La Notte

La noche

La noche refugia pasos relajados que van al confortable cuchitril

La noche es peligrosa, sorpresiva y estimulante

La noche es la falta de luz…de cada vida

La noche ilumina todo aquello que no se ve en el día

La noche me invita de nuevo a cabalgarla

Tengo que hacerlo porque atravieso un desierto

Desconozco su extensión

O el tiempo que se llevará

Cruzar o claudicar

La noche es espejo para los miserables

Más que para los venerables

La noche es incansable

Es en lo que termina cada ocaso

Me vuelvo a fusionar con ella

Sin la certeza de poder ver otro amanecer

Así lo dice la mano,

La que en la existencia ha tocado

Sin embargo, ya es más fácil el hartazgo

Aunque solo aúlle desde adentro

La noche es más condescendiente con la juventud

El deseo y la suerte

La rima siguiente es la última que debería ser decente.

(c) Edwing Salas

Locura creativa literaria

Loco por crear

Estar loco no es sano, peor aún, es permanecer en un estado demencial por crear algo todos los días, que, como en mi caso, no se traduce en buscar la cura contra el cáncer o hallar el algoritmo que haga que todo lo que publiques en tus redes se haga viral.

 Más bien, es demencia por querer escribir historias sobre todo aquello que veo, lo que vivo o lo que puedo imaginar en una sabia conversación con grandes amigos.

Desde niño fui programado para sentir vergüenza por alguna inclinación que no fueran los números o las ciencias exactas, porque ciertamente, serían los números los que me sacarían de mi estatus social, no las letras, y es así como, por no hacer caso, es que he vivido como un condenado. Nada que ver con Lestat y esos putos vampiros idealizados ¡Condenado en serio mutherfuckers! Al estilo LATAM.

Porque la realidad es que la creatividad, la escritura, el cine y todas las manifestaciones artísticas están reservadas para un@s cuant@s seleccionad@s del olimpo. Y ahí, es justamente cuando entra en juego rápidamente la medición de la performance, del talento, la disciplina y sobre todo, la separación entre lo bueno que crees que eres y lo bueno que en realidad eres.

Particularmente sé, que no soy de escribir extensas novelas, ni siquiera, novelas cortas o medianas. Soy más bien, de escribir cuentos cortos, relatos, copys, tweets y artículos.

Soy muy ansioso o muy poco adaptable a los procesos largos de creación. Procrastino: veo YouTube, Instagram, Twitter, TikTok, Tumblr, bebo, me masturbo, camino, corro, hago ejercicios, cocino y leo. Me revuelco con libros y tengo orgasmos con los white papers de cualquier informe sobre buenas prácticas en redes sociales.

En cambio, me encanta escribir largometrajes: doscientas, ciento veinte, noventa páginas, no son nada para mí, a la hora de poner personajes en una pantalla, por eso, intento regresar a ello cada vez que puedo, pero igualmente, cuando asumo este proceso, también procrastino: veo YouTube, Instagram, Twitter, TikTok, Tumblr, bebo, me masturbo, camino, corro, hago ejercicios, cocino y leo. Tengo orgasmos con cortometrajes, películas y cualquier libro sobre Hitchcock, Michael Mann, Gordon Parks, Román Chalbaud o Akira Kurosawa.

En este momento estoy escribiendo un nuevo largometraje, claro, dentro del tiempo que tengo; le cambié el nombre: antes se me había ocurrido algo que sonara como «La noche de nuestras vidas», pero ahora, se llama «Criaturas de Buenos Aires». Ese título podría llegar a Cannes, de hecho, es el único festival al cual me gustaría asistir.

Borré a la 363 de mi LinkedIn, porque pasó de ser una luz de esperanza cuando atravesaba los momentos más difíciles como guionista amateur que creaba su primer largometraje comercial, con 26 años, a tener que verla muchos años después como «filmmaker de éxito», viviendo en Barcelona.

