#Cuentube5 «Una historia distópico futurista latinoamericana»

 El mensaje que estamos emitiendo en este momento, a través de la técnica del video blogging, no es por esnobismo ante lo antiguo, ¿O sí? Puede que haya algo de cierto en eso, pero también es, en gran parte, porque queremos honrar la memoria de nuestros antepasados y perdonar definitivamente sus errores.

Es importante que sepan que, transmitiendo en este formato, se puede burlar a los Algobots buscadores de contenido subversivo de las Sensoredes y así, ganar tiempo.

Hace años se habla de que no hay códigos. Crecí escuchando esa letanía pesimista de mi abuelo Laslo, quién pasó sus últimos años quejándose; condición típica de los seres humanos al dejar atrás nuestros mejores tiempos.

A los 20 años se jactaba de ser uno de los más geniales, era partícipe activo de los cambios que ya estaban en marcha. Su generación fue considerada, en aquel entonces, un paradigma de transformación de la sociedad.

Él y sus congéneres eran conocidos como Millenials: se describían altamente colaborativos, comprometidos con la conservación del planeta, tecnológicamente superiores, alejados del materialismo y con grandes ideas para reinventar la forma de ver el mundo. Pero, como todo en esta vida, muy pocas cosas resultan como realmente deberían ser.

El implacable tiempo hizo lo suyo: se llevó la energía, sueños, y la autoimagen que tenían. Los códigos algorítmicos les mostraron a sus principales cultores, que nadie era imprescindible.

Cuando sus venerados Algobots determinaron que ya no tenían edad para trabajar en creatividad corporativa, fue la señal inequívoca de que los códigos dominantes son impersonalmente justos y precisos. Para Laslo fue un duro golpe. Nunca se había ocupado en acumular suficientes méritos crediticios de retiro para su Caja de Financiamiento Social de Desempleo.  Sistema creado, paradójicamente, cuando los millenials eran la novedad. Nunca se pensó que iban a necesitarlo.

Laslo murió hace 3 años. Lo extraño. Sin embargo, él deseaba ese destino tan fervientemente que, a la edad de 60 años lo encontró.  Una locura, lo sé.  De haber tenido paciencia, hoy podría optar al plan Tercera Juventud. Siempre y cuando, por supuesto, los algobots bancarios les comuniquen a sus pares de Genética y Salud, incluirte en la lista de regeneración celular.

Sé lo que están pensando, pero tampoco es así. El suicidio nunca fue una opción para él – en verdad, no lo es para nadie- así que, como buen hombre de su época, desarrolló el Síndrome del Quemado. Como carecía de óptimas métricas financieras para ser tomado en cuenta por nuestro sistema de salud, nunca pudo deshacerse de él.

Un rápido infarto matutino lo dejo mostrando el universo en sus ojos. Por fin descansó.

Para quienes asumen como un invento el que la gente se siga muriendo hoy día por causa de los infartos, les invito a que se armen de valor y vayan a la zona más pobre de la ciudad: la villa de Puerto Madero. Ahí verán una problemática bastante fuerte.

Esto es una realidad que aún existe y ha sido invisibilizada por el Sistema de Omnivigilancia Mundial. ¡No se dejen engañar! ¡Abran los ojos!

Al abuelo le consolaba saber que una vez muerto, seria procesado como compost por el gobierno inteligente, para mantener los árboles cantarines a lo largo de toda la avenida Malena Pichot. No deseaba un funeral como el de sus antepasados.

Tenía la única certeza de que hoy nada se pierde y todo se reutiliza, gracias a los esfuerzos de su generación por tener un gesto de agradecimiento con La Pachamama. Una pequeña victoria que lo hacía sentir orgulloso.

Ese mismo orgullo sentirá nuestra generación cuando llevemos a cabo la Operación Zamiatin, porque sé que es la única manera de tener una sociedad más justa y libre de las Clonosustituciones impulsadas desde el perverso S.O.M.

Laslo creía tener un sueño. En su honor, lograremos el objetivo que nos hemos planteado:  equilibrar el orden mundial.

