No creía en fantasmas

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Estaba perdiendo la pelea contra el sueño. Debía esperar el magno evento de la noche que se transmitiría en vivo, en todo el mundo. El combate a muerte entre Zark y Wellom, directo desde Las Vegas. 

A él, en verdad, le importaba un bledo ese acontecimiento. La inercia colectiva que provocaba el autoaislamiento, era la corriente que lo llevaba.

Ya eran varios días sin poder conciliar un sueño reparador. Todo era culpa de ese fantasma, aunque se negaba de plano a creer en esa figura espectral que salía de noche, a molestarlo y a pasearse frente a su humanidad con vida, pero sin sentido.

Él veía la figura femenina, de largos cabellos lacios, piel canela y aparente serenidad. No sabía si la tonalidad de su dermis era natural o solo un signo de descomposición.

Ya a estas alturas esos fenómenos no le asustaban. Le atemorizaba más la insolvencia económica, la falta de un propósito y el demencial comportamiento de la gente.

Tampoco podía temer, salvo un estado de esquizofrenia, producto del alto nivel de estrés. Quizás, los espíritus eran creados por su mente en constante zozobra, lo que desató un pánico verdaderamente lacerante, por varios minutos.

Se escuchó el “toc” “toc” en la ventana. “Ahí vamos de nuevo”. Se dijo a sí mismo.

Su psique, como ciudadano fuera de todos los mercados, estaría tan deteriorada, que experimentaba proyecciones de su subconsciente, de manera exacerbada, producto del mismo Síndrome de Estocolmo que provoca la opresión constante del día a día, lleno de incertidumbre.

“El país es una eterna pelea entre víctimas, que están canalizando mal lo que en ellos produce la tiranía”

– ¿Tienes llave? ¿Puedes abrirme?

Se le presentó el espectro, hablándole con dulzura.

–   Puedes salir de la misma forma que entraste

–   No me refiero a la casa, ya es mi posesión. Me refiero a tu voluntad.

Él sonrió con mirada cínica.

– ¿No te parece ya un abuso que te metas en mi casa a molestar sin razón alguna?

Si los espíritus o aparecidos tenían algún sentido de la cortesía, eso seguro la molestaría.

–   Vengo de muy lejos. Necesito refugio. -dijo ella con sutil imploración-

–   Ya estás en mi casa y lo hiciste sin pedir permiso.

–   Sí, pero habitar tu casa no es suficiente, también debo habitar tu mundo interior, tu alma. No soy una entidad dañina, incluso, puedo hacerte compañía.

–   Estoy percibiendo erróneamente la realidad y mi mente está jugando conmigo. Eres una mala alucinación.

– ¿Y si la alucinación eres tú?

–   Pues, si es así, creo que estás muy perturbada.

–   Eso no se le dice a una mujer, por muy muerta, que uno esté.

–   Soy defensor del feminismo, si quieres libertad y emancipación, asume también sus peligros.

– ¿Por qué me desprecias? ¿Me temes acaso?

–   Tu deambular nocturno y tus apariciones me sacan de quicio.

Qué serenidad luego de esa sentencia.

Ella reanudó la conversación con tono triste.

–   Lo peor de deambular entre territorios devastados como este, es que ves como todos los clichés se hacen más fuertes. Te comportas como una cáscara vacía esperando a que alguien te aplaste por misericordia.

–   Somos miles de cáscaras vacías esperando a que nos saquen de nuestra miseria humana. Debes disfrutar que cada día llegue más gente hasta el plano donde te encuentras.

–   Es ley natural –respondió disfrutando lo descarada de su respuesta-              

– ¿Y tú? ¿Cómo moriste? Te ves joven.

–   Me gusta demasiado la fiesta y en mi caso, tomé un cocktail, que nunca la detuvo. Mi corazón sí lo hizo al cabo de doce horas. 

–   Entonces deberías alojarte en casa de alguien un poco «más animado».

–   Es que tu soledad me intriga. Eres tan huraño, encerrado en estas cuatro paredes. Temes salir, te temes a ti mismo, le temes al fracaso que convive contigo hace años.

Esas palabras sí que lo hirieron. Intentó permanecer impasible.

–   Ya sabes, me cansé de que me saludaran con un “¿Qué tal?» Ese saludo realmente es un eufemismo de «Sal de mi vista ser molesto»

El espectro estalla en una carcajada.

–   ¿En serio? Te juro que pensé en saludarte de esa manera al aparecerme frente a ti.

–   Pues, ya ves, ahorrémonos incomodidades y desaparece para siempre.

Ella se esfumó.

Él se imaginó que perdió la paciencia al ser tratada con tanta frialdad. Total, era un fantasma ¿No? Nadie iba a vivir gratis en su cutre mono ambiente. Ni viva ni muerta.

Por fin, en el televisor se mostraban los entretelones de La Pelea del Siglo, tal y como se titulan todos los combates de boxeo que mueven millones de dólares en publicidad y ganancias. 

Mientras aparecían celebridades y patrocinantes, a él lo invadió un pensamiento. 

“Si tu inframundo te ha dado tanto y te sientes ciudadano de primera, es lógico que no quieras irte. Pero, aparentemente, esta alma en pena, pretende estar más acá que allá. Quizás, no sea tan popular entre los espantos, o no hay vida, digo, vida social, nocturna”

Ante las conclusiones que sacaba en su mente, tras el episodio paranormal, llegó a decir:

-Que jodido está todo.

En ese momento, todo quedó a oscuras, haciéndole gritar de rabia. 

– ¡Maldita tiranía!

–   No fue la tiranía, he sido yo –se escuchó la voz muy cerca y, a la vez, muy lejos-

– ¡Pero qué coño es lo que pasa! ¡Déjame en paz!

Se levantó, tropezó y rompió cosas de la habitación en penumbra. 

– ¡Tranquilo! ¡Cálmate! ¡Por favor! ¡No te pongas así!

– ¡¿Y cómo coño quieres que me ponga?!

-Escúchame esto último, por favor.

El silencio y la oscuridad se hicieron uno. Por fin, la voz, que ya no sonaba dulce, sino, más bien, manipuladora, atravesó el aire:

–   Sé que pasas todo el día escribiendo, pero nada es realmente bueno: tienes errores de todo tipo; ortográficos, de sintaxis, coherencia, fluidez. Eres un completo desastre. Y, para colmo, has comprado esa pose gastada de incomprendido y maldito, además de bebedor empedernido. Eso no te llevará a ningún lado ¿Sabes cuantos espíritus como tú habitan en mi mundo? Todos fracasados anónimos. Yo puedo ser tu musa, te puedo ayudar a crear y tú, a cambio, me permites quedarme en tu interior.

