Por dunas

Dune Jodo

Todos en la calle arrastran sus miradas culpables

Te das cuenta que te busco

en cada tecla que impulsas

Esas filosóficas huellas

Flashback peligroso

al toparme con uno de tus geniales pensamientos en mi territorio

Esos silencios incómodos…

lo serán aún más

sí van a ser interrumpidos por una turba de zombis

¿A dónde han ido todas esas letras e historias que has absorbido?

¿Eres cántaro vacío?

Los libros,

la música,

la cultura…

en general…

la sofisticación de tu arrogancia

hasta las propias experiencias

no llenan una llamarada

impetuosamente vacía

Vale más el peligro

de ser descubierto en plena búsqueda

que la rutinaria presencia de palabras

que se vuelven vacuidad

Un principio deslumbrante

cegador

pero con el roce de los segundos

resequedad en las sombras

que van esparciendo su tinta en el aire

Hemos cambiados las casas y los carros

por dunas que se lleva el viento

por la barba de los cinco días

por soñar un futuro incierto

Una reina surge defecada por un Kaiju de concreto

ese animal que me aplasta al no poder domarlo

la mirada de su larva codiciada me dice lo que soy

lo que ya le he dicho al estar detenido en la acera hedionda

viéndola venir y atendiendo una llamada

de la ansiedad

Hemos cambiados las casas y los carros

por dunas que están en todos lados

pero ya no están

Hemos cambiados las casas y los carros…

…por dunas…

 

© Edwing Salas

01/07/14

No oda Neruda

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No es que lo desprecie,

no es que su sobrevalorada obra me tenga sin cuidado

No es su utopía de un mundo donde se le pone aureola a demonios y mercenarios

No es esa trillada “callada y ausente”.

El único verso que se saben los amantes normales.

Nada de eso hasta ahora me ha incomodado.

Es que murió en la ciudad de Santiago y yo nunca lo supe.

Hasta que salió la trivia y me hizo perder una ronda de Preguntados

(c) Edwing Salas 05/06/14

Pañuelo

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He ampliado los límites de esta ciudad

Es una extensión enorme de territorio

Unido con puntadas y nudos de horca

Convierto un pañuelo en sábana

La tierra plana donde me mantendré seguro

El puente que vence la brecha y el precipicio

Cae en las entrañas del cañón

Sólo quiero mantenerme a salvo

No estamos en New York

Pero igualmente las islas son necesarias

Terminaría siendo una caricatura borrosa

De algún personaje de Junot

Aunque es mejor eso que ser coliforme fecal

Haciendo vida en un arado mar

Agua de vertedero, estancada

Quizás la única diáspora de la que llegue a formar parte

Será la de los que se despiden de este plano

No hay posibilidades de encontrar otro boleto

El oro sale a la superficie

Brillo, solidez, valor

El estiércol es simplemente abono

Compost en la barriga de esa voraz bestia

Pobreza de nombre

Apellido subdesarrollo

Abolengo y linaje

De quienes son café y no crema

Con la vista estrellada en el muro más cercano

Bloqueando el horizonte

Estrechando el aire

Cercenando la conciencia

De sosiego y ambición

De calambres existenciales

Y espasmos neuronales

El acabose

La cuenta de salida

De los hermanos esperados

Bautizados con calidad de vida

Sobre muchas muertes de dudosa categoría

La esperanza está a la derecha del dios padre

Como los ceros de sus saldos

Los intentos son números

Los números intentos

Y cada mal paso una declaración

De buen resultado imperfecto

Cruzan con este brillante oscilar

medias verdades y tragedias completas

He aquí tu risa crónica

Interrumpida por corazas

Sincerando la cuantía de nuestras carnes

Dejando el atril con vísceras, amargura e irritabilidad

Lo corrosivo de una disciplinada verdad.

© Edwing Salas

05/05/14

Ilusionista

Ilusionista 00

Después de hurgarse frente al espejo su mirada le transmitió la verdad.

No escrutaba nada en su anatomía física, solo quería examinar más allá. Traspasar el fenómeno de refracción de la luz, introducirse en su reflejo y ejecutar la mesura definitiva del camino recorrido.

¿Cuánto de eso había en lo que hoy veía sobre el cristal pulido?

Cuanta intransigencia, cuanta postergación, cuanto miedo. Cuantas balas de salva y cuantos puentes volando en forma de ceniza.

