Locura creativa literaria

Loco por crear

Estar loco no es sano, peor aún, es permanecer en un estado demencial por crear algo todos los días, que, como en mi caso, no se traduce en buscar la cura contra el cáncer o hallar el algoritmo que haga que todo lo que publiques en tus redes se haga viral.

 Más bien, es demencia por querer escribir historias sobre todo aquello que veo, lo que vivo o lo que puedo imaginar en una sabia conversación con grandes amigos.

Desde niño fui programado para sentir vergüenza por alguna inclinación que no fueran los números o las ciencias exactas, porque ciertamente, serían los números los que me sacarían de mi estatus social, no las letras, y es así como, por no hacer caso, es que he vivido como un condenado. Nada que ver con Lestat y esos putos vampiros idealizados ¡Condenado en serio mutherfuckers! Al estilo LATAM.

Porque la realidad es que la creatividad, la escritura, el cine y todas las manifestaciones artísticas están reservadas para un@s cuant@s seleccionad@s del olimpo. Y ahí, es justamente cuando entra en juego rápidamente la medición de la performance, del talento, la disciplina y sobre todo, la separación entre lo bueno que crees que eres y lo bueno que en realidad eres.

Particularmente sé, que no soy de escribir extensas novelas, ni siquiera, novelas cortas o medianas. Soy más bien, de escribir cuentos cortos, relatos, copys, tweets y artículos.

Soy muy ansioso o muy poco adaptable a los procesos largos de creación. Procrastino: veo YouTube, Instagram, Twitter, TikTok, Tumblr, bebo, me masturbo, camino, corro, hago ejercicios, cocino y leo. Me revuelco con libros y tengo orgasmos con los white papers de cualquier informe sobre buenas prácticas en redes sociales.

En cambio, me encanta escribir largometrajes: doscientas, ciento veinte, noventa páginas, no son nada para mí, a la hora de poner personajes en una pantalla, por eso, intento regresar a ello cada vez que puedo, pero igualmente, cuando asumo este proceso, también procrastino: veo YouTube, Instagram, Twitter, TikTok, Tumblr, bebo, me masturbo, camino, corro, hago ejercicios, cocino y leo. Tengo orgasmos con cortometrajes, películas y cualquier libro sobre Hitchcock, Michael Mann, Gordon Parks, Román Chalbaud o Akira Kurosawa.

En este momento estoy escribiendo un nuevo largometraje, claro, dentro del tiempo que tengo; le cambié el nombre: antes se me había ocurrido algo que sonara como «La noche de nuestras vidas», pero ahora, se llama «Criaturas de Buenos Aires». Ese título podría llegar a Cannes, de hecho, es el único festival al cual me gustaría asistir.

Borré a la 363 de mi LinkedIn, porque pasó de ser una luz de esperanza cuando atravesaba los momentos más difíciles como guionista amateur que creaba su primer largometraje comercial, con 26 años, a tener que verla muchos años después como «filmmaker de éxito», viviendo en Barcelona.

Hace mucho tiempo que tampoco escribo poesía. Perdí totalmente el interés por ese amor primario a describir con metáforas todo aquello que pasaba o sentía. Tengo la impresión de que ya es una expresión obsoleta y sin propósito alguno.

No puedo dejar de pensar en el maldito Bukowski, porque siento que nací con ese tipo de estrella con puntas melladas, pero luego reflexiono y digo: «El hijo de puta estaba viejo, pero aun así, lo logró. Claro, nació en Norteamérica. Vivía en Los Ángeles y parece que allá, por muy maldito que sea todo, si alguien cree que tienes talento, vas a lograrlo al final»

Eso es más difícil en la vereda donde uno está, y además, sin certeza de tener siquiera un 1% del talento y la suerte del «Buko».

«Está jodido compadre» – como dirían los mexicanos- pero, ¿Ya qué puedo hacer? Es la que hay. Igualmente, procrastino: veo YouTube, Instagram, Twitter, TikTok, Tumblr, bebo, me masturbo, camino, corro, hago ejercicios, cocino, leo, me revuelco con prostitutas y tengo orgasmos con las otras chicas que veo felices con sus vidas dentro de las redes sociales.

FIN

(c) Edwing Salas

Ataque de pánico

Video cuento

Quienes han visto suficiente mierda en la vida, saben diferenciar un ataque de pánico de un brote psicótico

El Mal@bar

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La música emite sus compases calientes y un moreno vientre descubierto se ondula en todas direcciones. Un espiral de piel sudada en movimiento, con caderas circundando la hebilla del compañero de baile.

Pantalón blanco, ceñido, que deja ver el diminuto hilo dental. Un movimiento menudo. Largos cabellos oscuros, frente sudada y labios húmedos. Ritmo llevado peculiarmente, por un impedimento.

No siempre fue así, la vaina no viene de nacimiento. Fue por culpa de un accidente de tránsito que casi le cuesta la pierna. Si no hubiese sido por su antiguo marido, quien se la llevó a Estados Unidos para operarla, hoy no estaría en la pista derrochando deseo y curiosidad.

El muchacho que baila con ella, lo hace de manera discreta. Solo es uno de los esbirros de Fix, el novio de Lisia. Él los ve bailar desde la mesa donde está sentado. No le gusta mucho el baile, pero para divertir a su mujer, que adora hacerlo, prefiere disfrutar contemplando como ella menea sus caderas y luego hacerle el amor fogosamente.

– ¡¿Quién es esa?!

Preguntó excitado el Gato, el jefe de la mafia de los autos. Un sujeto duro, su aspecto era como el de un skinhead, con un ojo amarillo y otro verde claro;  usa barba estilo candado.

