Sibaritas Apóstatas #4 Futuros eran los de antes

Pablo y Edwing son sibaritas apóstatas, un par de trasnochados hablando de la vida.

 

Tema de hoy: Futuros eran los de antes ¿Cómo nos imaginábamos el futuro en el siglo XX?

 

Una charla informal con todas las de la ley: libros, música, comida, bebidas y amigos.

Anuncios

#Cuentube4 “Cronos el sastre”

Cada traje es elaborado con precisión. La cinta numerada se estira para medir altura. Las talentosas manos que la sostienen ahora la colocan horizontalmente, para determinar el ancho.

Cronos el sastre, es el magno artesano de los telares, sabe cuál es la vestimenta correcta en cada ocasión. El genio de la creación que confecciona pantalones, vestidos, sacos, sombreros, bufandas, calzas, trajes de baño, remeras, vaqueros, medias y todo lo que se ha de vestir, en todo momento…siempre.

Primero empieza con lindos conjuntos para los pequeñines recién llegados a la Sastrería Existencia. La luz viste con emoción, se inician los primeros pasos, vistiendo atuendos de inocente fulgor.

Luego, a partir de los 9 años, los diseños se tornan modernos, menos inocentes y más transgresores; vanguardias en busca de una identidad. Los colores y motivos visuales de las prendas imponen la moda del periodo que se transita.

Es el momento para destacar, para transmitir las causas justas y las ilusiones que mueven a quienes portan estas vestimentas que adornan la primavera poderosa e inmortal de la juventud. El despertar a las luces y oscuridades más brillantes.

No existe formalidad e informalidad que no atine en sus cortes de líneas tan variadas, como las formas que muestran las nubes. Lo casual, lo moderno, lo ceremonial, lo excelso y lo kitsch se conjugan coreográficamente.

No hay imposibles para este hacedor de apariencias que trabaja sin detenerse, en compañía de sus herramientas.

A los clientes de 20 a 35 años les proporciona prendas exquisitamente planchadas. Vienen momentos de formalidad: graduación, citas, trámites, matrimonios.  Se emplean las medidas obtenidas, para vestir con dignidad de victoria, toda meta elegante y seria que hay que cumplir en la joven adultez.

Para los que tienen de 35 a 50 años la Sastrería Existencia brinda una línea totalmente distinguida y elegante, siempre y cuando, el interesado sea oportuno poseedor de las cualidades propias que el periodo requiere: solvencia económica, trabajo bien remunerado, familia constituida, propiedades en su haber, herramientas tecnológicas de última generación, merecido derecho a vacacionar, un buen seguro médico y otros servicios.

Esta indumentaria está reservada para aquellos que hayan cumplido con los objetivos primordiales de la biología.  Sin embargo, Cronos no discrimina a nadie, ni por raza, ni nacionalidad, ni mucho menos, el estrato social.

Parece haber una contradicción, a simple vista, pudiera ser que esa es la manera como se inspira, pero este hacedor de apariencias no juzga, solo toma en cuenta patrones fácticos para realizar medidas y utilizar las telas adecuadas en sus creaciones personalizadas.

Para quienes no logran vestir a nivel de los económicamente solventes, el genio de los patrones y costuras, ofrece indumentaria con oportunas combinaciones de sensación de fracaso, elegante y duramente anudada al cuello, un saco de escasez, pantalón gris plomo y zapatos, un tanto apretados y de forma desesperanzada.

Cabe destacar que estas piezas son las que más se producen, ya que hay una gran demanda de las mismas, muy a pesar de que sus poseedores, quizás, aspiren a vestirse con algo más que esperanza y pintarse la cara con ese mismo desconocido color.

La realidad es que nadie queda sin prendas. Cada una trae nuevos accesorios como, por ejemplo, arrugas. No son evidencia del descuido o desprolijidad, por el contrario, en los trajes de la gente con cuarenta años o más, se hacen visibles como sello indiscutible del estatus alcanzado vistiendo los trajes del prolífico creador. En adelante, nunca desaparecerán, se harán parte de la colección de esa temporada.