La insonoridad se hizo insoportable. Solo se escuchaba la respiración agitada de él.

Por fin alcanzó a decir:

– ¿Por qué no dejas que sea yo quien me adentre en ti? Es lo que siempre he querido

-Disculpa, pero creo que estás malinterpretando las cosas.

-Acabas de proponerme ser mi musa

-Sí, pero de manera platónica, infantil, nada de poseer mi esencia.

-¡Olvídalo entonces! No tengo musas para escribir, lamentablemente, dependo es de las escaramuzas. Una musa implica cierta relación armónica y soy un ser que carece de armonía y sosiego.

– Yo tengo ese sosiego que buscas, soy una buena compañía.

– ¡Eres la inexistencia y el ímpetu vacío seduciéndome! ¡Vete maldita! ¡Vete de una vez! 

– Soy insaciable, pero a ti te rechazo, solo necesito alojarme en ti para cazar a quienes me interesan, ¡¿Acaso no entiendes? ¡Ser vivo imbécil!

– Sí, lo sé, te he visto aparecer, solo para tratarme con desdén, tienes otro objetivo, lo sé. Estoy acostumbrado a esa sensación. 

– ¡Necesito almas!

– ¡Desaparece de una vez por todas de mis carencias, maldita sanguijuela!

– Eres el loco frente al muro del manicomio –suelta una carcajada malvada, ya convertida en lo que realmente es-

– ¡No tengo musas para escribir y no quiero tenerlas! ¡Yo te expulso de mí ser aberración narrativa!

La luz retorna. En el televisor dan una película de terror. El evento deportivo más esperado ha terminado hace tres horas. 

                                     Fin

© Edwing Salas

08/05/15

Pavos reales

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“Hubo una época en la que las aves no son como las vemos ahora. Entre ellas había constantes riñas porque todas creían que tenían mayor importancia que las otras, algunas por lo bello de su canto, otras por sus llamativos plumajes.”

             La Leyenda de Las plumas del Pavo Real.   México

Estaba todo listo: billetera con tarjetas y efectivo, automóvil lavado, engrasado y con motor a punto. El perfume, dominando la habitación con su viril presencia en el aire y delatado en la ropa por gotas aun impregnadas en la camisa.

Cabello húmedo, recién cortado apenas hace unos días, peinado de forma milimétrica. La cara limpia de todo rastro de barba. Nunca pudo entender como había personas que podían dejarse la llamada “barba de tres días”.

Frente al espejo brillaba su más preciado tesoro: esa sonrisa blanca, reluciente, reflejo de la buena actitud ante la vida, del buen humor, esa constancia impresa que ha determinado siempre lo bien que ha salido todo, lo bien que saldrá.

“Para tener una mujer, hay que tener un buen coche”

Su padre se había quedado corto con esa afirmación. La verdad es que con un carro se podían tener todas las mujeres, era como tener una llave maestra a todas las puertas.

Su pene poseía buen tamaño, funcionaba bien, él sabía que su desempeño en las artes carnales era bueno, pero estaba seguro que lo primero que una mujer le mira es forma en que llega, luego la vestimenta, el look y finalmente, la actitud.

Su sonrisa ganó más terreno cuando comprobó por enésima vez que él era un combo completo. No sentía lástima ni remordimiento cuando destruía a otros hombres menos dotados por la naturaleza en el arte de conquistar mujeres.

Tampoco se veía obligado a tener ningún tipo de responsabilidad cuando cambiaba de pareja o añadía una amante más a su itinerario.

Esos hombres menos dotados deben existir para hacerlo ver más excelso, más ganador, más deseable como partido, aun ante el supuesto de que él no estuviera consiente de sus grandes ventajas en la vida, como efectivamente hay muchos.

La naturaleza no solo debe dotarte de una buena anatomía y cerebro, también es vital la capacidad para llenarte de mejores plumas en tu cola. El pavo real más vistoso es quien se perpetúa. El león más cruel es quién se aparea.

“Dominamos el planeta porque le hemos añadido a las feromonas dinero, autos, casas y bienes materiales”

Esa reflexión siguió alimentando su ego. Hasta más agudo se había vuelto.

“La verdadera poesía para una mujer es poder llevarla y traerla cómodamente en un buen vehículo”

“Si para lograr ligar debo llevarla a comer pizza y luego, en otra ocasión, conducirla hasta un quemadero de gas petrolero, pues qué diablos, es atractiva, inteligente y sabe lo que quiere”.

–    Me quiere a mi.

Nunca entendió porque otros hombres se deprimían. La depresión no es para los ganadores, no te permite proyectar seguridad y confianza.

Los únicos libros que debía leer y entender eran los de contabilidad, esos si arrojan verdadera luz y sabiduría.

Esos hombres poco llamativos, desgarbados, sin chance alguno: minimizados por “la inteligencia y la sensibilidad” emulaban al Quijote en sus libros.

“Jamás leería una mierda tan larga y aburrida, además dañina”

“Quieren sufrir, que sufran, es lo más fácil. El dolor es un escape fácil. ¡Trabajen! ¡Báñense!”

El sonido de la música a todo volumen envolvía sus pensamientos, por eso, cuando cayó en la boca abierta de esa alcantarilla en medio de la calle sintió como si el volante fuera poseído por alguna fuerza superior.

Logro salir rápidamente, pero ya el daño estaba hecho. Los neumáticos delantero y trasero del lado izquierdo dejaron escapar el aire mientras los rines perdieron redondez. Apenas le dio tiempo de orillarse a la derecha.

– ¡Me lleva!

No valía la pena ensuciarse cambiando un neumático, igualmente faltaría el segundo. Había que tomar la decisión más rápida y lógica. Llamar una grúa.

Luego de hacerlo se comunicó con su chica. Le contó lo ocurrido y le prometió que la velada se cumpliría el día siguiente.

Ella se angustió y preocupó, se quedó vestida y con un hilo dental nuevo sin exhibir, hasta el día siguiente, obvio. Su teléfono sonó nuevamente, se trataba de su mejor amiga preguntándole si por fin saldría. La chica contó lo ocurrido y del otro lado del auricular preguntaron si seguía vestida. La respuesta fue afirmativa.