El Gato era divertido cuando andaba de parranda, relativamente buena persona, si se toma en cuenta el tipo de trabajo que tenía, pero sufre el típico defecto de los de su clase; cuando de mujeres se trata, y si hay alcohol de por medio, no hay nada que lo detenga.

– Esa es la novia de Fix – respondió Sann, uno de sus hombres de confianza-

El Gato miró más allá de la pista y vio a Fix, sentado con una copa en la mano, disfrutando del baile de su mujer, a su lado otro esbirro; el enano superpeligroso, que se servía el líquido transparente de la gran botella que estaba en la mesa.

La banda de Fix era conocida por desvalijar, vender y comprar partes de autos robados. Era una especie de empresario que formaba parte del mismo mercado del Gato. Se conocían, hacían negocios juntos, lo típico de ese gremio, nada más ni nada menos.

El Gato, con dos días seguidos de bebidas y orgías a cuestas, empezó a dirigirle miradas insinuantes a Lisia, que no paraba de bailar. Pieza tras otra, mientras más la miraban, más se ayudaba de su defecto para marcar un ritmo único y enloquecedor.

Ella respondía también con risas y miradas provocativas. Ya la conexión estaba hecha, solo faltaba tiempo para que El Mal@Bar se convirtiera en un circo de plomo que le da mucho que hacer a la ley y los forenses todas las noches.

Lisia tomó una pausa para sentarse con su hombre. Él la recibe con un beso de lengua, ella sonríe complacida, toda empapada por el sudor. La copa que esperaba es vaciada de un solo sorbo. Tenía sed, y ese fuerte miche se perdió en su boca. Fix le sirve un nuevo trago y ella se lo empina de nuevo, dirigiéndole una caliente mirada al Gato en la mesa de enfrente. Él no la ha perdido de vista, con emoción les comenta a sus guardas:

– ¡Ya está lista! ¡Ya es mía! Esa maldita coja me gusta mucho, la voy a dejar alineada y balanceada cuando la agarre.

Sann y el otro acompañante del Gato se miraron, rieron y luego con curiosidad y preocupación, le preguntaron por el novio.

– ¡Al diablo! ¡No me importa! ¡Esa maldita coja es mía esta noche!

– ¿Has tirado alguna vez con una coja?, por ahí dicen que esta es un diablo en la cama, que por eso es que Fix últimamente anda todo tranquilo. – dijo Sann-

– Sí, debe ser, mira como baila, es una Verduga… bueno, una vez me acosté con una inválida. Primero me hizo felación desde su silla ¡Eso fue el cielo en el ala de una mariposa! Luego la bajé y lo hicimos en el piso para mejor estabilidad y empuje, la verdad no pensé que fuera tan genial. En otra ocasión, una maldita tuerta se introdujo mi glande en su orificio ocular, esto fue genial, no sé si era por el ácido que me había metido, pero lo cierto es que no me dio asco… además me dio suerte, porque esa misma semana salí vivo del volcamiento ¿Te acuerdas?

Las risas estallaron en la mesa del Gato, con sus anécdotas sexuales.

Lisia se levantó a bailar de nuevo, poniendo a todo el local a la expectativa, tal como sucedía siempre que ella cojeaba hacia la pista de baile. Esta vez la pareja era el mismo Fix.

Los de la mesa de enfrente, todavía con la risa en sus labios, miraron con atención, la coja otra vez se transformó en una licuadora, moviéndose con gracia y singularidad. Esto hizo que el alcohol y la libido se le subieran a la cabeza al Gato, nublándola por completo.

– ¡Dale maldita coja! ¡Vamos! ¡Arriba!

Los gritos se opacaban con la música, la pareja bailaba tranquilamente, los hombres del Gato trataban de calmarlo, pero este no estaba colaborando. Por fin, logró calmarse y apuró su trago. Para empeorar, ella lo provocaba, con miradas sugestivas. El felino reía con ella. Señas iban y venían.

– La voy a sacar a bailar…

Los guardas se alarmaron al escuchar esta sentencia; su jefe estaba demasiado excitado y bajo la influencia. Las parejas bailaban, la música salía atronadora por los parlantes, el alcohol y el cigarro impregnaban el ambiente; la noche seguía su lógico desenvolvimiento, había humedad y calor en las temperaturas corporales de todos los presentes en El Mal@Bar.

Los gritos del Gato eran cada vez más fuertes. Alrededor, la gente reía al oír las ocurrencias del calvo; sus acompañantes estaban preocupados y se preparaban para lo aparentemente inevitable.

En la mesa de los bailantes, los otros dos guardas ya estaban notando la situación. El Gato se levanta y empieza a bailar aupando a la pareja, en ese momento, una chica pasa y el gato la toma de un brazo repentinamente y se la lleva al medio de la pista.

La música de Añez y Cufiño con su “Arepa de Cazón” hacían estremecer a la multitud que bailaba frenéticamente. Las parejas en la pista se movían jadeantes. Lisia y el Gato intercambiaban miradas, señas, sonrisas: el felino estaba confiado, sus cinturas se atraían mutuamente, aunque todavía estaban a distancia. El calvo bailaba con maestría, robándose el show como siempre.

Fix estaba tranquilo, aunque su mirada era un torrente a punto de desbordar su cauce; le dijo algo a Lisia, ella rió y siguió la faena. En un estallido, su pareja la toma de la mano con fuerza tratando de llevársela a la fuerza de la pista.

– Deja bailar a la dama, no ves que le gusta -chistó el Gato con gracia-

– ¡Eso no es de tu incumbencia! ¡Ella viene conmigo y punto! -gruñó Fix-

Los dos hombres se miraron fijamente, emitiendo agresividad por sus pupilas; el Gato estiro sus labios hasta mostrar una sonrisa, que acompañaría con un levantamiento de cejas. A Fix no le hizo ninguna gracia.