Las piezas que adornan la cabeza también pasan de color amarillo, negro, marrón, rojo, a tener una tonalidad gris, para luego alcanzar un blanco inmaculado.

Esas particulares formas y texturas, pasan a ser flequillos, delicados y ligeros, cual plumas. En muchos casos, hay quienes pierden el telar encima de sus cráneos.

Aunque hay accesorios para remplazar tal carencia, la esencia natural se diluye totalmente, pero nunca, nada es bueno o malo para Cronos, solo es. Su obra evoluciona y los espejos de la sastrería están para dar noticia de su constante e indetenible trabajo.

Esa mayoría que lleva cada conjunto con la sensación de que lo bueno ya pasó, se rebela porque no han podido alcanzar la distinción y elegancia del logro de los objetivos primordiales.

Llevar a cuestas el oneroso gris plomo de los planes no cumplidos y las decisiones que no condujeron a la colección de ropa merecida, no es algo que interese al creador de talles justos para cada ocasión.

Lo que todos reconocen al recibir servicios en la Sastrería Existencia, es que Cronos no se enferma, no vacaciona, no se toma un café, ni una copa de vino. Le gusta fluir como agua.

Evidencia de su pasión por la producción en volumen de la perfección. Concepto aún más abstracto que el que posee el común denominador sobre esta palabra.

Es por ello que, entre los 50 y 80 años, empieza el periodo de confección de las prendas de La Partida o El Temido Viajes.

En esta fase de consagración de la obra del sastre, cada uno de sus modelos se identifica por una paleta de colores que describen: plenitud, miedo, ansiedad, angustia, tristeza, soledad, senilidad, desolación.

No todos alcanzan a vestir esa colección, ya que accidentes, enfermedades, homicidios, guerras, hambrunas y suicidios obligan a vestir, a veces, prematuramente, el Traje de Polvo Universal.

Igualmente, para todos los casos, una vez que se sale de La Sastrería Existencia y Cronos deja de ser tu modisto, empieza La Desnudez Transparente. Ese estado en el que el Traje de Polvo Universal es la piel primeriza, pero luego surge el despojo de todo lo que se conoce o se pretende conocer. Sensación recurrente de la cuadratura en los curvilíneos cerebros.

– ¿Para quién trabajás realmente? –preguntó alguien una vez-

Una voz paciente y profunda, cálida y sabia, voló en el aire y dejó sonar esta respuesta como canto ceremonial:

–  Todos saben que soy un creador, no un empleado. No tengo relación de dependencia con nadie. Jamás había sido interrogado ¿Quién sos?

El silencio cubrió todo. Finalmente, una misteriosa afirmación recorrió el espacio de la sastrería sin que Cronos pudiese identificar algo:

–  Creativo, emprendedor, artista. Procurás tus propios recursos. No descansás. Pero finalmente, lo que hacés es producción industrial, lineal y monótona. De principio a fin.

– Esa es mi función. Soy quien otorga esa cualidad, así que no estás diciendo nada nuevo sobre mí.

– Dices tener una función, por lo tanto, sirves a un superior.

– No me interesa saberlo, da lo mismo.

En ese momento Cronos se dio cuenta que hablaba frente al espejo de su vasto taller y contempló su propia desnudez. El cristal refractario era quien interrogaba. Ese vidrio pulido y sus reflejos era conocido de muchas maneras y se interpretaba de muchas formas, sus bordes pulidos tenían la siguiente inscripción: “Sastrería Existencia, espacio de trabajo”.

 FIN

© Edwing Salas

 10/11/17

#Cuentube3 El día cuando todo pareció un comercial de cerveza

A esta conclusión llegó Julio cuando reflexionó sobre lo que había vivido. Su carcajada estalla al recordarlo, porque se sintió como en esos comerciales de televisión, donde un personaje común vive una aventura que involucra lindas chicas y descontrol en un gran festival de música.

Esto fue lo que ocurrió ese día: Julio jamás imaginó que podría ver a su héroe de juventud Iggy Pop, pero ahí estaba; entre miles de personas que habían acudido al recital. Fue con su amigo Leopoldo, pero este decidió ver la presentación del legendario artista desde lejos, donde no había tanta gente que pudiera perturbar su aura sabia y nihilista.