He sido claro y breve. Agradezco el esfuerzo de quienes han logrado descifrar este mensaje en castellano.

No pretendo timar a nadie sobre mis orígenes y el índice de productividad genealógico, factores tan definitorios en la sociedad que me ha tocado vivir.  Por eso mismo, porque creo en la dignidad inherente al ser humano, más allá de lo que determine un cómputo, les pido que confíen en mi para acabar de una vez por todas con esta dañina brecha entre “Neomandarínes” y “Obsolentales”.

¡Abajo el genocida imperio Mandarín! ¡Viva la Argentina! ¡Viva Latinoamérica Unida!

Way Chang Castronelli.

Argentina, 02 de febrero de 2068.

 FIN

(c) Edwing Salas

Cronos el sastre

Cuento

Un ser que diseña ropa basada en el tiempo de vida en la tierra

Cada traje es elaborado con precisión. La cinta numerada se estira para medir altura. Las talentosas manos que la sostienen ahora la colocan horizontalmente, para determinar el ancho.

Cronos el sastre, es el magno artesano de los telares, sabe cuál es la vestimenta correcta en cada ocasión. El genio de la creación que confecciona pantalones, vestidos, sacos, sombreros, bufandas, calzas, trajes de baño, remeras, vaqueros, medias y todo lo que se ha de vestir, en todo momento…siempre.

Primero empieza con lindos conjuntos para los pequeñines recién llegados a la Sastrería Existencia. La luz viste con emoción, se inician los primeros pasos, vistiendo atuendos de inocente fulgor.

Luego, a partir de los 9 años, los diseños se tornan modernos, menos inocentes y más transgresores; vanguardias en busca de una identidad. Los colores y motivos visuales de las prendas imponen la moda del periodo que se transita.

Es el momento para destacar, para transmitir las causas justas y las ilusiones que mueven a quienes portan estas vestimentas que adornan la primavera poderosa e inmortal de la juventud. El despertar a las luces y oscuridades más brillantes.

No existe formalidad e informalidad que no atine en sus cortes de líneas tan variadas, como las formas que muestran las nubes. Lo casual, lo moderno, lo ceremonial, lo excelso y lo kitsch se conjugan coreográficamente.

No hay imposibles para este hacedor de apariencias que trabaja sin detenerse, en compañía de sus herramientas.

A los clientes de 20 a 35 años les proporciona prendas exquisitamente planchadas. Vienen momentos de formalidad: graduación, citas, trámites, matrimonios.  Se emplean las medidas obtenidas, para vestir con dignidad de victoria, toda meta elegante y seria que hay que cumplir en la joven adultez.

Para los que tienen de 35 a 50 años la Sastrería Existencia brinda una línea totalmente distinguida y elegante, siempre y cuando, el interesado sea oportuno poseedor de las cualidades propias que el periodo requiere: solvencia económica, trabajo bien remunerado, familia constituida, propiedades en su haber, herramientas tecnológicas de última generación, merecido derecho a vacacionar, un buen seguro médico y otros servicios.

Esta indumentaria está reservada para aquellos que hayan cumplido con los objetivos primordiales de la biología.  Sin embargo, Cronos no discrimina a nadie, ni por raza, ni nacionalidad, ni mucho menos, el estrato social.

Parece haber una contradicción, a simple vista, pudiera ser que esa es la manera como se inspira, pero este hacedor de apariencias no juzga, solo toma en cuenta patrones fácticos para realizar medidas y utilizar las telas adecuadas en sus creaciones personalizadas.

Para quienes no logran vestir a nivel de los económicamente solventes, el genio de los patrones y costuras, ofrece indumentaria con oportunas combinaciones de sensación de fracaso, elegante y duramente anudada al cuello, un saco de escasez, pantalón gris plomo y zapatos, un tanto apretados y de forma desesperanzada.

Cabe destacar que estas piezas son las que más se producen, ya que hay una gran demanda de las mismas, muy a pesar de que sus poseedores, quizás, aspiren a vestirse con algo más que esperanza y pintarse la cara con ese mismo desconocido color.