La música seguía, ellos estaban en la pista, la gente a su alrededor bailaba, pero también seguía con detalle lo que ocurría. Lisia, por fin, resolvió bailar sola, desafiando aún más a su novio. El calvo estiró mucho más su sonrisa, poniendo cara de ironía.

– Ahh, con que quieren bailar…

Fueron palabras de Fix antes de retirarse y desaparecer entre la multitud, la nube de humo y la oscuridad del lugar. Lisia, el felino y quienes seguían los hechos en la pista estaban a la expectativa. La coja bailarina estaba asustada, le dijo al calvo que se fuera, los guardaespaldas de este se acercaron con las manos sobres sus respectivas fundas. El furioso novio no estaba en su mesa, pero sus esbirros también se lanzaron a la pista, desafiantes.

Los bailadores que se percataron de la situación huyeron despavoridos ante un eventual enfrentamiento. El local se volvió un gallinero y oleadas de gente, muchos de ellos sin saber lo que pasaba, pero que se movían por inercia, empezaron a correr, tumbando todo; botellas y copas fueron a parar al piso.

Los empujones de la turba derribaban a los menos enterados, exponiendo sus caras contra las esquirlas, que se clavaban en los rostros desesperados y a punto de asfixiarse. Algunos tenían sus pistolas en mano, incluso, los de la pista, pero nadie disparaba, el brillo de los cañones niquelados formaba una suerte de mirror ball de la destrucción.

Afuera, la muchedumbre brotaba de la puerta como si El Mal@Bar los vomitara. La policía llegó con sus luces y música de sirenas, las ambulancias llegaron oliendo el rastro de la tragedia, pero nadie había agredido deliberadamente a nadie.

Los aplastados habían sido víctimas de una histeria colectiva, producto del conocimiento del ambiente hostil imperante en el local cada noche. Fix había desaparecido y su desvanecimiento era lo que había provocado tanto revuelo: “¿Habría ido a buscar combustible para incendiar el lugar?” “¿O una ametralladora para matar a su mujer y el tipo que la estaba sonsacando?”

Nadie quería el sabor plomizo de una bala pérdida, sin embargo, no dejaban de frecuentar el lugar, sabiendo lo inseguro que era. Todas las noches iban a divertirse, a riesgo de no volver a sus casas.

En el sitio, los chismes se derramaban como un torrente que adquiría más fuerza, con la torcida percepción de cada quien:

– ¿Escuchaste el disparo?

– Eran unos que se dieron puñaladas en la pista de baile

– Y también hay una tipa que salió herida, anda coja

– Me siento mal…creo que voy a… ¡Bluuuuaaacccckkkkgggg!

A diez cuadras de donde había sucedido todo, en un elegante restaurant, un hombre tomaba un trago en silencio, levantando la copa a la salud de una hermosa y virginal jovencita nipona, que lo miraba sonriente, a escondidas, para que sus padres y el prometido no se dieran cuenta de su coqueteo con el misterioso individuo con aspecto de mal viviente.

El solitario bebedor parecía haber cazado una presa, sonreía con malicia. En su mente, a veces veía la imagen de una coja bailando sensualmente, un rubio calvo, tratando de seducirla.

Junto a ella surgían unas interrogantes y sus respuestas: ¿Qué habría sido de ellos y de sus esbirros? “De seguro estarán celebrando, burlándose de mí por haber dejado el lugar sin luchar ¿Para qué pelear por algo siempre perdido? esta noche es para pescar casualidades de seda”.

Tranquilos pétalos de inocencia e ingenuidad; esa que se siente atraída por lo malo y dañino. “Mañana veré que hago con aquellos…hoy es día de lucir la brillante malicia ante la siempre atractiva y sedienta virginidad”.

En un oscuro callejón, el Gato, Lisia, los esbirros del felino, más los de ella, se esconden y tratan de huir de la policía, que busca a los causantes del alboroto del Mala@Bar.

Era injusto, ellos no habían causado nada, todo fue producto del temor y la paranoia de los asistentes, pero ¿Quién le creería a gente con prontuarios judiciales tan prominentes?

Otro mal rato, otra anécdota que contar, para todos los involucrados en estos sucesos solo se trataba de una noche más, tan igual como las anteriores, llena de la peligrosa rutina de aquellos que, temiéndole a una vida recta, solo se ocupan en buscar una salida de plomo.

                                                                   FIN

© Edwing Salas

 Todos los Derechos Reservados, mayo 2004

Publicado el 24 de Julio 2014

Cosquilla china

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Cuando Bárbara cabalga en su purasangre llamado Miller se siente en paz consigo misma. Dueña del mundo que la rodea y, sobre todo, húmeda de placer al trotar a pelo en el lomo del animal y sentir como sus labios golpean suavemente contra la espina dorsal del equino, sin nada más que mediar entre ambas pieles, que la delgada tela de su inmaculado y ceñido pantalón de ecuestre blanco, siempre marcando sin pudor su perfecta vagina libre de ropa interior.

Testigo silente de esta rutina devastadoramente excitante es Gonzalo, el tímido cuidador de los animales, cuya fijación con la dueña de todo lo que hay a su alrededor le pone nervioso y lo llena de un mutismo tal que le impide mirarla o dirigirle la palabra siquiera.

Miller acelera el paso y su amazona aprieta sus crines para no dejarse caer ante el orgasmo que experimenta con el trote mientras los golpecitos a su clítoris son marcados y rítmicos.

Desde la puerta de la caballeriza Gonzalo contempla ensimismado como el cabello azabache de Bárbara es una bandera al viento y su piel, suave y tan blanca como su pantalón de montar, brilla con el sol de la tarde.