Creencias, dogmas a futuro que habían aniquilado tanta fuerza natural, pura y llena de caballos salvajes, descogotándose pendiente abajo, pero con zancadas siempre imperturbables hacia adelante.

– ¿Crees en el destino?

–   Claro, por supuesto, el destino es la muerte. Es la ineludible meta.     –respondió sonriente y convencido-

Su respuesta sincera y sencilla horrorizó, no era New Age, desafinaba con la ocasión social, era demasiado biológica y pragmática para alcanzar el vuelo de los sueños y planes de papel que el resto de sus interlocutores arrojaba al aire.

El sosiego es lo que uno termina eligiendo luego de años de minimización. La verdad es más dura de lo que somos capaces de reconocer. La realidad no es lo que bota el espejo, sino lo que simboliza en las pupilas.

Buscaba la verdadera vocación, luego de errar pidiéndole a Dios el adelanto del infarto que le tenía reservado para cuando llegara a los sesenta años. Deshacerse de la existencia propia era algo muy ruidoso y cliché. Aunque se trataba del verdadero asunto filosófico, según Camus, ya no tenía caso aferrarse a ese axioma.

El público y los extras de ese espectáculo tampoco descifraban lo evidente. Estaban demasiado impresionados con las imponentes imágenes de vitalidad, inteligencia, talento extremo y profundidad del carácter. Espejismos.

-No te preocupes, tendrás un gran futuro, estas destinado a ello

Sabía que no era un gran aporte a la humanidad, pero las respuestas emitidas por los receptores le demostraban contradicción y lástima.

-No hay brazas ni purgatorios, ni vaticanos, ni edenes, ni amor, ni sacrificio. Ni Freud con sus vicios

Aun así, cada frase encerraba la magia de la oscuridad y la incomprensión, era un inconformismo lacerante. Antes de que las cosas empeoraran procuraba guardar en el sombrero las criaturas monstruosas que se apuraban por salir.

Ni ingenuos dioses cabalgando en sus cruces. La silla eléctrica de sus tiempos. Del amor al sexo, del sexo al amor, pero nunca amor nueve meses y después autoflagelación.

Se hallaba en ese laberinto/ encrucijada para el valor: Darwin, el diablo y Dios. Alguno será mito, y otros, superstición. Como este tiempo va pasando, las arrugas se aferran al cristal reflector a pesar de su longevidad. La naturaleza es insegura, al igual que sus omnipotentes dioses, no puede haber otra explicación.

Todas nuestras virtudes y defectos, con ronquidos y mal olor, respiran bajo un alma divina, por la matemática de nuestra pasión.

Por fin, descubrió de qué iba todo. Cronos se mostró desnudo, dejando ver horas, minutos, segundos, milésimas; ahí lo comprendió. Buscaba su verdadero talento ¿Cuál era su don en este mundo?

Recapituló en todos sus años y ahí vio la luz, la conclusión: siempre había sido Ilusionista.

Era ilusionista: al principio creaba la ilusión de ser un individuo agudo, astuto, noble, inteligente, amable, sensual, trabajador y talentoso. Posteriormente la gente se daba cuenta que todo era ficticio, un truco. Nada era real.

 FIN

 

© Edwing Salas

01/05/14

Lu…

Lu...

Y entonces salieron a la calle derramándose con su hambrienta locura. Eran llamaradas de antojo las que consumían avenidas enteras, dejando a su paso ceniza y escombros. Lamentos de hombría, feminidad y resistencia.

Todos, como almas en pena, esperaban con ansias el momento justo para volver a nacer de ese dolor intenso de los meses pasados.

Transformarse en nuevo símbolo de adaptabilidad, valor y perdón.

Cada noche en un cajón azul, pero nunca volverse sobre los pasos agónicos. Tarde o temprano un extremo los batiría contra el otro.

Terminando así sus esperas y sometiéndolos a lugares de más brillo y, ya mucho menos, a territorios en los albores de la miseria.

     FIN

© Edwing Salas

Primer transcrito del manuscrito original: 10/08/02

Transcripción digital y edición 16/04/14

Momento lamentablemente necesario

Club de La pelea

Sinceramente no sabía cuánto más iba a durar ese extraño momento “Edward Norton en el club de la pelea”.

Le parecía que eran cuatro años, quizás, más, o más bien, cuatro segundos. Filosas puntadas de ira rasgaban su cerebro. Se encontraba en medio de una gruesa y opaca nebulosa de humo que solo hallaba refractar luz caótica.

