

Se apresuró y regresó a su asiento para continuar con la buena velada junto a su círculo familiar más querido e íntimo.

Ciertamente, no debió dar su verdadero número cuando se lo pidió apenas 24 horas atrás, pero pensó que no tendría nada de malo ser polite y estar en contacto con los vecinos, en vista de la delicada situación nacional había que establecer vínculos y así poder organizarse en caso de que la violencia desbordara las calles.

Sin embargo, dos llamadas y un mensaje en menos de un día no era un buen síntoma. El carisma no era un don natural, ni la sociabilidad era una práctica muy prolija, quizás, por eso, el (t)error.

Lo cierto es que podrían pertenecer al mismo bando, detestar al maldito régimen asesino y su ejército invasor. Podrían buscar la libertad, el progreso, la paz y la reconciliación, pero tener contacto cotidiano adicional a la colaboración vecinal no iba a suceder nunca.

Informado y sensato, pero sociable populista nunca. Recordó cuando Churchill aceptó tener a Stalin de aliado tan solo porque si se le hubiese aparecido el mismo demonio para ayudarle a derrotar a Hitler, el primer ministro inglés hubiese aceptado.

Para alguien que no se concentra mucho en atraer seres vivientes o cosas, mostrarse accesible y cortés de vez en cuando resulta una equivocación de proporciones bíblicas, porque generalmente se suele ser considerado con quiénes menos debe ser objeto de ese tipo de gestos.

A estas alturas y en vista de los tiempos, una amistad con ese tipo de personas es como cuando te llegan a vender un resort, o cuando a través de un correo electrónico te informan que te ganaste una lotería de Green Cards. Presiona Delete y huye. Marca distancia, sobre todo, si nunca te han inspirado confianza. Aléjate del sobrepeso, la celulitis, los hijastros adolescentes, el chisme y el insano interés.

Las conclusiones filosóficas no se hicieron esperar, fueron crudas y tajantes:

Un repentino saludo callejero podría arrastrar cola. Ahora la misión es esquivar a la vecina que una vez atendiste cortésmente.

Ella no es quién debe llamar, deben llamar las otras, las que si están buenas, las que me gustan, las inteligentes, las provocativas, las bien educadas y alimentadas, las que tienen un futuro, es decir, las que no tienen mi número.   

   FIN

© Edwing Salas

22/03/14