Bárbara gime de placer en la última vuelta y cae rendida sobre el cuello de su animal, pero pronto, se percata de la mirada de su empleado e intenta recobrar la compostura, disimulando el caudal de sensaciones que ha experimentado hace escasos segundos.  Gonzalo retorna rápidamente a su labor de alimentar a los demás ejemplares, intentando fingir también.

Bárbara lleva a Miller hasta la caballeriza.

-Gonzalo.

– Mande señora.

–   Báñalo y dale de comer.

Gonzalo recibe el caballo y se da cuenta del pantalón blanco de su patrona ceñido y transparente gracias a una vagina notablemente húmeda y recién estimulada. Gonzalo se lleva al ejemplar dándole la espalda a su patrona, emitiendo una tímida frase.

–    Cosquilla China

– ¡¿Qué?! – responde ella sorprendida y sin entender-

Su empleado voltea, impulsado por su instinto de hombre, se acerca a ella y le dice:

– Eso que practica usted con Miller se llama cosquilla china, las amazonas de la isla de Creta lo hacían y en tiempos del Libertador era una costumbre aceptada en silencio por las familias pudientes. Los señores dejaban que sus señoras e hijas se reconfortaran de esa manera, todo menos verlas en la cama de un plebeyo, un negro o un indio.

Las palabras de Gonzalo se desvanecían en sus fuertes y ordinarios labios, percibidos por ella en ese momento como los más apetecibles del planeta, así como su bronceada y musculosa espalda, sus tensados pectorales, brazos y abdomen, ella los había admirado tantas veces y no se atrevía a hacerle saber su secreta afición, aún más oculta que la práctica que hacía sobre Miller, para desahogar su deseo por él, un tímido y bien formado peón de su hacienda.

La impetuosa Bárbara calló a su interlocutor acercando sus labios de porcelana a la boca de él. Ella inmediatamente buscó su lengua y ambas se entrelazaron en remolinos que emanaban corriente.

Eso fue suficiente para liberar al animal atrapado dentro de Gonzalo, quién movido por su instinto sexual abrió de tajo la camisa color salmón de Bárbara e inmediatamente comió de sus pechos con el frenesí de quien encuentra una jugosa fruta en medio del desierto después de vagar 30 días sin comida ni agua.

Bárbara entraba en calor como nunca y brindaba las edulcoradas auras de sus pezones al encanto brutal de su amante intempestivo. Gonzalo la sometió con fuerza dándole vuelta y enganchándola por el cuello con su brazo derecho, mientras, con el izquierdo bajó a retazos el pantalón ecuestre. Ella estaba entregada hace rato a los orgasmos preliminares de la situación.

Sin mediar palabra Gonzalo liberó la dura bestia de sus jeans y embistió por detrás a Bárbara, quien sintió como las paredes de su vagina se estiraban más de lo normal al dejar entrar a ese portento azabache marcado por las venas. El grito de placer que siguió a continuación inquietó a los animales de la caballeriza.

Ese día fue la última vez que Bárbara practicaría la cosquilla china para sublimar su deseo por Gonzalo el peón, quién a partir de ese momento, tampoco fue conocido por ese denominativo, sino más bien, por otro que se haría conocido en poco tiempo en todo el poblado de San Agustín del Río: Gonzalo “El caballo”.

                                                                             FIN

 

© Edwing Salas

2012-2013

Publicado el 12 Julio de 2014

Niño hiperactivo de 1790 –Primera parte-

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Os asegvro reinas del drama contemporáneo a la qve la impía sociedad moderna ha bavtizado como “hombres”,  qve no sois ni la sombra de lo qve en vna época fveron los hombres de verdad. Hidalgos caballeros qve rasgaban svs camisas para desnvdar el pecho al plomo, flechas, lanzas i espadas, con la sonrisa demente qve provoca mirar a la mverte de frente, sin baxar la cabeza, intimidándola i sedvciéndola.

Vosotros, con svs artilvgios qve parecen magia negra venida desde el infierno. Svs falsos doctores, a los qve llamáis psicólogos, psiqviatras o consexeros, dignos de la bestialidad imaginativa sin alma de los aborígenes, qve prolongan sv agonía, gracias a vn pvñado de papel inservible, qve ni los mismísimos indios vsarían para envolver meriendas. Os recetan adminícvlos i cvras milagrosas para estar tranqvilos. No sabéis qve el opio i el ron de Jamaica proporcionan la qvietvd de mil cementerios.

Es precisamente a vosotros qve va dirigido este testimonio, sobre el hombre más notable qve época algvna haya podido regalarle al mvndo.

Vn magno caballero, destinado a llevar el arpa con canciones de libertad por toda la América, acompañada por el cercenar de vna la espada desenvainada contra el enemigo, con el indiscvtible sello del glorioso relinchar de sv corcel.

Ese  gran general, qve planeó importantes batallas, dando lo mexor de svs dotes en el arte del baile, en las bacanales qve se daban en sv honor, lvego de derrotar en increíbles combates a los soldados del imperio. O también, en mvchas ocasiones, antes de ello.

El resto de la hvmanidad, inferior en condición, le ha calvmniado de mantvano cobarde i monárqvico, tan solo por no asistir a pelear al lado de svs tropas en esas crventas batallas qve delineaba de forma perfecta en sv mente, cvando se encontraba transitando vn vals la noche anterior, xvnto a algvna exqvisita dama de la sociedad, antes de llevársela a sv habitación o aparecérsele de imprevisto dentro de la alcoba, faltando veinte minutos para la hora de las almas en pena.

¿Por qvé llamar excretas de pollo al hombre qve ya había ganado una conqvista dvrante la noche? i precisaba del día para descansar del axetreo i planear la sigviente movida qve lograra las victorias necesarias para expvlsar al invasor español.