Sus intestinos clamaban por trabajar. Sentía las infernales miradas de vidas perdidas. Nihilismo de existencias atormentadas por el cansancio y los desperdicios.

Dio un paso para ver si traspasaba el campo gravitacional que le encerraba. Era como estar hipnotizado por un canto de sirenas, que lo llamaban a formar parte de su círculo de odio y amargura. Trataban de absorberlo hasta consumir su último sosiego.

Aunque, seguramente concordarían en muchas cosas, los puños no dejarán de buscar su rostro y procurarían asir una daga para liberar del pecho tanta fuerza oscura como un torrente.

Esperaba poder soportar más, pero sin incendiar edificios, ni engendrar perfectas legiones de obediente desenfreno y caos. Aún no.

Guardaba la esperanza que todavía en siglos esa carne y alma no lo hicieran. Solo ocurría que estaba siendo conocido en un extraño momento de su vida.

             FIN

© Edwing Salas

Escrito originalmente: 10/08/02

Transcripción y edición 13/04/14

Question des auteurs

Creadores duermen

Definitivamente, es una cuestión de autores, o como ella misma le llama “question des auteurs”. Particularmente le gusta traducir obras de la lengua francesa, porque según sus datos es prolífica y elegante.

Aborrece mi occidental gusto por el inglés, le gusta quedarse ahí sin hacer nada cuando yo escribo una frase anglo sajona. Me cataloga de predecible y vulgar.

Es por eso que les he llamado hoy señores de soporte técnico, su programa de Google Translate, o como ella misma se ha denominado: «Google Traducteur» es muy posesiva y quiere imponerme sus propios conceptos y palabras.

  FIN

(c) Edwing Salas

17/01/14

Publicado el 12 de abril 2014

Gota de lluvia menuda

Gota

Photo by Edwing Salas

Veo la chispa que se asoma rápidamente a lo lejos, posiblemente se quiebre este cargado aire. Me deslizo por esta distancia que une dos puntos.

Trato de pasear por el indomable resplandor, lo tomo por sus crines de protones y dejo que las sacudidas me adhieran a su avance. Aprovechamos estos momentos de sublime exaltación.

Pies ensangrentados se dirigen a su norte sin chistar, sin emitir palabras, pero con la carcajada del desplazamiento. Es tiempo de callar ante lo absurdo.

Siempre diciendo sí al sobrevivir, en algunos ratos sobrevivimos, en otros, sobre morimos.

El péndulo de victorias y fracasos no para de bailar: uno, dos; de un lado para otro. De extremo a extremo.

Se expanden los labios. Con el estiramiento logran asomarse los dientes, dándole un instante de luminosidad a este sendero. Me cobijo en este chasqueo de luz y sombra en posición fetal.

Me dispongo a ser disparado al infinito. No sin pocos miedos, haciendo lentejuelas de cicatrices, girando como proyectil en descarado flujo de aire conductor: de lo estático a lo cinético, del reposo a la rapidez, de lo mágico, a lo trágico y de lo suntuoso a la sencillez.

– ¡Calma! ¡Calma!

Algo se ha recuperado, se presumía perdido para siempre, aguja en pajar imperecedero. Aquí está la cordura, separada por una frontera construida con hojas filosas que rebanan percepciones, detalles, deseos, desastres, rechazos, ignorancias y genialidades, todas ellas, en proporciones desiguales.

                                                                    FIN

31-mayo-2004
(c) Edwing Salas

Publicado 7th April 2014

Centro del Universo / Center of the Universe

Centro del Universo

Photo by Edwing Salas

Ignoraba que tan sensato era andar con un telescopio de dos mil dólares a la una y media de la madrugada por el barrio, pero era imperativo ver ese evento estelar –y no, no era un programa de televisión- se trataba de una lluvia de estrellas que se mostraría por diez segundos procedente de la órbita del planeta Nibiru.

Buscar la mejor posición para ver ese fenómeno irrepetible era su prioridad. La gran casa al lado de la suya le impedía ver desde su propio techo.

Muy pocos estaban enterados de lo que iba a ocurrir. Por eso, tenía que ser de los pocos que experimentaran tal fenómeno, sin que nadie se lo contara, eso lo colocaría un poco por encima del resto de sus cohabitantes del planeta.

Vestido de negro para mimetizarse con las sombras, se desplazó de puntillas mientras los perros ladraban avisando de su presencia.