Hace mucho tiempo que tampoco escribo poesía. Perdí totalmente el interés por ese amor primario a describir con metáforas todo aquello que pasaba o sentía. Tengo la impresión de que ya es una expresión obsoleta y sin propósito alguno.

No puedo dejar de pensar en el maldito Bukowski, porque siento que nací con ese tipo de estrella con puntas melladas, pero luego reflexiono y digo: «El hijo de puta estaba viejo, pero aun así, lo logró. Claro, nació en Norteamérica. Vivía en Los Ángeles y parece que allá, por muy maldito que sea todo, si alguien cree que tienes talento, vas a lograrlo al final»

Eso es más difícil en la vereda donde uno está, y además, sin certeza de tener siquiera un 1% del talento y la suerte del «Buko».

«Está jodido compadre» – como dirían los mexicanos- pero, ¿Ya qué puedo hacer? Es la que hay. Igualmente, procrastino: veo YouTube, Instagram, Twitter, TikTok, Tumblr, bebo, me masturbo, camino, corro, hago ejercicios, cocino, leo, me revuelco con prostitutas y tengo orgasmos con las otras chicas que veo felices con sus vidas dentro de las redes sociales.

FIN

(c) Edwing Salas

Matar a un perdedor

Parque en Buenos Aires
Matar a un perdedor

¿Matar a un perdedor debería ser una tarea fácil y frecuente? 

Así ha de ser, porque es una especie que abunda con exabrupto en la tierra. Borrar cada pálpito, cada aliento, cada meta, cada esperanza, cada conciencia. 

De hecho, matar a un perdedor ya es una tarea cotidiana. Sucedió, sucede y sucederá por milenios hasta que el último se extinga, para dar origen la perfección del reinado de los ganadores  y su canibalismo incestuoso, que tampoco tardará en exterminarlos a ellos mismos, pero por lo menos son la manada dominante y faltarán siglos antes de que desaparezcan.

Los perdedores y los ganadores van muriendo día a día, salvo que los primeros experimentan más agonía, porque la llevan consigo desde su primer despertar a la realidad y su pesada herencia de circunstancias ruinosas. 

Mueren a diario, de forma natural, ganadores y perdedores, porque se van suicidando a cuentagotas, los primeros, porque  siempre quieren tener un vuelo más alto, nunca será suficiente altura hasta que sus alas son quemadas por el sol, tal y como se describe en la leyenda de Ícaro

Por el contrario, los últimos se van quitando la vida con la miseria o la fatalidad de sus ingenuas aspiraciones, queriendo tener alas con las que no nacieron o peor aún, siendo felices con lo que les tocó, propagándose como polvo en un paisaje árido. 

Ganadores y perdedores también se suicidan de las maneras clásicas, a ambas especies les atormentan las mismas fuerzas oscuras que se activan en su interior, aunque son quienes no ganan los que deciden finalizar el juego al saberse perdidos dentro de una inútil apuesta.

¿Matar a un perdedor es lo que quiere un ganador?

Posiblemente, pero sabe que sin la existencia de los perdedores, no habría oportunidad de pavonearse como dominadores del juego y tampoco quienes se dediquen a oficios indignos que  garanticen su comodidad en el tablero de ajedrez.

¿Un perdedor querría matar a otro perdedor? 

Por supuesto, es tan factible como que un ganador quiera matar a otro ganador, al saber que su par podría superarlo en algún momento. También, un perdedor, a cierta edad, se da cuenta de que, para terminar exitosamente con todo, aunque sea una vez, tiene que matar al derrotado que lo mira fijamente enmarcado en la pared del baño o la habitación.  

FIN

La obra

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Tengo demasiado por escribir, pero siempre creo que nunca es suficiente.

Entre las imágenes por crear y la literatura para escapar rápidamente de uno mismo, decanto segundos de vida que no tienen contra reembolso, ni ganancias. Si las tuviera, creo que no sería tan adictivo.