Es bien sabido qve la carne es débil, i cómo Jesvcristo, padeciendo la condición hvmana, también demostró sus flaqvezas –Mi santísimo señor todopoderoso no se ofenda por la comparación- El general también caía en las tentadoras garras de la lvxvria, tal cómo sus héroes más admirados: Napoleón, Alexandro Magno i las deidades griegas.

Si sv afilado e insaciable sable de carne se antojaba con vna negra, pves, esa noche penetraba a vna esclava. Si le agradaban las gracias i modales de vna criolla, pves se cabalgaba a la criolla i listo. Si vn xoven o vn soldado le parecían bvenmozo i valiente, pues véngase también.

Svs celebraciones favoritas eran las de temática griega, donde él i svs generales se hvndían en vna marexada hvmana de cverpos desnvdos, donde todos i todas las presentes llevaban lo svyo, tal i cómo lo hacía el gran Alexandro i sv corte en el esplendor de sv creciente imperio. I qve conste, no estoi inventando o exagerando nada. Sv mismísima excelencia era vn individvo de vangvardia, así mismo se lo hizo saber a su qverido amigo Perv´ De Lacroix.

El general era vn hombre versátil, vniversal, o como diríais en vvestra época: vnisex.

Vaya vsted a saber lo qve ello significa, pero es lo qve  vvestro gentilicio diría ¿Cierto?

Pves bien, cómo habeís notado, padezco de vna verborrea incontrolable, i eso siempre me desvía del camino principal para llevarme por las hermosas, pero bizantinas sendas del divagveo. Es por eso qve ofrezco sinceras excvsas porqve el testimonio qve había venido a relatarles no es el qve han presenciado.

Lo qve qvería contaros de mi general no pertenece a sv etapa pvblica historica, narrada hasta el hastío en vuestro presente. Lo qve realmente debí haberles narrado fve cómo era sv niñez, cuales fveron las anécdotas i acontecimientos qve formaron al mozo rebelde e indomable, aqvel qve escapó de casa de sv tío para refvgiarse en la vivienda de sv maestro con nombre idéntico al de sv merced.

Qvizás penséis qve se trató de vna infancia atormentada i triste, pero dexadme deciros qve os equivocáis.

El peqveñín fve vn niño felíz i sin ningvn tipo de mortificaciones. Gozó de la atención de sv santísima madre i svs encantadoras i bien instrvídas hermanas, qvienes poseían el don de la sabiduría al saber quererlo, pero sin mimarle hasta el pvnto de la odiosa malcriadez.

El infante era svmamente inqvieto ¿Qvién no lo es en esa etapa de la existencia?

Qvizás los dramáticos i exagerados de vvestra época le llamen…le llamen… “Jiperactivo”. “Hiperactivo”, así es ¿Verdad?

Bveno, de cvalqvier manera, hoy no tengo tiempo de nadar hasta esas profvndidades. Pero les prometo qve tan pronto como regrese, les contaré como era el niño hiperactivo del ano 1790 de nvestro señor, a los siete años.

Por lo pronto, debo partir, ha cantado el gallo, se aproxima el alba. La hora de las almas en pena ha terminado.

   Continuará….

(c) Edwing Salas

  30/05/14 

 

 

 

 

Niño hiperactivo de 1790 -Parte final-

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¡Oh, vaya, pero qve pvntval sois!

Aqví os encontráis de nvevo. Me alegra saber qve aún existe gente de vvestra época qve se preocvpa por la memoria de mi general, qve el poderoso lo tenga a bven resgvardo i le haya perdonado svs pecados, qve fueron mogollón eh, pero oxala sv obra emancipadora le haya procvrado vn lvgar en el Olimpo glorioso de los héroes. Como se lo merece, cómo él siempre lo deseó.

Bveno, al grano caballeros: recverdo perfectamente haberlos citado aqví en este mismo lvgar i a esta misma hora, qve es la de los hombres como mi merced, para relatarles los detalles de la mocedad de mi gran general.

Al cerciorarme qve sois cristianos de palabra , empezaré por deciros qve el hombre maravilloso qve conoció el mvndo, empezó a tener svs primeros destellos por allá en 1790, a los siete años, por aqvel entonces, ese peqveño descendiente de los Bolibarjauregui ya tenía cinco años habiendo svperado la mverte de su padre, qvién se despidió de lo terrenal cvando el niño apenas tenía dos, marcando el designio de la tvbercvlosis en su genealogía, bveno , todavía hay mal intencionados i envidiosos qvienes xvran en vano que tanto padre como hixo fueron víctimas de sus miembros voraces i cvlifandangveros, pero ¡Eso es falso! ¿Me han escuchado? ¡Falso!

Doña María Concepción i svs hixas, las hermanas mayores del infante cvidaban de él mvy bien, siempre lo hicieron. Avnque la madame no qvería maltratar sus senos de porcelana para qve no qvedaran como los de una india: aplastados i rechvpados, le encargaba esta tarea a Hipólita , la nodriza principal , alternándose ambas esa labor.

La negra Hipólita fue la vnica qve metía sv teta en la boca del niño, aparte de Doña Concepción.

Así como les he asegvrado qve lo de las venéreas complicadas en tvbercvlosis es totalmente falso, así mismo le xvro, por mi cabeza, qve ningvna cvbana amamantó al general cuando era apenas vn qvervbín, avnque con los años llegó a hablarme de las tetas i el cvlo de vna cvbana qve conoció mientras organizaba sv campaña por el Caribe.

Me dijo qve se fue en leches enseguida sobre el chinchorro, ante la fogosidad de esa esclava cvbana que satisfacía a los hombres de la casa grande, mientras se encontraban de visita en Haiti.