Veinticinco minutos después, adornado por las llamas de los quemaderos de gas natural de la zona residencial, se presentaba un vehículo de lujo del año, un rustico deportivo. El volumen de la música hacía temblar los vidrios con su bajo.

La mejor amiga llamó y la chica salió. Entró al vehículo. Ahí le presentaron al dueño del flamante transporte. Quizás, el nuevo hilo dental sería exhibido después de todo.

La naturaleza provee gran número de pavos reales, unos más vistosos que otros, pero no hay problema, para esas especies el dolor y la tristeza no existen. Eso solo ocurre a los menos dotados, a los quijotescos con barbas de tres días, idealizadores de los mitos.

   FIN

© Edwing Salas

19/04/15  

Dolor de muela

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El cielo está de un azul nítido, el sol hace brillar las nubes, los pájaros cantan el calor mañanero. Amanda contempla su cara en el espejo y no soporta el dolor. Es una tortura física, pero lo que más le resiente y hiere su ego es verse con una mejilla más grande que otra.

Ojeras, expresión descompuesta. Es uno de esos días donde el auto examen frente al espejo reprueba lo físico y lo espiritual. Otra vez esa bendita muela. Tanto posponer el momento de visitar al dentista le ha pasado factura.

Solo existe un culpable. La persona que sufre en la superficie reflejada por el espejo

Tras la imagen reflejada se abre el botiquín, descubriendo el portal hacia el mundo de los analgésicos de auto prescripción para esa clase de momentos. Ninguno lograría quitarle ese terrible dolor y entumecimiento de la cara. Ella lo sabía, así que desistió rápidamente de la idea.

Hervor y latidos. La sangre paralizada intenta pasar y hace que la zona afectada emita pulsaciones que hieren y hacen asomar lágrimas

Ella solo pensaba que en el siglo XXI el dolor físico no debería existir, luego se percató que sus ganglios también parecían estar inflamados. «Cada generación tiene sus dinosaurios muertos, todos seremos fósiles»

Pues Amanda quería ahorrase el trance por el paralizante dolor y estar tan quieta y relajada como un fósil que, sin preocupación, veía el tiempo pasar, enterrada en miles de recuerdos sobre los cuales caían gotas de “todo tiempo pasado fue mejor”.

«Todo antes de esta hinchazón de muelas ha sido mejor. Hasta la vez cuando tuve que salir desnuda de las gradas del liceo porque me robaron la ropa mientras tiraba, fue mejor».

Así eran los pensamientos que circulaban por su mente.  «Debería existir una pastilla que te quite el dolor para siempre. O un medicamento que elimine gente»

Para poder salir a buscar otras gentes que no puedan ser borradas, porque son las que te ayudarán.

Parece que la fiebre había hecho acto de presencia hacía ya un cuarto de hora. Quizás eso es lo que la hace tener esos desvaríos.

La infección es poderosa, pero, así como no vale la pena ingerir los analgésicos comunes de esos que se convierten en anuncios de televisión, también resulta inútil encontrar antibióticos inexistentes o entrar vía emergencia en el consultorio del odontólogo.

«Estoy aburrida, tengo muchas ganas de leer y garabatear a mano sobre un papel»

Se puso a bocetar imágenes de su infancia en el último rollo de papel toilette que existe a 150 kilómetros a la redonda.

Sesenta minutos frente al espejo y contando. Una nueva marca. Estaba atrapada por su imagen decadente, por esa mejilla latente y por las ojeras del abandono propio. Su aliento profundo empañaba el vidrio, provocando opacidad

“Las granjas del juego de Farmville en Facebook también serán expropiadas”

“Antes de querer formar parte de algo, primero forma parte de ti mismo”

“Vivimos donde las palabras son muchas y muy ricas, hermosamente adornadas y llenas de presunto significado, ellas se imponen ante las pobres acciones que permanecen en la oscuridad y el anonimato”.

“La ignorancia no es una carencia de conocimientos y opiniones, es más bien un sistema de conceptos y prácticas adaptadas a una existencia esencial. Por mucho amor que halla entre tú y una persona ignorante, si expresas una idea u opinión que se salga de ese sistema, serás agredido y castigado”.

“Buenos Días. Despertar bien temprano es un indicador de estar vivo y que el día no tiene suficientes horas para poder hacer todo lo que queremos y debemos”.

¡Maldito dolor! ¡Maldito espejo! ¡Maldita infección!

¡Maldita fiebre y sus delirios!

FIN

© Edwing Salas

23/12/14

Invitaciones y ofrecimientos

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«Tengo una casa en la playa, en Villa Marina. Yo se la había ofrecído a tu mamá y a tu papá, para que fueran un fin de semana, o un feriado, lo que tenían era que avisarme una semana antes, para verificar que no estuviera ocupada o desordenada.

 ***

Trina, la mamá de Vicente, nunca pudo ir.

Ahora que no está y el tiempo les obliga a no consumirse en su ausencia, ellos, sus hijos, los nietos, su esposo, decidieron que, quizás, la familia debía hacer un viaje para trasladar el recuerdo de ella hasta los parajes de la costa falconiana, donde seguramente la imaginarían sonriendo hiperbólicamente, bailando las guarachas tropicales y cocinando exquisitos manjares recién sacados del manto acuático.

Entonces, tomando las palabras del señor Sammy, el amigo de la familia que formaba parte del selecto grupo de individuos del ocaso, que se reunía religiosamente en su casa a jugar dominó desde hacía incontables años y quién les había ofrecido la casa de playa en una, dos, varias ocasiones, sin que el viaje pudiera concretarse estando ella en este plano; le notificaron al regordete señor que por fin habían decidido ir. Les urgía cambiar de aires la añoranza crónica.

–   Llámame en una semana y te aviso.

Eso le notificó el señor Sammy a Vicente, a través del móvil, luego que este lo llamó para preguntarle por las posibilidades de ir a la casa de la playa durante el puente feriado que se aproximaba.

La entonación de voz con la que respondió el dueño de la propiedad fue muy distinta a la que acompañaba el ofrecimiento de la casa en medio de la fraternidad etílica de los días de visita habitual.

Vicente estaba muy animado con la idea de que sus sobrinas pequeñas pudieran ver el mar y disfrutar de él por primera vez. Recordó cuando en su niñez él adoraba la playa, luego, en la adolescencia y ahora, en la adultez, el sombrío clima montañoso era su predilección.