El show de Él Mató a un Policía Motorizado fue un inicio poético. Sus súbditos simplemente se dejaron transportar por ese sonido melancólico que los hace cautivos llenos de comodidad, que compartieron fanáticos y espectadores regulares.

En el interludio aprovecharon para descargar las aguas corporales y ver las remeras oficiales de los artistas que se presentaban. Todo muy lindo, pero Doña Inflación tiene un hambre voraz por estos días.  Julio y Leopoldo sacaron sus billeteras, solo para proveerse de la cerveza patrocinadora del evento. No era que el precio de las latas verdes fuera económico, sino que el ambiente tentaba al paladar.

Al volver al campo, Leopoldo retomó su lugar cerca de donde transmitían los medios que cubrían el evento. Por su parte, Julio buscó el centro para no perderse ni un detalle de lo que vendría.

The Libertines apareció desatando su celebración llena de guitarras rasgadas y batería potente. Carl Barat y compañía volvían a las andadas, luego de un pronunciado paréntesis de la banda. Era su primer recital en Buenos Aires, por eso quedaron muy agradados ante la respuesta del público, lo que les hizo ejecutar su repertorio con maestría y mucha buena onda, avivando los ánimos.

Julio disfrutaba al máximo, a pesar de estar comprimido en una masa de desconocidos. Esa era la parte desagradable de ir a eventos multitudinarios.

Además, el peligro rondaba: una linda chica de diecinueve años que estaba delante de él, restregaba toda la espalda contra su parte frontal. Estaba tan cerca que su dulce olor lo esclavizaba. Deseaba respirarla hasta la última parcela de piel.

A ella le daba igual, no le interesaba para nada, solo se dejaba llevar por los temas fiesteros del cuarteto inglés. No se insinuaba.

Además, había un pequeño detalle: su padre la acompañaba.

Julio se veía obligado a mantenerse inmóvil y con la vista al frente, tratando de ignorar todo, para evitar que cualquier reacción natural de su parte se prestara a una mala interpretación de la situación. Lo mejor era seguir haciéndose el gil hasta que la banda terminara y la masa de personas lograra descomprimirse.

The Libertines se despidió dejando la promesa de volver; de hecho, se quedaron unos días más, vagando por la ciudad, según dijeron fuentes oficiales y extraoficiales del chimento.

La pausa antes del evento principal fue aprovechada para buscar a Leopoldo, pero fue imposible encontrarlo. En menos de una hora se duplicó el número de gente y él ya no estaba en su lugar habitual. La infructuosa búsqueda le dio sed a Julio.

Doña Inflación se había salido con la suya: solo quedaba para comprar una lata verde, lo demás debía ser destinado al transporte de regreso a la ciudad. La cerveza fue guardada con celo ya que Julio planeaba beberla cuando empezara el show de Iggy.

Julio se situó en medio del campo, a veinte metros del escenario, para poder ver y escuchar en todo su esplendor el esperado show.

La noche era clara y con el clima de primavera en plena despedida. La luna… invitada especial, mostraba su cara y sonrisa brillante. Había escuchado cada melodía que despegaba desde el escenario.

Julio reparó en la solitaria mujer que tenía al lado hace aproximadamente 15 minutos. Ella le sonrío en aprobación de la circunstancia que los unía: juntos presenciarían el show de su héroe milenario.

Julio le devolvió la sonrisa, consintiendo la simbiosis temporal entre ambos. Era atractiva, silenciosa y no se había apartado, como hubiese hecho cualquier otra. Se harían compañía para ver el show y quizás, luego intercambiarían opiniones, sonrisas y seguramente corearían sus temas preferidos.

Las luces se apagaban, los gritos llenaban el ambiente. Julio saca la lata de cerveza y se prepara para abrirla. El show está a punto de empezar. La chica lo mira con ojos invadidos de gracia ante su pose ceremonial. Él ríe con complicidad. Se le infla el pecho. La eternidad baña de oro esos 5 segundos. Los músicos salen. La gente enloquece. Suena el primer acorde de “I wanna be your dog”. Iggy aparece saltando. El dedo de Julio abre la lata.