También, creo qve me dijo, de esto si no estoy mvy segvro, son vnos cvantos siglos, saben, i la memoria de este anciano espectral, svele patinar de vez en cvando. Pero creo recordar, qve en vna oportvnidad, cuando habíamos fvmado vn poco de opio i libado unas cvantas botellas de ron, me dijo  qve vna cvbana fve qvien lo inicio como hombre, todas ellas son así, sabrosas, les gvsta el baile, el trago dvro i satisfacer sus fvegos internos, gratis o por dinero.

Cvando había monedas o comidas de por medio, se esmeraban mvcho más, pero en verdad, con el perdón de Dios, qve el diablo me lleve si esas no eran las hembras más calientes del continente. Ignoro cómo lo serán ahora en sv época, pero en la nvestra eran de lo más libertinas.

Volviendo a lo qve nos ha xvntado a esta hora, el niño a los siete años era como cvalqvier otro de sv edad i posición, sin dvda, tvvo una infancia plena i feliz: se bañaba en el río, le gvstaban los dvlces, odiaba ir a misa, se deleitaba en repetir las insolencias de los grandes entre sus compañeros de xuego i era castigado constantemente por esta causa.

Adoraba montar a caballo, avnqve tenían mvcho cvidado en no permitírselo en exceso. A esa edad ya era un fiel amante de la mvsica, aprendió a bailar viendo i practicando con svs hermanas mayores, qvienes elogiaban sv talento natvral i oído nato para llevar el ritmo i ejecvtar los pasos, como si se tratase del cortesano más asidvo de las galas francesas.

Otra de svs pasiones era la lectura. Pasaba horas bajo los frondosos árboles de las enramadas disfrvtando de versos, sonetos i también las historias i romanceros caballerescos de entonces, deleite de la chiquillería mantuana.

Cómo todo chiqvitín de grandes ínfvlas, como las qve siempre tvvo dvrante toda sv existencia, i qve mis palabras no le ofendan,qveria saberlo todo, i llenaba a svs mayores con pregvntas cvya cantidad i complexidad, obligaba a los aludidos a regañarlo o mandarlo a hacer cvalqvier otra cosa, para sacarle de la cabeza esas locas ideas i conversaciones qve ya reflejaban sv profvndidad para las grandes proclamas i discvrsos.

Debido a ello, sv tío le daba vna reprimenda verbal i lo mandaba a qve se entretvviera con el pasatiempo más popvlar entre los xovencitos de sv alcvrnia: apedrear esclavos.

Se volvió todo vn experto en golpear i sabotear a svs sirvientes e hixos peqveños a cvalqvier hora del día i época del año. Llegó a desarrollar vna verdadera afición por esa actividad i ya en su advltez, se qvexaba de extrañar esa sana costumbre de sv época.

De hecho, durante el fervor de la gverra libertaria llegó a decirme:

“A veces me provoca amarrarlos en vn pilote i apedrearles, azotarles i luego me los pasaría a todos i todas por el arma de mi carne, lástima qve ahora debo darles la libertad, tan solo para asgvrarme qve en vn fvtvro ellos no le hagan eso a mi merced, tal cómo se lo hicieron a los lores de Haití. Avnque la parte de ser pasado por svs garrotes, me tiene sin cuidado, no es tan doloroso como me decía Miranda, además, yo soy vn hombre”

Qvizas vosotros, en vuestra época habríais catalogado la niñez del general como agitada i mui inquieta, pero se os asegvro, era vn niño dvlce, precoz i mui bien portado. En otras palabras, no era vn hiper…vn hiper, bveno, ya saben, eso pves, ¡Vna ladilla!

 FIN

© Edwing Salas

04/07/14

Ilusionista

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Después de inspeccionarse frente al espejo, su mirada le transmitió la verdad.No escrutaba nada en su físico, solo quería examinar más allá.

Traspasar el fenómeno de refracción de la luz, introducirse en su reflejo y ejecutar la mesura definitiva del camino recorrido.

¿Cuánto de eso había en lo que hoy veía sobre el cristal pulido?

Cuánta intransigencia, cuánta postergación, cuánto miedo. ¿Cuántas balas de salva y cuántos puentes volando como ceniza?

Creencias que habían aniquilado tanta fuerza natural, pura y llena de caballos salvajes, descogotándose pendientes abajo, pero siempre con zancadas imperturbables hacia adelante.

-¿Crees en el destino?

–   Claro, por supuesto, el destino es la muerte. Es la ineludible meta.  –respondió sonriente y convencido-

Su respuesta sincera y sencilla horrorizó, no era New Age, desafinaba con la ocasión social, era demasiado biológica y pragmática para alcanzar el vuelo de los sueños y planes que el resto de sus interlocutores arrojaba al aire.

El sosiego es lo que uno termina eligiendo después de años de deriva. La verdad es más dura de lo que somos capaces de reconocer.

Buscaba la verdadera vocación, luego de errar por aquel gran desierto, pidiéndole a Dios el adelanto del infarto que le tenía reservado para cuando llegara a los sesenta años para saciar su sed de redención.

La realidad no es lo que muestra el reflejo en el espejo, sino lo que simboliza en nuestras pupilas.

Deshacerse de la existencia propia era algo muy ruidoso y cliché. Aunque se trataba del verdadero asunto filosófico, según Camus.

Ya no tenía caso aferrarse a ese axioma.

El público y los extras del espectáculo tampoco descifraban lo evidente. Estaban demasiado impresionados con las imponentes imágenes de vitalidad, inteligencia, talento y profundidad del personaje.

