
Un ser que diseña ropa basada en el tiempo de vida en la tierra
Cada traje es elaborado con precisión. La cinta numerada se estira para medir altura. Las talentosas manos que la sostienen ahora la colocan horizontalmente, para determinar el ancho.
Cronos el sastre, es el magno artesano de los telares, sabe cuál es la vestimenta correcta en cada ocasión. El genio de la creación que confecciona pantalones, vestidos, sacos, sombreros, bufandas, calzas, trajes de baño, remeras, vaqueros, medias y todo lo que se ha de vestir, en todo momento…siempre.
Primero empieza con lindos conjuntos para los pequeñines recién llegados a la Sastrería Existencia. La luz viste con emoción, se inician los primeros pasos, vistiendo atuendos de inocente fulgor.
Luego, a partir de los 9 años, los diseños se tornan modernos, menos inocentes y más transgresores; vanguardias en busca de una identidad. Los colores y motivos visuales de las prendas imponen la moda del periodo que se transita.
Es el momento para destacar, para transmitir las causas justas y las ilusiones que mueven a quienes portan estas vestimentas que adornan la primavera poderosa e inmortal de la juventud. El despertar a las luces y oscuridades más brillantes.
No existe formalidad e informalidad que no atine en sus cortes de líneas tan variadas, como las formas que muestran las nubes. Lo casual, lo moderno, lo ceremonial, lo excelso y lo kitsch se conjugan coreográficamente.
No hay imposibles para este hacedor de apariencias que trabaja sin detenerse, en compañía de sus herramientas.
A los clientes de 20 a 35 años les proporciona prendas exquisitamente planchadas. Vienen momentos de formalidad: graduación, citas, trámites, matrimonios. Se emplean las medidas obtenidas, para vestir con dignidad de victoria, toda meta elegante y seria que hay que cumplir en la joven adultez.
Para los que tienen de 35 a 50 años la Sastrería Existencia brinda una línea totalmente distinguida y elegante, siempre y cuando, el interesado sea oportuno poseedor de las cualidades propias que el periodo requiere: solvencia económica, trabajo bien remunerado, familia constituida, propiedades en su haber, herramientas tecnológicas de última generación, merecido derecho a vacacionar, un buen seguro médico y otros servicios.
Esta indumentaria está reservada para aquellos que hayan cumplido con los objetivos primordiales de la biología. Sin embargo, Cronos no discrimina a nadie, ni por raza, ni nacionalidad, ni mucho menos, el estrato social.
Parece haber una contradicción, a simple vista, pudiera ser que esa es la manera como se inspira, pero este hacedor de apariencias no juzga, solo toma en cuenta patrones fácticos para realizar medidas y utilizar las telas adecuadas en sus creaciones personalizadas.
Para quienes no logran vestir a nivel de los económicamente solventes, el genio de los patrones y costuras, ofrece indumentaria con oportunas combinaciones de sensación de fracaso, elegante y duramente anudada al cuello, un saco de escasez, pantalón gris plomo y zapatos, un tanto apretados y de forma desesperanzada.
Cabe destacar que estas piezas son las que más se producen, ya que hay una gran demanda de las mismas, muy a pesar de que sus poseedores, quizás, aspiren a vestirse con algo más que esperanza y pintarse la cara con ese mismo desconocido color.
La realidad es que nadie queda sin prendas. Cada una trae nuevos accesorios como, por ejemplo, arrugas. No son evidencia del descuido o desprolijidad, por el contrario, en los trajes de la gente con cuarenta años o más, se hacen visibles como sello indiscutible del estatus alcanzado vistiendo los trajes del prolífico creador. En adelante, nunca desaparecerán, se harán parte de la colección de esa temporada.
Las piezas que adornan la cabeza también pasan de color amarillo, negro, marrón, rojo, a tener una tonalidad gris, para luego alcanzar un blanco inmaculado.
Esas particulares formas y texturas, pasan a ser flequillos, delicados y ligeros, cual plumas. En muchos casos, hay quienes pierden el telar encima de sus cráneos.
Aunque hay accesorios para remplazar tal carencia, la esencia natural se diluye totalmente, pero nunca, nada es bueno o malo para Cronos, solo es. Su obra evoluciona y los espejos de la sastrería están para dar noticia de su constante e indetenible trabajo.
Esa mayoría que lleva cada conjunto con la sensación de que lo bueno ya pasó, se rebela porque no han podido alcanzar la distinción y elegancia del logro de los objetivos primordiales.
Llevar a cuestas el oneroso gris plomo de los planes no cumplidos y las decisiones que no condujeron a la colección de ropa merecida, no es algo que interese al creador de talles justos para cada ocasión.
Lo que todos reconocen al recibir servicios en la Sastrería Existencia, es que Cronos no se enferma, no vacaciona, no se toma un café, ni una copa de vino. Le gusta fluir como agua.
Evidencia de su pasión por la producción en volumen de la perfección. Concepto aún más abstracto que el que posee el común denominador sobre esta palabra.
Es por ello que, entre los 50 y 80 años, empieza el periodo de confección de las prendas de La Partida o El Temido Viajes.
En esta fase de consagración de la obra del sastre, cada uno de sus modelos se identifica por una paleta de colores que describen: plenitud, miedo, ansiedad, angustia, tristeza, soledad, senilidad, desolación.
No todos alcanzan a vestir esa colección, ya que accidentes, enfermedades, homicidios, guerras, hambrunas y suicidios obligan a vestir, a veces, prematuramente, el Traje de Polvo Universal.
Igualmente, para todos los casos, una vez que se sale de La Sastrería Existencia y Cronos deja de ser tu modisto, empieza La Desnudez Transparente. Ese estado en el que el Traje de Polvo Universal es la piel primeriza, pero luego surge el despojo de todo lo que se conoce o se pretende conocer. Sensación recurrente de la cuadratura en los curvilíneos cerebros.
– ¿Para quién trabajás realmente? –preguntó alguien una vez-
Una voz paciente y profunda, cálida y sabia, voló en el aire y dejó sonar esta respuesta como canto ceremonial:
– Todos saben que soy un creador, no un empleado. No tengo relación de dependencia con nadie. Jamás había sido interrogado ¿Quién sos?
El silencio cubrió todo. Finalmente, una misteriosa afirmación recorrió el espacio de la sastrería sin que Cronos pudiese identificar algo:
– Creativo, emprendedor, artista. Procurás tus propios recursos. No descansás. Pero finalmente, lo que hacés es producción industrial, lineal y monótona. De principio a fin.
– Esa es mi función. Soy quien otorga esa cualidad, así que no estás diciendo nada nuevo sobre mí.
– Dices tener una función, por lo tanto, sirves a un superior.
– No me interesa saberlo, da lo mismo.
En ese momento Cronos se dio cuenta que hablaba frente al espejo de su vasto taller y contempló su propia desnudez. El cristal refractario era quien interrogaba. Ese vidrio pulido y sus reflejos era conocido de muchas maneras y se interpretaba de muchas formas, sus bordes pulidos tenían la siguiente inscripción: “Sastrería Existencia, espacio de trabajo”.
FIN
© Edwing Salas
10/11/17
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