Y como toda pasión, como toda causa perdida; esta es una eterna lucha entre la procrastinación, la pereza, la indisciplina, las inseguridades… contra la necesidad suprema de cumplir con el mandato interno; igualmente, a clientes y en general, a quienes necesiten un comienzo, un desarrollo, un final.

El primero en imponerse esa esclavitud es quien levanta el látigo y quien recibe el azote. Es el mismo que disfruta y padece el ambiguo y contradictorio impulso creador.

La obra es el destino, no el medio, y la recompensa es pensar, sentir, crear y traerla a este lado para servirla ante la vista de cualquier cómplice que desee contemplar el resultado del azaroso culto al disfrute propio, tan solo unos segundos. Así funciona.

Observo en silencio lo que me rodea cuando estoy fuera de mi madriguera. Me convierto en mosca sobre la pared. Tomo las migajas que me encuentro por ahí, inmediatamente vuelvo a mi encierro y empiezo a tejer letras en esta máquina luminosa.

Hace años es una obsesión, desde niño, algo que siempre me ha dado pena confesar, porque hay un gran margen de fracaso. Es una vocación amarga y menesterosa, en cualquier parte del mundo y, mucho más, en infra universos tropicales y tierras australes.

   FIN

(c) Edwing Salas

07/02/14

¡Coehlo sálvame!

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La realidad toma más sentido, incluso, cuando sucede lo que no se quiere, o lo que es lo mismo, si tus deseos más desencarnados mueren desde el momento de nacer.

Tratando de no sonar cursi ni en sus pensamientos, finalmente se dio cuenta que tanto evitar los libros de la «literatura industrial» no le había salvado de experimentar sentimientos que incrementan su culpabilidad. Continuaba en su «zona de confort», como le señalaron una vez unos amigos que practicaban la trascendencia espiritual.

Esa «zona de confort» podría ser más bien un terreno de guerra. Las letras oscuras, hechas óxidos y escombros, eran el único refugio que resistía el bombardeo de la hiper percepción, de la irracional inconformidad, del padecimiento, la pasión.

En eso consiste: estrellarse en llamas. “Todo es una ilusión, nada es verdad y todo está permitido”, el mantra de Burroughs, lo supo hace poco, pero lo practicó siempre, no de manera voluntaria, sino más bien por mecanismo defensivo.

La distancia y el eterno desencuentro es ya un hecho irreversible. Hubiese querido regresar el tiempo para poder leer Paulo Coehlo, Carlos Fraga, Rhonda Byrne y La Biblia.

Letras sólidas con bases suficientemente fuertes como para saber a tiempo el nombre del juego y labrarse una vida con dinero, propiedades y la mujer que siempre idealizó. Esa que le daría lindos niños que llevarían a Disney, Doral y Weston. Un hogar en la tierra prometida. Cruceros por el caribe y muchas fotos felices en Facebook e Instagram. No hubiese existido nada realmente imposible.

Siempre desdeñó al autor equivocado: ya es demasiado tarde para pensar «Maldito Burroughs» «¡Coelho sálvame!»

    FIN

(c) Edwing Salas

05/02/14

 

 

Despiertos

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Nunca se sabe cómo se sale del trance de un sueño profundo,  simplemente despertamos. El día entra primero por los oídos, luego se empieza a sentir el cuerpo y todo su peso, más tarde, experimentamos la sensación del aparato respiratorio laborando ininterrumpidamente y, por último, se levantan las persianas de piel de los párpados para que la luz nos de conciencia. Hemos regresado.

La mente empieza a arrojar la información pendiente: recuerdos, retazos de sueños, la agenda de propósitos. Ya estamos de nuevo en el plano real, ese que nos muestra o intenta convencernos de que estamos con vida, tenemos una, mientras, las ausencias se acumulan con el peso del vacío. De un giro, esa certeza de saberse un ser viviente, se convierte en banalidad.

Somos errores y a eso vinimos, a errar, por eso, quizás, nuestra verdadera obra sea un mural de imperfecciones éticas, físicas, psicológicas, perceptivas y egocéntricas, en mayor o menor medida, de acuerdo a la valentía o cobardía de nuestras configuraciones genéticas.