La realidad es que nadie queda sin prendas. Cada una trae nuevos accesorios como, por ejemplo, arrugas. No son evidencia del descuido o desprolijidad, por el contrario, en los trajes de la gente con cuarenta años o más, se hacen visibles como sello indiscutible del estatus alcanzado vistiendo los trajes del prolífico creador. En adelante, nunca desaparecerán, se harán parte de la colección de esa temporada.

Las piezas que adornan la cabeza también pasan de color amarillo, negro, marrón, rojo, a tener una tonalidad gris, para luego alcanzar un blanco inmaculado.

Esas particulares formas y texturas, pasan a ser flequillos, delicados y ligeros, cual plumas. En muchos casos, hay quienes pierden el telar encima de sus cráneos.

Aunque hay accesorios para remplazar tal carencia, la esencia natural se diluye totalmente, pero nunca, nada es bueno o malo para Cronos, solo es. Su obra evoluciona y los espejos de la sastrería están para dar noticia de su constante e indetenible trabajo.

Esa mayoría que lleva cada conjunto con la sensación de que lo bueno ya pasó, se rebela porque no han podido alcanzar la distinción y elegancia del logro de los objetivos primordiales.

Llevar a cuestas el oneroso gris plomo de los planes no cumplidos y las decisiones que no condujeron a la colección de ropa merecida, no es algo que interese al creador de talles justos para cada ocasión.

Lo que todos reconocen al recibir servicios en la Sastrería Existencia, es que Cronos no se enferma, no vacaciona, no se toma un café, ni una copa de vino. Le gusta fluir como agua.

Evidencia de su pasión por la producción en volumen de la perfección. Concepto aún más abstracto que el que posee el común denominador sobre esta palabra.

Es por ello que, entre los 50 y 80 años, empieza el periodo de confección de las prendas de La Partida o El Temido Viajes.

En esta fase de consagración de la obra del sastre, cada uno de sus modelos se identifica por una paleta de colores que describen: plenitud, miedo, ansiedad, angustia, tristeza, soledad, senilidad, desolación.

No todos alcanzan a vestir esa colección, ya que accidentes, enfermedades, homicidios, guerras, hambrunas y suicidios obligan a vestir, a veces, prematuramente, el Traje de Polvo Universal.

Igualmente, para todos los casos, una vez que se sale de La Sastrería Existencia y Cronos deja de ser tu modisto, empieza La Desnudez Transparente. Ese estado en el que el Traje de Polvo Universal es la piel primeriza, pero luego surge el despojo de todo lo que se conoce o se pretende conocer. Sensación recurrente de la cuadratura en los curvilíneos cerebros.

– ¿Para quién trabajás realmente? –preguntó alguien una vez-

Una voz paciente y profunda, cálida y sabia, voló en el aire y dejó sonar esta respuesta como canto ceremonial:

–  Todos saben que soy un creador, no un empleado. No tengo relación de dependencia con nadie. Jamás había sido interrogado ¿Quién sos?

El silencio cubrió todo. Finalmente, una misteriosa afirmación recorrió el espacio de la sastrería sin que Cronos pudiese identificar algo:

–  Creativo, emprendedor, artista. Procurás tus propios recursos. No descansás. Pero finalmente, lo que hacés es producción industrial, lineal y monótona. De principio a fin.

– Esa es mi función. Soy quien otorga esa cualidad, así que no estás diciendo nada nuevo sobre mí.

– Dices tener una función, por lo tanto, sirves a un superior.

– No me interesa saberlo, da lo mismo.

En ese momento Cronos se dio cuenta que hablaba frente al espejo de su vasto taller y contempló su propia desnudez. El cristal refractario era quien interrogaba. Ese vidrio pulido y sus reflejos era conocido de muchas maneras y se interpretaba de muchas formas, sus bordes pulidos tenían la siguiente inscripción: “Sastrería Existencia, espacio de trabajo”.