Transcurrieron ocho días y en la fecha pautada para obtener la respuesta, Vicente llamó al señor Sammy. Este le notificó lo siguiente:

–   No puedo prestarte la casa, es de mi mujer y ella es muy delicada con eso, además, está ocupada, unos sobrinos se están quedando y no sé cuándo se van.

Vicente agradeció de forma parsimoniosa y ofreció disculpas por el atrevimiento de proponerle usar la casa de la playa. Él no tenía mucha confianza con el señor, eran sus padres. Su mamá ya no estaba y su padre no se metía en esas cosas. La idea realmente fue de él y sus hermanos. No se pudo. Ya fue

El pensamiento que en los días subsiguientes angustió a Vicente era una simple reflexión: «Que capacidad tienen algunas personas de hacer ofrecimientos de la boca para afuera, pero que se esfuman en el momento cuando accedes a los mismos. Es algo así como, una irresponsable manera de ser ostentosos con los demás. Una falsa solidaridad, echonería, boconería, charlatanería».

Por esos días, también le ocurrió que un amigo que había logrado huir a su Colombia natal, le invitaba insistentemente a que emigrara. Él mismo se ocuparía en ofrecerle asilo y ayuda hasta que se estabilizara y pudiera independizarse

Todo su círculo amistoso se había esfumado, como buenos clases medias, habían huido, no les fue fácil, les dolió muchísimo. Irte de tu tierra nunca es algo fácil, pero ciertamente, tenían una posibilidad que muchos otros añoraban.

Los que se quedaban porque no tenían dichas posibilidades, sentían una puñalada en el estómago cuando veían a un experto en televisión opinando que se estaban yendo los mejores cerebros del país

En las redes sociales también se pueden encontrar declaraciones de gente diciendo que, quienes se quedaban, era porque constituían una parvada de conformistas, masoquistas o lame botas del régimen.

Para ninguna de las dos caras de la moneda es, o ha sido fácil.

Bogotá, buen clima, ciudad pujante y logras con tu trabajo lo que no logras en un país bajo una tiranía.

Vicente, de forma desesperada, buscó pesos para irse con alguito en el bolsillo. No tenía tarjeta de crédito, por lo tanto, obtener divisas para viajar se le hacía imposible. Tuvo que recurrir a las transacciones negras. Pero el peso colombiano también le era difícil de encontrar.

Su tía pudo prestarle 30 mil bolívares con la promesa de que él debía devolvérselos en pesos o dólares, una vez se hubiere establecido en la hermana república.

Antes, la historia era diferente. Del país vecino, cantidades ingentes de inmigrantes llegaban en busca de una vida tranquila y un futuro mejor. Treinta años después, la historia se desarrollaba de manera inversa.

La devaluación era inminente. La escasez y la ira provocada por un sistema que mutila las libertades más esenciales de un ser humano, pusieron a pelear a hermano contra hermano a la puerta de los supermercados y tiendas de alimentos, tan solo por migajas.

Las escenas vistas en las redes sociales -porque ya en la TV no se podían airear ese tipo de asuntos- le provocaban una urgencia tal, que decidió irse así, sin esperar ni planear más nada. Debía escapar cuanto antes.  En Cúcuta cambiaria los inservibles bolívares por unos cuantos pesos.

Cuando Vicente le comunicó la presurosa decisión a su amigo vía Skype, este le dijo:

–   Men, no sé si puedo ayudarte, vienen unos amigos a quedarse y ellos si traen suficientes pesos, además, aquí las cosas no son tan fáciles ¿Qué pasa si no logras encontrar trabajo? No podré tenerte por mucho tiempo

Vicente agradeció de forma parsimoniosa y ofreció disculpas a su amigo por el atrevimiento de hacer caso a sus insistentes invitaciones a salvarle la vida de forma “desinteresada”.

Vicente recordó de nuevo al señor Sammy y su descripción de la casa en Villa Marina. Se imaginó con los suyos disfrutando del viento del crepúsculo acariciando sus rostros, las gaviotas zambulléndose en mar, para salir segundos más tarde, con peces en el pico. Sus sobrinas chapoteando en las olas, felices.

Que capacidad tienen algunas personas de hacer ofrecimientos de la boca para afuera, pero que se esfuman en el momento cuando decides entrar en acción, tomando sus palabras en serio.

Irresponsable manera de ser ostentosos con los demás. Una falsa solidaridad. Echonería. Boconería. Charlatanería. Venezolanidad.

 FIN

© Edwing Salas

01/11/14

La fiesta en el súper …

Fiesta en el super 2

Al bajarse la última compuerta, cerrarse el último candado, encajar el último cerrojo y encender el sistema de alarmas, se apagan las luces. Los habitantes de la comunidad más recalcitrante que ciudad alguna pueda albergar salen de sus contenedores, sus orificios, sus árboles y pasan del basurero trasero del supermercado a sus corredores principales. Son las diez de la noche. La jornada de fiesta alimenticia comienza.

Se han ido los gigantescos y amenazadores humanos. Ahora las ratas son las dueñas del lugar. Inician su bacanal entre las envolturas de papel sintético de los anaqueles, las impenetrables latas y los frágiles mantos de envoplast que cubren los embutidos del moho y la humedad, pero no de unos dientes diseñados para roer y cortar con suma precisión y frialdad.

Mientras la vida del animal superior del planeta transcurre entre economías depredadoras, guerras santas y plastificación de los sentimientos. Afilados dientes roen cemento, hierro, madera, plástico, poliestireno.

Rasgan sin parar día y noche, tratando de entrar en sus casas, en sus comercios, en sus cuarteles, en sus palacios de gobierno y recintos asamblearios. Hay que encontrar agua, alimentos y, sobre todo, un nido donde traer las crías que seguirán devorando el mundo de forma subrepticia y desesperada.

Los pasillos del supermercado se convierten en transitadas avenidas de una gran ciudad con rascacielos divididos por departamentos. Antes, era una metrópolis pujante de marcas y productos, pero ahora, muchos ya no están.

Los transeúntes de la noche, quizás notan algo raro, pero para ellos y su indescriptible capacidad de sobrevivir y adaptarse, la falta de leche, harina, aceite y otros rubros para el sustento y la sobrevivencia de los asquerosos humanos les tienen sin cuidado. Para ellas, aún todo es pletórico, abundante.

Unas buscan despacio e instintivamente. Otras cruzan de un lado a otro, llevadas por el hambre, la premura y la astucia. Los fantasmas no existen, solo estos seres que una vez casi acaban con Europa entre 1348 y 1350. En aquél entonces, el humano, aunque cruel, era frágil y aún tenía temor de Dios.