La naturaleza es precisa, pragmática, hermosa y sobre todo, cruel, entonces, existen dos clases de suicidas: los que toman el “indigno” atajo y los que siguen la senda llamada vida, la cual, lleva al mismo destino. Avanzas, autodestruyéndote a cuenta gotas, no de un solo golpe, cómo los primeros.

Tocas el piso helado con pies desnudos. La jornada está a punto de comenzar. Afuera todos pretenden felicidad, un estado que puede ilustrarse con una bengala u estrella fugaz. Sin duda existe, los consumidores de crack la conocen y saben lo efímera que es.

Ciertamente, los que deben considerarse afortunados son quienes han experimentado el “aquí y ahora”. Han penetrado por las diminutas e indetectables puertas de ese estado temporal, cuyas vastas salidas someten al pasado y al futuro a rangos de menor jerarquía, cuyas existencias son de dudosa fidelidad.

La culpa, el arrepentimiento, la añoranza, son costras sangrantes que arden al sol. La ausencia es una enfermedad carnes adentro que consume como ácido clorhídrico. Agua oxigenada, agua bendita o agua de pupilas dan lo mismo. Corren como río desbordado toda la mañana al percatarse del silencio aturdidor. No hay pabilo, hojas de plátano, ni las entrañas de alcaparra, pulpa de cerdo y aceitunas.

Limpias, haces que el reproductor de audio realice un tributo musical. La escoba es protagonista mientras baila con el polvo. Luego el coleto entra en acción para secar ese torrente de agua salada que en algún momento se desbordó esa misma mañana.

Hay polvo y cenizas, pero quizás, seamos partículas más diminutas. El problema no es la ortografía, sino la sintaxis de nuestras presencias en este plano. Se ha perdido el sentido, o quizás nunca lo hubo. Después de escuchar esas piezas musicales e iniciar el drenaje, solo podemos concluir que los fantasmas somos y hemos sido nosotros.

FIN

© Edwing Salas

25/12/13

Comparto con ustedes este pensamiento.

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Tener canas y no saber usarlas es como ponerte musculoso a fuerza de puros esteroides.


(C) Edwing Salas 

 

Publicado 8 de Enero de 2011

Botellas de whisky

cantimplora Jhonny Walker

No sé si era por ver tantas series, películas y dibujos animados donde los chicos buenos siempre ganaban usando la fuerza bélica y la violencia injustificada; lo cierto es que yo estaba dispuesto a ser uno de ellos y la mejor manera de demostrarlo era inscribiéndome en el liceo militar Rafael Urdaneta, puerta de entrada para una carrera militar exitosa según mis ambiciosos planes de púber.

La fiebre por querer ser militar – a parte del bombardeo ideológico de los medios que transmitían programación acorde con otras realidades geográficas- se desató cuando me enteré que uno de mis primos, dos años mayor que yo, acudiría a una secundaria militarizada.

Tras nueve meses sin verle, una vez iniciadas sus clases en el liceo militar, me sorprendió encontrarlo flaco, alto, con el cabello rapado y comportándose como un caballero con licencia para hacer travesuras y esconder la mano, porque nunca los más grandes culparían al joven prospecto . Siempre terminaban regañando a su hermano menor y a mí, ambos teníamos la misma edad y obedecíamos las ideas de nuestro líder, el cadete.

En esa época el nivel de cercanía con esos primos me hizo pensar que tanto el hermano menor como yo podríamos entrar juntos al año siguiente en el liceo militar.

Comencé a estudiar más que nunca, empecé a hacer ejercicios, porque si entraba con mi sobrepeso infantil sabía que me sacarían la mierda de lo bello, así que decidí adelantarme e ir preparándome tal como veía en películas como Rocky, Top Gun, Karate Kid, Rambo y Reto al destino.