 FIN

© Edwing Salas

 10/11/17

El día cuando todo pareció un comercial de cerveza

A esta conclusión llegó Julio, cuando reflexionó sobre lo que había vivido. Su carcajada estalla al recordarlo, porque se sintió como en esos comerciales de televisión, donde un personaje común vive una aventura que involucra lindas chicas y descontrol en un gran festival de música.

Esto fue lo que ocurrió ese día.

Julio jamás imaginó que podría ver a su héroe de juventud Iggy Pop, pero ahí estaba; entre miles de personas que habían acudido al primer día del Festival BUE. 

Había ido con su socio de podcasts y borracheras, Leopoldo. Él decidió ver la presentación del legendario artista desde lejos, donde no había tanta gente que pudiera perturbar su aura misantrópica y ermitaña.

El show de Él Mató a un Policía Motorizado fue un inicio poético. Transportaron al público a través de ese sonido melancólico que nos hizo cautivos, llenos de comodidad.

La atmósfera única, creada por estos hijos prodigios de la ciudad de La Plata, acompañaría las sesiones de concentración frente a la notebook de Julio durante los años posteriores.  

En el interludio aprovecharon para descargar las aguas corporales y ver las remeras oficiales de los artistas que se presentaban. Todo muy lindo, pero Doña Inflación tiene un hambre voraz por estos días. 

Julio y Leopoldo sacaron sus billeteras, solo para proveerse de la cerveza patrocinadora del evento. No era que el precio de las latas verdes fuera económico, sino que octubre tentaba al paladar.

Al volver al campo, Leopoldo retomó su lugar cerca de donde transmitían los medios que cubrían el evento. Por su parte, Julio buscó el centro para no perderse ni un detalle de lo que vendría.

The Libertines apareció desatando su celebración llena de guitarras rasgadas y batería potente. Carl Barat y compañía volvían a las andadas, luego de un pronunciado paréntesis de la banda.

Era su primer recital en Buenos Aires, por eso, alucinaron ante la respuesta del apasionado público argentino. Su repertorio fiestero era tocado con maestría, potencia y mucha buena onda. La gente enloqueció. 

Julio disfrutaba al máximo, a pesar de estar comprimido en una masa de desconocidos. Esa era la parte desagradable de ir a eventos multitudinarios. También poseía una naturaleza agorafóbica, misantrópica y ermitaña.

Además, el peligro rondaba: una linda chica de diecinueve años que estaba delante de él, restregaba toda la espalda contra su parte frontal. Estaba tan cerca que su dulce olor lo esclavizaba. Deseaba respirarla hasta la última parcela de piel.

A ella le daba igual, no le interesaba para nada, solo se dejaba llevar por los temas fiesteros del cuarteto inglés. No se insinuaba.

Además, había un pequeño detalle: su padre la acompañaba.

Julio se veía obligado a mantenerse inmóvil y con la vista al frente, tratando de ignorar todo, para evitar que cualquier reacción natural de su parte se prestara a una mala interpretación de la situación.

Lo mejor era seguir haciéndose “el gil” hasta que la banda terminara y la masa de personas lograra descomprimirse.

The Libertines se despidieron con la promesa de volver; de hecho, se quedaron unos días más, vagando por la ciudad, según dijeron fuentes oficiales y extraoficiales del chimento rockero.

La pausa antes del evento principal fue aprovechada para buscar a Leopoldo, pero fue imposible encontrarlo. En menos de una hora se duplicó el número de gente y él ya no estaba en su lugar habitual. La infructuosa búsqueda le dio sed a Julio.

Doña Inflación se había salido con la suya: solo quedaba para comprar una lata verde. Lo demás debía ser destinado al transporte de regreso a la ciudad. La cerveza fue guardada con celo. Julio planeaba beberla cuando empezara el show de Iggy.

Se situó en medio del campo, a veinte metros del escenario, para poder ver y escuchar sin perderse de nada.

La noche era clara y con el clima de primavera a pleno. La luna, invitada especial, mostraba su cara y sonrisa brillante. Había escuchado cada melodía que despegaba desde el escenario.

Julio reparó en la solitaria mujer que tenía al lado hace aproximadamente 15 minutos. Ella le sonrió en aprobación de la circunstancia que los unía: juntos presenciarían el show de su héroe milenario.