-No te preocupes, tendrás un gran futuro, estás destinado a ello

-No hay brazas ni purgatorios, ni vaticanos, ni edenes, ni amor, ni sacrificio. Ni Freud con sus vicios

Sabía que no era un gran aporte a la humanidad, pero las respuestas emitidas por los espectadores le demostraban contradicción y lástima. Aun así, cada sentencia encerraba la magia de la oscuridad y la incomprensión; puro inconformismo lacerante.

Antes de que las cosas empeoraran, procuraba guardar en el sombrero las criaturas monstruosas que se apuraban por salir y evitaba su inminente escape el infalible:

-Es así tal cual como usted dice.

-Ni ingenuos dioses cabalgando en sus cruces. La silla eléctrica de sus tiempos. Del amor al sexo, del sexo al amor, pero nunca amor nueve meses y después autoflagelación.

Se hallaba en ese laberinto o encrucijada para el valor: Darwin, el diablo y Dios. Alguno será mito, ¿y los otros? ¿superstición?

Como este tiempo sigue en progreso continuo, las arrugas se aferran al cristal reflector a pesar de su longeva utilidad.

La naturaleza es insegura, al igual que sus omnipotentes dioses; no puede haber otra explicación.

Todas nuestras virtudes y defectos, con ronquidos y mal olor, ¿respiran bajo un alma divina, por la matemática de nuestra pasión?

Por fin, descubrió de qué iba todo. Cronos se mostró desnudo, dejando ver horas, minutos, segundos; ahí lo comprendió.

¡¿Cuál es mi rol en este mundo de mierda?!

Recapituló todos sus años de recuerdos y ahí vio la luz. La gran revelación: siempre había sido un ilusionista.

Al principio creaba la ilusión de ser un individuo noble, inteligente, amable. Finalmente, la gente se daba cuenta de que todo era ficticio, un truco. Nada era real.

  FIN

© Edwing Salas

01/05/14

Lu…

Lu...

Y entonces salieron a la calle derramándose con su hambrienta locura. Eran llamaradas de antojo las que consumían avenidas enteras, dejando a su paso ceniza y escombros. Lamentos de hombría, feminidad y resistencia.

Todos, como almas en pena, esperaban con ansias el momento justo para volver a nacer de ese dolor intenso de los meses pasados.

Transformarse en nuevo símbolo de adaptabilidad, valor y perdón.

Cada noche en un cajón azul, pero nunca volverse sobre los pasos agónicos. Tarde o temprano un extremo los batiría contra el otro.

Terminando así sus esperas y sometiéndolos a lugares de más brillo y, ya mucho menos, a territorios en los albores de la miseria.

     FIN

© Edwing Salas

Primer transcrito del manuscrito original: 10/08/02

Transcripción digital y edición 16/04/14

Despiertos

Light_through_the_window_by_FishyFishyBoom

Nunca se sabe cómo se sale del trance de un sueño profundo,  simplemente despertamos. El día entra primero por los oídos, luego se empieza a sentir el cuerpo y todo su peso, más tarde, experimentamos la sensación del aparato respiratorio laborando ininterrumpidamente y, por último, se levantan las persianas de piel de los párpados para que la luz nos de conciencia. Hemos regresado.

La mente empieza a arrojar la información pendiente: recuerdos, retazos de sueños, la agenda de propósitos. Ya estamos de nuevo en el plano real, ese que nos muestra o intenta convencernos de que estamos con vida, tenemos una, mientras, las ausencias se acumulan con el peso del vacío. De un giro, esa certeza de saberse un ser viviente, se convierte en banalidad.

Somos errores y a eso vinimos, a errar, por eso, quizás, nuestra verdadera obra sea un mural de imperfecciones éticas, físicas, psicológicas, perceptivas y egocéntricas, en mayor o menor medida, de acuerdo a la valentía o cobardía de nuestras configuraciones genéticas.

La naturaleza es precisa, pragmática, hermosa y sobre todo, cruel, entonces, existen dos clases de suicidas: los que toman el “indigno” atajo y los que siguen la senda llamada vida, la cual, lleva al mismo destino. Avanzas, autodestruyéndote a cuenta gotas, no de un solo golpe, cómo los primeros.

Tocas el piso helado con pies desnudos. La jornada está a punto de comenzar. Afuera todos pretenden felicidad, un estado que puede ilustrarse con una bengala u estrella fugaz. Sin duda existe, los consumidores de crack la conocen y saben lo efímera que es.

Ciertamente, los que deben considerarse afortunados son quienes han experimentado el “aquí y ahora”. Han penetrado por las diminutas e indetectables puertas de ese estado temporal, cuyas vastas salidas someten al pasado y al futuro a rangos de menor jerarquía, cuyas existencias son de dudosa fidelidad.

La culpa, el arrepentimiento, la añoranza, son costras sangrantes que arden al sol. La ausencia es una enfermedad carnes adentro que consume como ácido clorhídrico. Agua oxigenada, agua bendita o agua de pupilas dan lo mismo. Corren como río desbordado toda la mañana al percatarse del silencio aturdidor. No hay pabilo, hojas de plátano, ni las entrañas de alcaparra, pulpa de cerdo y aceitunas.

Limpias, haces que el reproductor de audio realice un tributo musical. La escoba es protagonista mientras baila con el polvo. Luego el coleto entra en acción para secar ese torrente de agua salada que en algún momento se desbordó esa misma mañana.

Hay polvo y cenizas, pero quizás, seamos partículas más diminutas. El problema no es la ortografía, sino la sintaxis de nuestras presencias en este plano. Se ha perdido el sentido, o quizás nunca lo hubo. Después de escuchar esas piezas musicales e iniciar el drenaje, solo podemos concluir que los fantasmas somos y hemos sido nosotros.