El cielo estaba despejado, podía ver la luna llena y las estrellas. Realmente se sentía pequeño, no hacía falta decirlo.

Tan solo repasar sus decisiones y acciones era suficiente para concluir que lo que buscaba era una señal de luz que aclarara su alma perdida, dentro de ella misma.

La primera estrella fugaz pasó. Pudo observarla sin mucho esfuerzo. Esa no era parte de la lluvia, según la radio de la NASA, faltaban aún diez minutos.

Ya podía ver la plaza envuelta en claroscuro. Ahí se instalaría con su telescopio.

Llegó, desplegó el trípode y montó rápidamente el telescopio. Comenzó a calcular las coordenadas, el ángulo y la distancia. Empezó a calibrar.

–   Oye, no me gusta que me interrumpan mientras fumo.

Esa expresión sorpresiva y solitaria lo hizo brincar y dar un grito de espanto.

– ¡Dios mío! ¡Vas a hacer que me dé un infarto!

– ¿Eso es un Celestron?

–   Sí

– ¿Original?

Él afirmo en silencio, con el rostro invadido por la luz de encontrar un ser tan sublime como ella en medio de la noche y a la vez, con el miedo de ser asaltado por esa chica que irradiaba libertad, desenfreno y también mala conducta.

–   Está lindo –respondió ella-

–   Gracias

–   Yo también salí a ver la lluvia de estrellas y a fumar un poco de esto, pero no tengo telescopio.

Le extendió el joint, el astrónomo amateur negó con una sonrisa. Estaba invadido de pavor, prefería colocarse en el espacio con ayuda de su propia imaginación.

– ¿Te parece algo malo o qué?

–   No me llama la atención, eso es todo.

–   Bueno, para eso es el libre albedrío, lo respeto, pero de una vez te digo que jamás saldría contigo, salvo por esta noche, pareces ser un buen chico.

Cuando se dispuso a mirar la lluvia estelar, ella le pidió permiso para poder ver, él no pudo negarse. Esa chica de temperamento salvaje era la prueba de que había vida inteligente muy cerca. Puso su ojo derecho en el visor. Una sonrisa de anhelo e inocencia se dejó ver en sus veteranos labios, asomando una dentadura brillante, a pesar de sus excesos con el almíbar.

Él no pudo sino contemplarla, dándole la espalda al firmamento que desprendía escarcha en movimiento. Se sentía demasiado diminuto ante esa dimensión de mujer -Y pensar que el universo es mucho más extenso e intimidante-

No vio su esperada y exclusiva lluvia de estrellas. Descubrió algo mucho mayor. El centro del universo ya no era él y su pobre humanidad, sino ella.

 FIN

© Edwing Salas

22/04/14

 

 

Pijama party

vs_pijama-party-2007

Cuando Silvia invitó a Paula a su casa para una fiesta en pijamas a esta última le pareció una idea algo ridícula, ya estaban en la universidad y aunque todavía seguían en la memoria reciente los días en la secundaria, donde se solía asistir con frecuencia a estas reuniones, no dejaba de intrigarle.

Pero ella era la más nueva del grupo de estudio y si eso le bastaba para entrar definitivamente al círculo de las más populares del primer semestre de comunicaciones, pues, no se lo perdería.

A las once y media en punto de la noche del sábado Paula llegó a casa de Silvia, esta le dio la bienvenida invitándola a entrar sin perder tiempo.

Silvia ya se encontraba “empijamada” o más bien “embikinada” con un sostén rosa que apenas cubría su generoso busto duro y puntiagudo. La pieza de abajo era un imperceptible hilo dental que tapaba su delicado triangulo del amor. Eso era todo.

Paula contempló a su compañera y no pudo sino sentir envidia ante un cuerpo tan bien formado que competía con el suyo.

– ¿Dónde están el resto de las chicas? – preguntó Paula.

–    Están retrasadas, pero no tardan en venir, anda, ponte cómoda, puedes cambiarte en mi habitación, ven. –respondió la anfitriona con total naturalidad-

Silvia condujo a Paula hasta su habitación y se quedó con ella. Paula no pudo ocultar su incomodidad, la situación era alarmante, pero si alguien era echada pa’ lante era ella.

–   No uses pijama, quédate así en ropa interior, como estoy yo – sugirió Silvia-

–   Eso mismo te iba a proponer, ya que tu estas así -le salió al paso Paula, sin dejar de recorrerla con la mirada-

Silvia quedó petrificada al ver como su invitada sin ningún pudor o recato levantó su franela dejando al descubierto sus hombros, sobre los cuales se fijaban unos sostenes inmaculadamente blancos, perfectamente combinados con los cacheteros que llevaba en la parte inferior.