Inmediatamente, una turba de fanáticos choca contra él, arrastrándolo en dirección al escenario. La cerveza se le derrama encima. Julio cae, lo patean, le pasan por encima, lo revolean de un lado a otro. Pierde sus gafas, su miedo aumenta; intenta recuperarlas. Lo logra, pero sigue en el piso, temiendo lo peor. Una mano aparece y se aferra a ella hasta ponerse en pie.

No logra ver de quién es la mano salvadora. Seguramente es la mano de Dios, o de algún ángel. En ese instante, poco importa. La prioridad es escapar del gigantesco y violento pogo antes de que sea tarde.

Huye a contracorriente hasta quedar a 60 metros del escenario, inmerso en un mar de saltos, gritos y empujones. La fiesta está en plena ebullición. Julio, con la lata triturada en la mano, empapado de cerveza y con el sentido de orientación puesto en…. la música, decide olvidarse de todo lo innecesario y se deja llevar por la ola impulsada desde la alucinante metralla de éxitos de Iggy Pop y su increíble banda.

Recordar esa imborrable noche siempre le provoca una risa espontánea y sola; como la de muchos locos.

FIN

(c) Edwing Salas

10/05//17

Sibaritas Apóstatas Podcast #2 Rodajes Calamitosos

Pablo y Edwing son sibaritas apóstatas, un par de trasnochados hablando de la vida.

Una charla informal con todas las de la ley: música, bebidas y amigos.

Tema de hoy: En este podcast hablamos de algunos rodajes calamitosos de la historia del cine…

Mencionados :

La explosiva relación Herzog y Kinsky : Aguirre la ira de los dioses , Fitzcarraldo.

El Vietnam de Francis Ford Coppola en Apocalipsis Now

El proyecto fallido de Alejandro Jodorowsky para rodar la adaptación cinematográfica de la novela Dune de Frank Herbert.

#Cuentube2 “Clarissa”

Clarissa fue el nombre de la canción que surgió esa noche de reencuentro entre amigos. Luego de años, kilómetros, estatus y decisiones de distancia. Cada uno desempolvó su instrumento y empezó a afinar.

Los abrazos y sonrisas brotaron como fuentes interminables de cariño, por verse nuevamente, pero ahora, con las caras y cuerpos reflejando mapas que ya marcaban las amplias rutas de la existencia.

Pintores y sus obras vanguardistas, poetas, escultores, creadores de imágenes; todos llegaron a casa Han, el único que se había quedado en esa tierra arrasada por la mala fortuna. Él prefirió conservar su modesto principado, antes que ser siervo de reyes con armaduras.

Han prometió esperarlos a todos. Enfrentaba la vasta soledad del espacio componiendo discos en su pequeña y acogedora habitación. Producía melodías y probaba las mieles de la ausencia, sabiendo que estas, quizás, algún día, por fin, se acabarían.

Amigas, amantes, esposas, novias, exparejas y cazadoras; todo un crisol femenino iluminaba cada rincón de la épica y añorada reunión. Cual universitarias, en sus tiempos, en la pista de despegue hacia el mundo real.

Un paraíso de creaciones regocijaba las almas, mientras, la bebida y la comida escarlata, servida en platitos verdes, deleitaba el paladar. Se sentía la brisa tibia de la costa cercana y la antigua torre con vista panorámica aún permanecía en pie. Tan sola y abandonada como siempre, como prueba de una época y sus fantasmas.

Todos se sintieron de nuevo como en los primeros ensayos del vivir, donde se puede creer en ser una deidad inmortal. El anfitrión no paraba de abrazar y brindar cariño y respeto a sus amigos pródigos.

Su risa era la misma de siempre, su vitalidad y comicidad eran, igualmente, las de siempre. El Pullover rosa que vestía significaba la carta blanca que siempre tuvo entre su camarilla, para ser delirantemente genial.

Todos habían llegado, nadie había faltado, ni siquiera, los más desquiciados. La noche era eterna y nada más importaba.