Los chillidos frenéticos delatan la actividad de estas criaturas cada vez más grandes y amenazadoras. Mientras más grande es el roedor, más sucia tiene el alma la ciudad, el país, el continente.

Ese sonido agudo que producen obedece a que se pelean por un botín de maní o jamón de pavo, por una porción de pan o el queso pasteurizado. Otras, solo emiten el gemido de placer mientras fornican sobre la caja registradora. Algunas ratas kinky les gusta aparearse sobre las carnes congeladas o sobre las acelgas. No hay sitio, ni instinto que las detenga.

Sus excretas son la única señal que delata su presencia. Están sobre el tocino, los refrescos, los perfumes, los desinfectantes, los cables de alta tensión, las bombillas. Son omnipresentes y casi siempre pasan desapercibidas ante las personas que alimentan su morbo en las colas y respiran el imperceptible olor de un desecho orgánico con el tamaño y la descripción de una pequeña semilla negra, de aproximadamente, medio centímetro.

Hasta un roedor de campo se daría cuenta de lo inútil que resulta aglomerarse y perder, dos, tres, cuatro, cinco y hasta seis horas en una fila para obtener solo miserias, violencia, enemigos y una autoestima cada vez más baja.

Las ratas solo deben esperar a que se haga de noche. Para ellas no existen tiempo de espera, ni productos regulados, ni capta huellas, solo entran y ya.

Durante el día, no hay chillidos de roedores, pero si el clamor y los gritos de mujeres que se matan a puño limpio en esas colas en la entrada del local. Hay desespero, traslado de un pasillo a otro en búsqueda del rubro deseado que ha activado las alarmas del instinto de supervivencia, porque ya no existe, está regulado y quizás en Colombia valga buen dinero.

Es muy probable que antes, ni siquiera tomaran en cuenta ese producto tan codiciado. Se daba por sentado para siempre su existencia infinita y su función permanente como parte del bloque de la cotidianidad, eso que cada vez luce más distorsionado e imposible.

Los animales en dos patas no pueden roer poliestireno, ni madera, ni hierro, no tienen dientes para eso, pero igual se las arreglan para rasgar las migajas de su presupuesto familiar.

El robo que desmigajó una moneda fantasiosa, impuesto para empobrecer y controlar voluntades por alimañas más recalcitrantes que los roedores, ha carcomido las almas, les ha abierto un hueco en la inteligencia, donde iba el sentido común. Esos espacios vacíos ahora son madriguera de ratas, sapos, serpientes, alacranes, topos, sanguijuelas y vampiros.

El humano tropical que habita en el norte de la América del sur es un santuario de animales plaga que habitan en el fondo de su ser.

Sus horas de vida se van en búsqueda de recursos, refugio, un orificio por donde entrar a la bacanal de quienes mandan. Una ranura por donde mirar el espectáculo del enriquecimiento, el despilfarro. El sexo sobre cadáveres abaleados, la risa sobre el llanto de niños sin futuro, el descaro que da la tradición y la herencia bárbara.

Son las cuatro de la mañana. Empiezan a salir de sus agujeros las personas que inician la espera en la entrada del supermercado.

Estoicismo es un concepto que no entienden las ratas de alcantarilla. Ellas buscarán salir del laberinto. Grabarán el camino recorrido una y otra vez hasta encontrar la salida correcta.

Esperarán en la oscuridad de los basureros, brincarán a las espaldas de los hombres del aseo urbano, mientras estos voltean sus casas/silos para llevarse su sustento diario. Es una guerra no declarada, asimétrica, instintiva y fundamentalista. La similitud entre las especies es cada vez mayor.

Toda alimaña que se arrastra por el piso lo sabe, en especial, aquellos que se empeñan a permanecer con sus dos rodillas sobre la tierra.

     FIN

© Edwing Salas

22/10/14

Ilustración:

© Edwing Salas

El Mal@bar

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La música emite sus compases calientes y un moreno vientre descubierto se ondula en todas direcciones. Un espiral de piel sudada en movimiento, con caderas circundando la hebilla del compañero de baile.

Pantalón blanco, ceñido, que deja ver el diminuto hilo dental. Un movimiento menudo. Largos cabellos oscuros, frente sudada y labios húmedos. Ritmo llevado peculiarmente, por un impedimento.

No siempre fue así, la vaina no viene de nacimiento. Fue por culpa de un accidente de tránsito que casi le cuesta la pierna. Si no hubiese sido por su antiguo marido, quien se la llevó a Estados Unidos para operarla, hoy no estaría en la pista derrochando deseo y curiosidad.

El muchacho que baila con ella, lo hace de manera discreta. Solo es uno de los esbirros de Fix, el novio de Lisia. Él los ve bailar desde la mesa donde está sentado. No le gusta mucho el baile, pero para divertir a su mujer, que adora hacerlo, prefiere disfrutar contemplando como ella menea sus caderas y luego hacerle el amor fogosamente.

– ¡¿Quién es esa?!

Preguntó excitado el Gato, el jefe de la mafia de los autos. Un sujeto duro, su aspecto era como el de un skinhead, con un ojo amarillo y otro verde claro;  usa barba estilo candado.

El Gato era divertido cuando andaba de parranda, relativamente buena persona, si se toma en cuenta el tipo de trabajo que tenía, pero sufre el típico defecto de los de su clase; cuando de mujeres se trata, y si hay alcohol de por medio, no hay nada que lo detenga.

– Esa es la novia de Fix – respondió Sann, uno de sus hombres de confianza-

El Gato miró más allá de la pista y vio a Fix, sentado con una copa en la mano, disfrutando del baile de su mujer, a su lado otro esbirro; el enano superpeligroso, que se servía el líquido transparente de la gran botella que estaba en la mesa.

La banda de Fix era conocida por desvalijar, vender y comprar partes de autos robados. Era una especie de empresario que formaba parte del mismo mercado del Gato. Se conocían, hacían negocios juntos, lo típico de ese gremio, nada más ni nada menos.

El Gato, con dos días seguidos de bebidas y orgías a cuestas, empezó a dirigirle miradas insinuantes a Lisia, que no paraba de bailar. Pieza tras otra, mientras más la miraban, más se ayudaba de su defecto para marcar un ritmo único y enloquecedor.

Ella respondía también con risas y miradas provocativas. Ya la conexión estaba hecha, solo faltaba tiempo para que El Mal@Bar se convirtiera en un circo de plomo que le da mucho que hacer a la ley y los forenses todas las noches.