FIN

© Edwing Salas

25/12/13

Botellas de whisky

cantimplora Jhonny Walker

No sé si era por ver tantas series, películas y dibujos animados donde los chicos buenos siempre ganaban usando la fuerza bélica y la violencia injustificada; lo cierto es que yo estaba dispuesto a ser uno de ellos y la mejor manera de demostrarlo era inscribiéndome en el liceo militar Rafael Urdaneta, puerta de entrada para una carrera militar exitosa según mis ambiciosos planes de púber.

La fiebre por querer ser militar – a parte del bombardeo ideológico de los medios que transmitían programación acorde con otras realidades geográficas- se desató cuando me enteré que uno de mis primos, dos años mayor que yo, acudiría a una secundaria militarizada.

Tras nueve meses sin verle, una vez iniciadas sus clases en el liceo militar, me sorprendió encontrarlo flaco, alto, con el cabello rapado y comportándose como un caballero con licencia para hacer travesuras y esconder la mano, porque nunca los más grandes culparían al joven prospecto . Siempre terminaban regañando a su hermano menor y a mí, ambos teníamos la misma edad y obedecíamos las ideas de nuestro líder, el cadete.

En esa época el nivel de cercanía con esos primos me hizo pensar que tanto el hermano menor como yo podríamos entrar juntos al año siguiente en el liceo militar.

Comencé a estudiar más que nunca, empecé a hacer ejercicios, porque si entraba con mi sobrepeso infantil sabía que me sacarían la mierda de lo bello, así que decidí adelantarme e ir preparándome tal como veía en películas como Rocky, Top Gun, Karate Kid, Rambo y Reto al destino.

Mi familia empezaba a sentir la presión. Si bien es cierto que estaban de acuerdo con la idea, no poseían la madurez financiera del núcleo familiar de mis otros primos, así que con gran sacrificio mi madre y mi padre empezaron a llevarme a las preinscripciones.

Exámenes médicos:

Encontraron con que tenía una pequeña desviación en la columna. Además, yo usaba zapatos ortopédicos desde hacía año y medio, por no tener adherido totalmente el talón derecho al resto del pie. Además, era miope. Bueno, lo sigo siendo.

En el liceo militar nos desnudaron y una doctora nos palpaba la ingle para ver si no teníamos hernia. Yo pensaba que tanta humillación solo significaba el triunfo al final.

Prueba Psicológica:

Es imposible que joven de 12 años no sienta nada ante una sicóloga de 23 años, recién graduada y muy parecída a Mena Suvari en American Beauty. Ahí ya estaba clara mi tendencia a sentirme hipnotizado por mujeres mayores, inteligentes y bien conservadas.

Me preguntó si sabía cuántas naciones había liberado Bolívar. Nervioso respondí: “Cinco” y ella con voz seductora “Podrías nombrarlas, por favor” y yo sacando el pecho y metiendo la barriga: “Perú, Venezuela, Chile, Bolivia y Ecuador.

Prueba de Habilidades Psicomotoras:

No recuerdo nada, solo sé que las contesté todas.

Prueba Física:

Hice todo bien, rápido y con fuerza como Rambo.

A la salida de las pruebas vi a mis primos; el gordito presento las pruebas conmigo ese día. Por lo que pude ver no salió tan bien la prueba física, de hecho, se portó altanero y se salió del grupo de ejercicios. Tampoco era conocido en su familia como buen estudiante y a diferencia de este servidor, su familia lo quería dentro del liceo militar a ver se disciplinaba.

Mis padres estaban interesados en que el papá de mis primos les hiciera un lobby con los comandantes y profesores de la institución, para que me recomendase. Él estaba con ellos en ese momento y los conocía muy bien, no se los presentó de inmediato, sino que les dijo “Tráiganles unas botellas de whisky y se los presento” “Yo les traje unas hoy pa’ que me ayudaran al catire”       ( el primo gordo y contemporáneo conmigo).

Mis padres declinaron de la idea por no contar con el cash para comprar por lo menos 2 botellas de 18 años, así que decidieron confiar en mi talento y mis ganas de trabajar.

Tres meses después sale el listado de admitidos en la prensa local. Mi primo el gordo  estaba “In” y yo, bueno, a partir de ese día decido que estudiar en el Liceo Udón Pérez no estaba tan mal.

Como mis dos primos ya estaban dentro de la carrera militar, casi no los veía y poco a poco empecé a tomar otro rumbo donde se incrementó mi adicción por la TV, el cine y la lectura, a la vez que encontraba nuevos vicios como la música y la escritura.

Pasó un año cuando me enteré que mi primo, el gordo rubio, fue expulsado por vago y mala conducta. El mayor si continuó y pasó directo a la academia militar, donde aprobó con honores, hizo cursos y hoy día es piloto de helicópteros, los helicópteros de Chávez.

Hace tiempo me crucé con él, en el funeral de su abuelo, un tío a quien queremos mucho. Me miró y se limitó a apartarme de su camino con el hombro. Estaba gordito y chiquito, pero estaba acompañado por una mujer estilo modelo de playboy, además, había llegado en una de esas 4×4 negras que salían en las películas de los hermanos Scott (Ridley and Tonny). Mas tarde me enteré que la chica a su lado era la amante. Su esposa no había podido venir.

Con el tiempo me adapté a no pertenecer a ningún gremio en especial.

Hoy siguen los ascensos, aumentos y celebraciones militares. De seguro, se abrirán siempre muchas botellas de whisky. En la televisión nacional se sigue bombardeando a los niños con ideologías, ya no pro norteamericanas, sino pro Cubanas, pro China, pro Rusia, pro Iraní, pro Corea del Norte.

© Edwing Salas

Publicado el 27/11/10