Él le devolvió la sonrisa, consintiendo la simbiosis temporal entre ambos. Era atractiva, silenciosa y no se había apartado, como hubiese hecho cualquier otra. Se harían compañía para ver el show y quizás, luego intercambiarían opiniones, sonrisas y seguramente corearían sus temas preferidos.

Las luces se apagaban, los gritos llenaban el ambiente. Julio saca la lata de cerveza y se prepara para abrirla. El show está a punto de empezar. La chica lo mira con ojos invadidos de gracia ante su pose ceremonial. 

Ambos ríen con complicidad. Se le infla el pecho. La eternidad baña de oro esos cinco segundos. Los músicos salen. La gente enloquece. Suena el primer acorde de “I wanna be your dog”.

Iggy Pop aparece saltando. Julio abre la lata, una turba de fanáticos choca contra él, arrastrándolo en dirección al escenario.

La cerveza se le derrama encima. Julio cae, lo patean, le pasan por encima, lo revolean de un lado a otro. Pierde sus gafas, su miedo aumenta; intenta recuperarlas. Lo logra, pero sigue en el piso, temiendo lo peor.

Una mano aparece y se aferra a ella hasta ponerse en pie.No logra ver de quién es la mano salvadora. Seguramente es la mano de Dios, o de algún ángel. En ese instante, poco importa. La prioridad es escapar del gigantesco y violento pogo, antes de que sea tarde.

Huye a contracorriente hasta quedar a 60 metros del escenario, inmerso en un mar de saltos, gritos y empujones. La fiesta está en plena ebullición. Julio, con la lata triturada en la mano, empapado de cerveza y con el sentido de orientación puesto en la música, decide olvidarse de todo lo innecesario y se deja llevar por la ola impulsada desde la alucinante metralla de éxitos de Iggy y su increíble banda.

Recordar esa imborrable noche siempre le provoca una risa espontánea y sola; como la de muchos locos.

                                        FIN

(c) Edwing Salas

10/05//17

#Cuentube2 «Clarissa»

Clarissa fue el nombre de la canción que surgió esa noche de reencuentro entre amigos. Luego de años, kilómetros, estatus, y decisiones de distancia. Cada uno desempolvó su instrumento y empezó a afinar.

Los abrazos y sonrisas brotaron como fuentes interminables de cariño, por verse nuevamente, pero ahora, con las caras y cuerpos reflejando mapas que ya marcaban las amplias rutas de la existencia.

Pintores y sus obras vanguardistas, poetas, escultores, creadores de imágenes; todos llegaron a casa de Han, el único que se había quedado en esa tierra arrasada por la mala fortuna. Él prefirió conservar su modesto principado, antes que ser siervo de reyes con armaduras.

Han prometió esperarlos a todos. Enfrentaba la vasta soledad del espacio componiendo discos en su pequeña y acogedora habitación. Producía melodías y probaba las mieles de la ausencia, sabiendo que estas, quizás, algún día, por fin, se acabarían.

Amigas, amantes, esposas, novias, exparejas y cazadoras; todo un crisol femenino iluminaba cada rincón de la épica y añorada reunión. Cual universitarias, en sus tiempos, en la pista de despegue hacia el mundo real.

Un paraíso de creaciones regocijaba las almas, mientras, la bebida y la comida escarlata, servida en platitos verdes, deleitaba el paladar. Se sentía la brisa tibia de la costa cercana y la antigua torre con vista panorámica aún permanecía en pie. Tan sola y abandonada como siempre, como prueba de una época y sus fantasmas.

Todos se sintieron de nuevo como en los primeros ensayos del vivir, donde se puede creer en ser una deidad inmortal. El anfitrión no paraba de abrazar y brindar cariño y respeto a sus amigos pródigos.

Su risa era la misma de siempre, su vitalidad y comicidad eran, igualmente, las de siempre. El Pullover rosa que vestía significaba la carta blanca que siempre tuvo entre su camarilla, para ser delirantemente genial.