Lisia tomó una pausa para sentarse con su hombre. Él la recibe con un beso de lengua, ella sonríe complacida, toda empapada por el sudor. La copa que esperaba es vaciada de un solo sorbo. Tenía sed, y ese fuerte miche se perdió en su boca. Fix le sirve un nuevo trago y ella se lo empina de nuevo, dirigiéndole una caliente mirada al Gato en la mesa de enfrente. Él no la ha perdido de vista, con emoción les comenta a sus guardas:

– ¡Ya está lista! ¡Ya es mía! Esa maldita coja me gusta mucho, la voy a dejar alineada y balanceada cuando la agarre.

Sann y el otro acompañante del Gato se miraron, rieron y luego con curiosidad y preocupación, le preguntaron por el novio.

– ¡Al diablo! ¡No me importa! ¡Esa maldita coja es mía esta noche!

– ¿Has tirado alguna vez con una coja?, por ahí dicen que esta es un diablo en la cama, que por eso es que Fix últimamente anda todo tranquilo. – dijo Sann-

– Sí, debe ser, mira como baila, es una Verduga… bueno, una vez me acosté con una inválida. Primero me hizo felación desde su silla ¡Eso fue el cielo en el ala de una mariposa! Luego la bajé y lo hicimos en el piso para mejor estabilidad y empuje, la verdad no pensé que fuera tan genial. En otra ocasión, una maldita tuerta se introdujo mi glande en su orificio ocular, esto fue genial, no sé si era por el ácido que me había metido, pero lo cierto es que no me dio asco… además me dio suerte, porque esa misma semana salí vivo del volcamiento ¿Te acuerdas?

Las risas estallaron en la mesa del Gato, con sus anécdotas sexuales.

Lisia se levantó a bailar de nuevo, poniendo a todo el local a la expectativa, tal como sucedía siempre que ella cojeaba hacia la pista de baile. Esta vez la pareja era el mismo Fix.

Los de la mesa de enfrente, todavía con la risa en sus labios, miraron con atención, la coja otra vez se transformó en una licuadora, moviéndose con gracia y singularidad. Esto hizo que el alcohol y la libido se le subieran a la cabeza al Gato, nublándola por completo.

– ¡Dale maldita coja! ¡Vamos! ¡Arriba!

Los gritos se opacaban con la música, la pareja bailaba tranquilamente, los hombres del Gato trataban de calmarlo, pero este no estaba colaborando. Por fin, logró calmarse y apuró su trago. Para empeorar, ella lo provocaba, con miradas sugestivas. El felino reía con ella. Señas iban y venían.

– La voy a sacar a bailar…

Los guardas se alarmaron al escuchar esta sentencia; su jefe estaba demasiado excitado y bajo la influencia. Las parejas bailaban, la música salía atronadora por los parlantes, el alcohol y el cigarro impregnaban el ambiente; la noche seguía su lógico desenvolvimiento, había humedad y calor en las temperaturas corporales de todos los presentes en El Mal@Bar.

Los gritos del Gato eran cada vez más fuertes. Alrededor, la gente reía al oír las ocurrencias del calvo; sus acompañantes estaban preocupados y se preparaban para lo aparentemente inevitable.

En la mesa de los bailantes, los otros dos guardas ya estaban notando la situación. El Gato se levanta y empieza a bailar aupando a la pareja, en ese momento, una chica pasa y el gato la toma de un brazo repentinamente y se la lleva al medio de la pista.

La música de Añez y Cufiño con su “Arepa de Cazón” hacían estremecer a la multitud que bailaba frenéticamente. Las parejas en la pista se movían jadeantes. Lisia y el Gato intercambiaban miradas, señas, sonrisas: el felino estaba confiado, sus cinturas se atraían mutuamente, aunque todavía estaban a distancia. El calvo bailaba con maestría, robándose el show como siempre.

Fix estaba tranquilo, aunque su mirada era un torrente a punto de desbordar su cauce; le dijo algo a Lisia, ella rió y siguió la faena. En un estallido, su pareja la toma de la mano con fuerza tratando de llevársela a la fuerza de la pista.

– Deja bailar a la dama, no ves que le gusta -chistó el Gato con gracia-

– ¡Eso no es de tu incumbencia! ¡Ella viene conmigo y punto! -gruñó Fix-

Los dos hombres se miraron fijamente, emitiendo agresividad por sus pupilas; el Gato estiro sus labios hasta mostrar una sonrisa, que acompañaría con un levantamiento de cejas. A Fix no le hizo ninguna gracia.

La música seguía, ellos estaban en la pista, la gente a su alrededor bailaba, pero también seguía con detalle lo que ocurría. Lisia, por fin, resolvió bailar sola, desafiando aún más a su novio. El calvo estiró mucho más su sonrisa, poniendo cara de ironía.

– Ahh, con que quieren bailar…

Fueron palabras de Fix antes de retirarse y desaparecer entre la multitud, la nube de humo y la oscuridad del lugar. Lisia, el felino y quienes seguían los hechos en la pista estaban a la expectativa. La coja bailarina estaba asustada, le dijo al calvo que se fuera, los guardaespaldas de este se acercaron con las manos sobres sus respectivas fundas. El furioso novio no estaba en su mesa, pero sus esbirros también se lanzaron a la pista, desafiantes.

Los bailadores que se percataron de la situación huyeron despavoridos ante un eventual enfrentamiento. El local se volvió un gallinero y oleadas de gente, muchos de ellos sin saber lo que pasaba, pero que se movían por inercia, empezaron a correr, tumbando todo; botellas y copas fueron a parar al piso.

Los empujones de la turba derribaban a los menos enterados, exponiendo sus caras contra las esquirlas, que se clavaban en los rostros desesperados y a punto de asfixiarse. Algunos tenían sus pistolas en mano, incluso, los de la pista, pero nadie disparaba, el brillo de los cañones niquelados formaba una suerte de mirror ball de la destrucción.

Afuera, la muchedumbre brotaba de la puerta como si El Mal@Bar los vomitara. La policía llegó con sus luces y música de sirenas, las ambulancias llegaron oliendo el rastro de la tragedia, pero nadie había agredido deliberadamente a nadie.

Los aplastados habían sido víctimas de una histeria colectiva, producto del conocimiento del ambiente hostil imperante en el local cada noche. Fix había desaparecido y su desvanecimiento era lo que había provocado tanto revuelo: “¿Habría ido a buscar combustible para incendiar el lugar?” “¿O una ametralladora para matar a su mujer y el tipo que la estaba sonsacando?”