Piernas y glúteos perfectamente delineados y carnosos. Silvia la devoraba con la mirada. El silencio era incomodo, toda la habitación se sentía cargada de estrógenos.

Se fue acercando lentamente, Paula esperó en silencio, ambas se quedaron muy cerca, sus ojos brillaban, la caliente anfitriona buscó los carnosos labios de su invitada y ella recibió el tierno y húmedo beso que luego las hizo sonreír a ambas y después las arrojó a un festín de pieles de porcelana.

Las atractivas damas se dejaron llevar por la exploración de sus cuerpos suaves y con el olor de mil primaveras. Sus lenguas jugaban con maestría entre sí, formaban un torbellino sedoso que inundaba las papilas con el sabor del sexo prohibido y anhelado.

Silvia sabia como usar su musculo del habla sobre las aureolas que bautizaban los delicados senos de Paula y esta invitaba a su amiga a que fuera bajando hasta su ombligo, donde tocaría la puerta de entrada hasta su monte de venus, totalmente depilado y llano.

Su clítoris hinchado y su entrepierna hambrienta esperaban a una compañera educada que supiera como manipular cada botón para calentar verdaderamente a una mujer.

Recorrió con su lengua afilada hasta la flor húmeda que la aguardaba, el clítoris de Paula estaba firme y anhelante, parecía una segunda lengua, de menor tamaño y proporción, pero sin duda, parecía tener vida propia.

La fogosa anfitriona también optó por inducirse placer desde su entrepierna con ayuda de sus expertos dedos. Su compañera la detuvo y la acomodó más cerca de si para continuar ella el trabajo. Ahora ambas se propinaban gozo y disfrute, la noche era joven y prometía más.

Paula no tardó en tomar ella la iniciativa igualando con su lengua el portento de sensaciones en el sexo de su compañera, a quién le tocaba hacer retumbar las paredes con gemidos tan apasionados como los que ella dejaba escapar hace unos momentos.

Silvia se despojó de sus sostenes e inmediatamente la mano de su pareja le apretó sus generosos y duros pechos con suma provocación. Al parecer la invitada era tan kinky como la anfitriona de esa fiesta para dos.

No hubo piedad en esa batalla por demostrarse la proveedora más efectiva del placer, era un espectáculo lleno de ternura y ganas de explotar el universo en sus esculturales cuerpos, deseados por un batallón de chicos, quienes jamás podrían alcanzar el nivel de compenetración existente en la camaradería femenina enviciada con el hedonismo y la auto complacencia a toda costa.

El dildo ajustable hizo su aparición para coronar la salvaje noche. Primero se lo colocó Silvia y de inmediato separó varios milímetros los labios de Paula al hacer entrar tan prominente juguete. Ella se lo agradeció dejando escapar un gemido que la dejó sin aire.

– ¿Te duele? – preguntó Silvia, por si estaba haciendo algún daño-

Paula negó con la cabeza mientras sus ojos permanecían cerrados y sus labios dibujaron una sonrisa de satisfacción. Ella se abrió aún más y permitió que su compañera se adentrara hasta el fondo, mientras, la sinfonía de su cuerpo se movía coreográficamente pidiendo más.

Cuando intercambiaron roles, Paula embistió con el consolador y también penetró el orificio anal con sus dedos índice y medio. Silvia no se esperaba esa sorpresa, pero agradeció el gesto meneando sus caderas con cada entrada y salida por ambos lados. Pronto sus alaridos estarían a punto de despertar a los vecinos.

De esta demostración de deseo extremo, lo más conmovedor para ambas fue cuando las dos se dejaron correr simultáneamente, quedando envueltas en un mismo gemido, un mismo aliento. Abrazadas en la cama no paraban de contemplarse y reír.

Paula le comento entre risas a su amante recién estrenada:

–  Menos mal que no vinieron las otras invitadas.

–  Nunca hubo otras invitadas.

– Ya lo sabía, siempre lo supe – confesó con total descaro la sonriente Paula, mientras le daba un almohadazo cariñoso a Silvia-

Todo por entrar en el grupo de estudiantes más populares de comunicación. Era un hecho, Paula estaba más que dentro.

                                                               FIN

© Edwing Salas

29/04/13