Todos habían llegado, nadie había faltado, ni siquiera, los más desquiciados. La noche era eterna y nada más importaba.

No solo estaban los vinos añejos, también, nuevos personajes; admiradores y futuros imitadores pululaban de aquí para allá… dejando esencia de vida nueva en cada sonrisa, cada pregunta, cada baile y cada contemplación. Esa nueva generación que ya estaba en camino hacia lo desconocido que ya todos saben.

La belleza era el líquido que saciaba la sed. Jamás se habían visto tantas demostraciones de fraternidad desplegadas y tanta variedad de rostros alegres. La música en vivo, totalmente improvisada, sonaba al presente; a eso que muchos llamarían «Indie», aunque solo era rock and roll, pero les gustaba.

La base rítmica era sumamente sencilla: dominada por el bajo y la batería. La guitarra solo seguía el ritmo de ambos, brindando un fraseo monótono, con un tono que rozaba lo alegre y melancólico, retratando perfectamente el momento que acontecía.

La canción podía escucharse entre una multitud o en soledad. En pareja, durante el ejercicio; de día, o de noche, en la realidad o en el sueño. Aún hoy, sigue sonando y transitando esa delgada línea entre lo tangible y la imaginación del subconsciente.

Todos se sintieron participes de esa pieza que se creaba a partir de ese hermoso momento. Fue entonces cuando una de las mujeres más hermosas y codiciadas preguntó:

– ¿Y esa canción? ¿Cómo se llama?

Los músicos no supieron cómo responderle, solo seguían entregados al momento de la ejecución con química perfecta.

– Es nueva, improvisada. Fruto del momento que está pasando ahora

– Le respondió una de las chicas de la generación de relevo que ahí se encontraba-

La hermosa mujer volvió a preguntar:

– ¿Pero saben cómo se llama? ¿O es solo un tema que morirá en el jamming?

– ¡Clarissa! ¡Llámenla Clarissa! -Gritó Han desde el medio de la sala, dejando escapar una carcajada-

Los músicos asintieron y la verdad es que todos los presentes se mostraron de acuerdo.

– ¿Y quién es Clarissa? -preguntó alguien-

Han respondió con su humor y carisma acostumbrados:

– La verdad no tengo ni puta idea, pero suena como un buen título para una canción ¿O no?

Los miembros de la gran celebración por el reencuentro, luego de pensarlo por unos segundos, rompieron en carcajadas, dando aprobación a otra de las delirantes genialidades de Han.

La música siguió hasta desvanecerse, tal como los rostros, las risas y esa inigualable plenitud y alegría. Entonces, de pronto, sonó la alarma del despertador, dejando la sensación de haber estado; pero que nada realmente sucedió.

 ***

Clarissa es el nombre de una canción que habla de desesperación. Fue una grabación en casa de amistades que jamás volvieron a verse: soledad, un momento muy bajo en la vida, pero que recuerden la alegría que quizás produzcan los reencuentros entre una generación que se perdió totalmente.

Un grupo que tuvo sueños, promesas, pero que se distanció. Ahora todos viven lejos. Ahora, todos sufren el castigo. Son grandes, todos y todas.

Esa alegría y pasión de juventud solo pueden verse en la oscuridad de la madrugada, donde todos siguen jugando, ahí, donde los platitos son verdes y la comida es escarlata.

Duele lavar esas piezas de cocina. Las manos están dormidas y el frío las carcome, las corroe, las gangrena, las hincha.

Esa Generación X, insegura, que fue cagada por sus viejos, por las religiones y los desalmados gobiernos.

Cagados y mil veces cagados sin piedad por la confusión, el miedo y los comunistas asesinos, que acompañaban a capitalistas genocidas y esclavistas.

Unos militaban con la diestra en alto, otros, con la siniestra. Hoy, dos exactas gotas de la misma tormenta.

Esa gente fue a la fiesta de Han. Aunque nunca existió tal celebración; muchos de los que ahí estaban pertenecían a un bando, u otro.

Algunos lo asumían con orgullo; otros, lo eran por conveniencia y muchos más, eran conscientes. Otro gran grupo lo era de forma inconsciente.