Nadie quería el sabor plomizo de una bala pérdida, sin embargo, no dejaban de frecuentar el lugar, sabiendo lo inseguro que era. Todas las noches iban a divertirse, a riesgo de no volver a sus casas.

En el sitio, los chismes se derramaban como un torrente que adquiría más fuerza, con la torcida percepción de cada quien:

– ¿Escuchaste el disparo?

– Eran unos que se dieron puñaladas en la pista de baile

– Y también hay una tipa que salió herida, anda coja

– Me siento mal…creo que voy a… ¡Bluuuuaaacccckkkkgggg!

A diez cuadras de donde había sucedido todo, en un elegante restaurant, un hombre tomaba un trago en silencio, levantando la copa a la salud de una hermosa y virginal jovencita nipona, que lo miraba sonriente, a escondidas, para que sus padres y el prometido no se dieran cuenta de su coqueteo con el misterioso individuo con aspecto de mal viviente.

El solitario bebedor parecía haber cazado una presa, sonreía con malicia. En su mente, a veces veía la imagen de una coja bailando sensualmente, un rubio calvo, tratando de seducirla.

Junto a ella surgían unas interrogantes y sus respuestas: ¿Qué habría sido de ellos y de sus esbirros? “De seguro estarán celebrando, burlándose de mí por haber dejado el lugar sin luchar ¿Para qué pelear por algo siempre perdido? esta noche es para pescar casualidades de seda”.

Tranquilos pétalos de inocencia e ingenuidad; esa que se siente atraída por lo malo y dañino. “Mañana veré que hago con aquellos…hoy es día de lucir la brillante malicia ante la siempre atractiva y sedienta virginidad”.

En un oscuro callejón, el Gato, Lisia, los esbirros del felino, más los de ella, se esconden y tratan de huir de la policía, que busca a los causantes del alboroto del Mala@Bar.

Era injusto, ellos no habían causado nada, todo fue producto del temor y la paranoia de los asistentes, pero ¿Quién le creería a gente con prontuarios judiciales tan prominentes?

Otro mal rato, otra anécdota que contar, para todos los involucrados en estos sucesos solo se trataba de una noche más, tan igual como las anteriores, llena de la peligrosa rutina de aquellos que, temiéndole a una vida recta, solo se ocupan en buscar una salida de plomo.

                                                                   FIN

© Edwing Salas

 Todos los Derechos Reservados, mayo 2004

Publicado el 24 de Julio 2014

Cosquilla china

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Cuando Bárbara cabalga en su purasangre llamado Miller se siente en paz consigo misma. Dueña del mundo que la rodea y, sobre todo, húmeda de placer al trotar a pelo en el lomo del animal y sentir como sus labios golpean suavemente contra la espina dorsal del equino, sin nada más que mediar entre ambas pieles, que la delgada tela de su inmaculado y ceñido pantalón de ecuestre blanco, siempre marcando sin pudor su perfecta vagina libre de ropa interior.

Testigo silente de esta rutina devastadoramente excitante es Gonzalo, el tímido cuidador de los animales, cuya fijación con la dueña de todo lo que hay a su alrededor le pone nervioso y lo llena de un mutismo tal que le impide mirarla o dirigirle la palabra siquiera.

Miller acelera el paso y su amazona aprieta sus crines para no dejarse caer ante el orgasmo que experimenta con el trote mientras los golpecitos a su clítoris son marcados y rítmicos.

Desde la puerta de la caballeriza Gonzalo contempla ensimismado como el cabello azabache de Bárbara es una bandera al viento y su piel, suave y tan blanca como su pantalón de montar, brilla con el sol de la tarde.

Bárbara gime de placer en la última vuelta y cae rendida sobre el cuello de su animal, pero pronto, se percata de la mirada de su empleado e intenta recobrar la compostura, disimulando el caudal de sensaciones que ha experimentado hace escasos segundos.  Gonzalo retorna rápidamente a su labor de alimentar a los demás ejemplares, intentando fingir también.

Bárbara lleva a Miller hasta la caballeriza.

-Gonzalo.

– Mande señora.

–   Báñalo y dale de comer.

Gonzalo recibe el caballo y se da cuenta del pantalón blanco de su patrona ceñido y transparente gracias a una vagina notablemente húmeda y recién estimulada. Gonzalo se lleva al ejemplar dándole la espalda a su patrona, emitiendo una tímida frase.

–    Cosquilla China

– ¡¿Qué?! – responde ella sorprendida y sin entender-

Su empleado voltea, impulsado por su instinto de hombre, se acerca a ella y le dice:

– Eso que practica usted con Miller se llama cosquilla china, las amazonas de la isla de Creta lo hacían y en tiempos del Libertador era una costumbre aceptada en silencio por las familias pudientes. Los señores dejaban que sus señoras e hijas se reconfortaran de esa manera, todo menos verlas en la cama de un plebeyo, un negro o un indio.

Las palabras de Gonzalo se desvanecían en sus fuertes y ordinarios labios, percibidos por ella en ese momento como los más apetecibles del planeta, así como su bronceada y musculosa espalda, sus tensados pectorales, brazos y abdomen, ella los había admirado tantas veces y no se atrevía a hacerle saber su secreta afición, aún más oculta que la práctica que hacía sobre Miller, para desahogar su deseo por él, un tímido y bien formado peón de su hacienda.

La impetuosa Bárbara calló a su interlocutor acercando sus labios de porcelana a la boca de él. Ella inmediatamente buscó su lengua y ambas se entrelazaron en remolinos que emanaban corriente.

Eso fue suficiente para liberar al animal atrapado dentro de Gonzalo, quién movido por su instinto sexual abrió de tajo la camisa color salmón de Bárbara e inmediatamente comió de sus pechos con el frenesí de quien encuentra una jugosa fruta en medio del desierto después de vagar 30 días sin comida ni agua.

Bárbara entraba en calor como nunca y brindaba las edulcoradas auras de sus pezones al encanto brutal de su amante intempestivo. Gonzalo la sometió con fuerza dándole vuelta y enganchándola por el cuello con su brazo derecho, mientras, con el izquierdo bajó a retazos el pantalón ecuestre. Ella estaba entregada hace rato a los orgasmos preliminares de la situación.