Mi familia empezaba a sentir la presión. Si bien es cierto que estaban de acuerdo con la idea, no poseían la madurez financiera del núcleo familiar de mis otros primos, así que con gran sacrificio mi madre y mi padre empezaron a llevarme a las preinscripciones.

Exámenes médicos:

Encontraron con que tenía una pequeña desviación en la columna. Además, yo usaba zapatos ortopédicos desde hacía año y medio, por no tener adherido totalmente el talón derecho al resto del pie. Además, era miope. Bueno, lo sigo siendo.

En el liceo militar nos desnudaron y una doctora nos palpaba la ingle para ver si no teníamos hernia. Yo pensaba que tanta humillación solo significaba el triunfo al final.

Prueba Psicológica:

Es imposible que joven de 12 años no sienta nada ante una sicóloga de 23 años, recién graduada y muy parecída a Mena Suvari en American Beauty. Ahí ya estaba clara mi tendencia a sentirme hipnotizado por mujeres mayores, inteligentes y bien conservadas.

Me preguntó si sabía cuántas naciones había liberado Bolívar. Nervioso respondí: “Cinco” y ella con voz seductora “Podrías nombrarlas, por favor” y yo sacando el pecho y metiendo la barriga: “Perú, Venezuela, Chile, Bolivia y Ecuador.

Prueba de Habilidades Psicomotoras:

No recuerdo nada, solo sé que las contesté todas.

Prueba Física:

Hice todo bien, rápido y con fuerza como Rambo.

A la salida de las pruebas vi a mis primos; el gordito presento las pruebas conmigo ese día. Por lo que pude ver no salió tan bien la prueba física, de hecho, se portó altanero y se salió del grupo de ejercicios. Tampoco era conocido en su familia como buen estudiante y a diferencia de este servidor, su familia lo quería dentro del liceo militar a ver se disciplinaba.

Mis padres estaban interesados en que el papá de mis primos les hiciera un lobby con los comandantes y profesores de la institución, para que me recomendase. Él estaba con ellos en ese momento y los conocía muy bien, no se los presentó de inmediato, sino que les dijo “Tráiganles unas botellas de whisky y se los presento” “Yo les traje unas hoy pa’ que me ayudaran al catire”       ( el primo gordo y contemporáneo conmigo).

Mis padres declinaron de la idea por no contar con el cash para comprar por lo menos 2 botellas de 18 años, así que decidieron confiar en mi talento y mis ganas de trabajar.

Tres meses después sale el listado de admitidos en la prensa local. Mi primo el gordo  estaba “In” y yo, bueno, a partir de ese día decido que estudiar en el Liceo Udón Pérez no estaba tan mal.

Como mis dos primos ya estaban dentro de la carrera militar, casi no los veía y poco a poco empecé a tomar otro rumbo donde se incrementó mi adicción por la TV, el cine y la lectura, a la vez que encontraba nuevos vicios como la música y la escritura.

Pasó un año cuando me enteré que mi primo, el gordo rubio, fue expulsado por vago y mala conducta. El mayor si continuó y pasó directo a la academia militar, donde aprobó con honores, hizo cursos y hoy día es piloto de helicópteros, los helicópteros de Chávez.

Hace tiempo me crucé con él, en el funeral de su abuelo, un tío a quien queremos mucho. Me miró y se limitó a apartarme de su camino con el hombro. Estaba gordito y chiquito, pero estaba acompañado por una mujer estilo modelo de playboy, además, había llegado en una de esas 4×4 negras que salían en las películas de los hermanos Scott (Ridley and Tonny). Mas tarde me enteré que la chica a su lado era la amante. Su esposa no había podido venir.

Con el tiempo me adapté a no pertenecer a ningún gremio en especial.

Hoy siguen los ascensos, aumentos y celebraciones militares. De seguro, se abrirán siempre muchas botellas de whisky. En la televisión nacional se sigue bombardeando a los niños con ideologías, ya no pro norteamericanas, sino pro Cubanas, pro China, pro Rusia, pro Iraní, pro Corea del Norte.

© Edwing Salas

Publicado el 27/11/10