Generación separada, sufrida y autoflagelada. La antigua torre con vista panorámica aún debe permanecer en pie, tan sola y abandonada como siempre, como prueba de una época y sus fantasmas.

 FIN

(c) Edwing Salas 22/07/16

#Cuentube1 «Riorda»

«Vuelo como una mariposa pero pico como una abeja»


                                                                Muhammad Ali

********

Las manos de un boxeador de peso pesado es imposible que quepan en guantes de seda de primera comunión, sin embargo, este es otro episodio de desvarío en la mente de Riorda, el quinto en menos de treinta días.

En pleno ascenso en el ranking mundial, el cerebro y todo su sistema nervioso empiezan a pasarle factura. Él tenía claro que esto le sucedería, pero quizás, más tarde, cuando ya hubiese ganado unos cuantos millones que le aseguraran un retiro digno y una agonía decente.

Cuando las consecuencias del modus vivendi de una persona se presentan de forma tan inoportuna, el conteo de protección se acelera, la cercanía al número nueve es aún más rápida e implacable; y si no hay como ponerse de pie, la campana entra con su vibración mortuoria, sellando el destino de la pelea.

Hay que moverse con rapidez para esquivar cada golpe y poder pegar de primero. En el cuadrilátero no se piensa, se es movido por el instinto. La vista, el oído, el sentido de orientación y supervivencia son un latido unísono. El adversario tiene mil caras y nombres, con sus sinónimos, pero siempre es el mismo: caída, revés, derrota, Hades, Averno, Seol.

Una caída no es el knock out definitivo, si logras levantarte en menos de tres segundos. Resucitar al tercer día luego de un golpe es la humillación total. Por eso, si hay que retornar, debe hacerse al tercer segundo, si no, quédate horizontal, viendo las luces del techo y los relámpagos de las cámaras.  Acepta los millones de la pérdida e inicia tu carrera como payaso de lucha libre.

Los restos de seda blanca apenas cubren las manos vendadas, hinchadas y obreras. La derecha es la que más sufre, está muy abultada, duerme, al igual que todo el brazo. «No son estos los guantes. Son aquellos, los azules y grandes”. A pesar ese momentáneo brote de conciencia, Riorda sigue de pie frente al espejo, en corto circuito. Trata de entender ese reflejo anacrónico que contempla.

Hay abejas dentro de su cabeza. Asesinas africanas que emergen en los momentos más decisivos. Introducen sus aguijones venenosos en trofeos y victorias, para dejarlos convertidos en relojes rotos. Las mariposas en el estómago han perdido las alas y ahora son ratas.

«El dolor sólo existe en la mente». Otro pequeño brote de conciencia y entrenamiento lo hacen volver en sí. «¡Ling!»  «¡Ling!» «¡Ling!» …la campana irrumpe, mortuoria.

El adversario tiene mil caras y nombres, con sus sinónimos, pero siempre es el mismo: caída, revés, derrota, Hades, Averno, Seol.

Las manos de un boxeador de peso pesado es imposible que quepan en guantes de seda de primera comunión, son demasiado hinchadas y obreras, pero eso no le impedirá a Riorda seguir batallando hasta el último aliento. Todos caen, pero no todos han podido levantarse. En este encuentro decisivo él no se permitirá resucitar al tercer día.

FIN

 (c) Edwing Salas 18/09/16

 



                                                               

#Poetube 1 «Lo de siempre»

Un detalle…

así mismo

imperceptible

 

Como alientos que se van

dejando envolturas de piel

ya obsoletas, inservibles

 

Ese pequeño detalle

sos vos

 

Servicial,

trabajando tu figura

dejando florecer

el fuego sobre tu cráneo

 

De andar demasiado «alfa»

pero demostrando una dentadura conciliadora

buscando cumplir

cada petición

 

Un extraño oasis

al que aún no llego

 

Y quizás,

nunca lo haga

 

Porque en este desierto

espejismos es lo que sobran.

 

(c) Edwing Salas 

30/06/16