No solo estaban los vinos añejos, también, nuevos personajes; admiradores y futuros imitadores pululaban de aquí para allá… dejando esencia de vida nueva en cada sonrisa, cada pregunta, cada baile y cada contemplación. Esa nueva generación que ya estaba en camino hacia lo desconocido que ya todos saben.

La belleza era el líquido que saciaba la sed. Jamás se habían visto tantas demostraciones de fraternidad desplegadas y tanta variedad de rostros alegres. La música en vivo, totalmente improvisada, sonaba al presente; a eso que muchos llamarían “Indie”, aunque solo era rock and roll, pero les gustaba.

La base rítmica era sumamente sencilla: dominada por el bajo y la batería. La guitarra solo seguía el ritmo de ambos, brindando un fraseo monótono, con un tono que rozaba lo alegre y melancólico, retratando perfectamente el momento que acontecía.

La canción podía escucharse entre una multitud o en soledad. En pareja, durante el ejercicio; de día, o de noche, en la realidad o en el sueño. Aún hoy, sigue sonando y transitando esa delgada línea entre lo tangible y la imaginación del subconsciente.

Todos se sintieron participes de esa pieza que se creaba a partir de ese hermoso momento. Fue entonces cuando una de las mujeres más hermosas y codiciadas preguntó:

– ¿Y esa canción? ¿Cómo se llama?

Los músicos no supieron cómo responderle, solo seguían entregados al momento de la ejecución con química perfecta.

– Es nueva, improvisada. Fruto del momento que está pasando ahora

– Le respondió una de las chicas de la generación de relevo que ahí se encontraba-

La hermosa mujer volvió a preguntar:

– ¿Pero saben cómo se llama? ¿O es solo un tema que morirá en el jamming?

– ¡Clarissa! ¡Llámenla Clarissa! -Gritó Han desde el medio de la sala, dejando escapar una carcajada-

Los músicos asintieron y la verdad es que todos los presentes se mostraron de acuerdo.

– ¿Y quién es Clarissa? -preguntó alguien-

Han respondió con su humor y carisma acostumbrados:

– La verdad no tengo ni puta idea, pero suena como un buen título para una canción ¿O no?

Los miembros de la gran celebración por el reencuentro, luego de pensarlo por unos segundos, rompieron en carcajadas, dando aprobación a otra de las delirantes genialidades de Han.

La música siguió hasta desvanecerse, tal como los rostros, las risas y esa inigualable plenitud y alegría. Entonces, de pronto, sonó la alarma del despertador, dejando la sensación de haber estado; pero que nada realmente sucedió.

 ***

Clarissa es el nombre de una canción que habla de desesperación. Fue una grabación en casa de amistades que jamás volvieron a verse: soledad, un momento muy bajo en la vida, pero que recuerden la alegría que quizás produzcan los reencuentros entre una generación que se perdió totalmente.

Un grupo que tuvo sueños, promesas, pero que se distanció. Ahora todos viven lejos. Ahora, todos sufren el castigo. Son grandes, todos y todas.

Esa alegría y pasión de juventud solo pueden verse en la oscuridad de la madrugada, donde todos siguen jugando, ahí, donde los platitos son verdes y la comida es escarlata.

Duele lavar esas piezas de cocina. Las manos están dormidas y el frío las carcome, las corroe, las gangrena, las hincha.

Esa Generación X, insegura, que fue cagada por sus viejos, por las religiones y los desalmados gobiernos.

Cagados y mil veces cagados sin piedad por la confusión, el miedo y los comunistas asesinos, que acompañaban a capitalistas genocidas y esclavistas.

Unos militaban con la diestra en alto, otros, con la siniestra. Hoy, dos exactas gotas de la misma tormenta.

Esa gente fue a la fiesta de Han. Aunque nunca existió tal celebración; muchos de los que ahí estaban pertenecían a un bando, u otro.

Algunos lo asumían con orgullo; otros, lo eran por conveniencia y muchos más, eran conscientes. Otro gran grupo lo era de forma inconsciente.

Generación separada, sufrida y autoflagelada. La antigua torre con vista panorámica aún debe permanecer en pie, tan sola y abandonada como siempre, como prueba de una época y sus fantasmas.

 FIN

 

(c) Edwing Salas 22/07/16