Sin mediar palabra Gonzalo liberó la dura bestia de sus jeans y embistió por detrás a Bárbara, quien sintió como las paredes de su vagina se estiraban más de lo normal al dejar entrar a ese portento azabache marcado por las venas. El grito de placer que siguió a continuación inquietó a los animales de la caballeriza.

Ese día fue la última vez que Bárbara practicaría la cosquilla china para sublimar su deseo por Gonzalo el peón, quién a partir de ese momento, tampoco fue conocido por ese denominativo, sino más bien, por otro que se haría conocido en poco tiempo en todo el poblado de San Agustín del Río: Gonzalo “El caballo”.

                                                                             FIN

 

© Edwing Salas

2012-2013

Publicado el 12 Julio de 2014

El pastel dentro de la chica

Pastel Mujer

Ramiro se levantó de un brinco al percibir los sonidos de la avanzada mañana entrando por su ventana. El sábado trajo consigo no sólo un día de descanso sino, además, la fecha de su cumpleaños.

Luego de darse una reconstituyente ducha salió del baño para toparse repentinamente con Juliana, cuya cara recién despierta tenía el ceño más fruncido de lo normal.

– ¿Qué significa esto? – soltó aprehensiva-

Ramiro tomó su teléfono y leyó su pantalla, se relajó y respondió con la pura verdad:

-Un mensaje mi amor, deseándome feliz cumpleaños.

Como era de esperarse Juliana explotó:

– ¡¿Un mensaje, un mensaje?! Mira la hora en que te lo enviaron y las cochinadas que dice.

-Mi amor, por favor, no les hagas caso a las jodedoras del trabajo, relájate ¿Sí?

Ramiro respondió con calma creyendo que el día de su cumpleaños no se iba a arruinar por un ataque de celos de su novia. Juliana no estaba en la misma onda que él:

– ¡Ningún relájate! ¡Ya estoy cansada de tus mentiras y tus suciedades!

Lo que siguió de ahí en adelante no estaba en los planes de Ramiro, todo se fue por el caño y la fiesta que le había organizado Juliana ya no se haría, mucho menos tendría el regalo prometido por ella: Un pastel tamaño gigante con una chica en su interior, quien saldría brincando para cantarle el cumpleaños y hacerle un lap dance, fantasía que su novia estaba dispuesta a cumplirle siempre y cuando él  le hiciera el amor salvajemente sobre la mesa de los pasa palos luego que se fueran los invitados.

Terminó celebrando su cumpleaños solitario, en la barra de un bar desconocido y al que entró luego de tanto deambular sin rumbo, luego de tamaña rabia, sin teléfono y con la amargura brotándole de la piel, su tristeza solo podía compararse con la de la atractiva mujer de al lado, quien lloraba desconsoladamente frente a su copa de vino.  Él, más por condescendencia que por cazar, intentó sacarla de su tragedia.

-Sí, el amor es una mierda ¿Cierto? – le dijo compasivamente-

-No si lo encuentras verdaderamente – respondió ella secándose las lágrimas- lo que es una mierda es la falta de trabajo.

– ¿Por qué dices eso? ¿Qué te pasó?

Ella tomó de su copa y empezó a conversar con Ramiro, él le dijo su nombre y ella también, se llamaba Abril y le contó que había llegado de Mérida en busca de una mejor vida y cómo le había costado encontrar trabajo, y cuando encontraba, tenía que dejarlo debido a los constantes abusos de sus jefes, que no paraban de acosarla para obtener favores sexuales.

Llevaba un año en esa situación y su tragedia más reciente es que la habían contratado como animadora de fiestas y eventos para adultos, pero el trabajo que tenía para esa tarde había sido cancelado, por tanto, no tenía para completar el pago de los tres meses que ya debía en la pensión donde vivía.

Ramiro la escuchó con paciencia y la conversación fue yendo por otros derroteros. Los desconocidos que se habían conocido solitarios en una barra fueron descubriendo que en las historias de sus vidas había muchos rasgos y circunstancias en común, fue de esa manera como la tristeza paso a ser simpatía y luego, deseo mutuo.

Ya entrada la noche y dominados por la cantidad de copas en sus venas, decidieron darles rienda suelta a sus ganas en un hotel. Ramiro se introdujo en Abril y ella lo esperó con su vagina húmeda y suave. Ambos se necesitaban, sus cuerpos se acoplaron con la exactitud que solo dos almas gemelas podrían tener.

Cuando Abril se dejó arrastrar por el placer, los músculos de su vagina se desataron y empezaron a moverse para ejercer succión, lo que hizo sentir a Ramiro una sensación que le recorrió toda la medula y tensó sus piernas hasta paralizarlas. No pudo contenerse y estalló en semen dentro de su compañera cayendo exhausto sobre ella.

La bella mujer tampoco pudo controlar los fluidos orgásmicos que salieron a presión de su vulva.  Un nuevo universo nació luego de ese big bang.

Luego de tal paroxismo, ambos se abrazaron e iniciaron su plática, ahora como un solo ser, ya formando parte uno del otro. Abril le reveló que ahora se sentía agradecida de que la fiesta que tenía esa tarde fuera cancelada, debía meterse en un pastel y salir a cantarle y bailarle al cumpleañero, a ella eso le parecía demasiado cliché.

Ramiro al escuchar el secreto se dio cuenta que su cumpleaños había salido mejor de lo planeado, se libró de fastidiosa novia y, si bien no cumplió su fantasía de ver a una bella chica saliendo de su pastel de cumpleaños, se encontró con algo mejor: Un dulce pastel de intensos placeres dentro de una chica bella y sexualmente alucinante.

 

                                                                      FIN

© Edwing Salas

 

01/11/13

Niño hiperactivo de 1790 –Primera parte-

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Os asegvro reinas del drama contemporáneo a la qve la impía sociedad moderna ha bavtizado como “hombres”,  qve no sois ni la sombra de lo qve en vna época fveron los hombres de verdad. Hidalgos caballeros qve rasgaban svs camisas para desnvdar el pecho al plomo, flechas, lanzas i espadas, con la sonrisa demente qve provoca mirar a la mverte de frente, sin baxar la cabeza, intimidándola i sedvciéndola.

Vosotros, con svs artilvgios qve parecen magia negra venida desde el infierno. Svs falsos doctores, a los qve llamáis psicólogos, psiqviatras o consexeros, dignos de la bestialidad imaginativa sin alma de los aborígenes, qve prolongan sv agonía, gracias a vn pvñado de papel inservible, qve ni los mismísimos indios vsarían para envolver meriendas. Os recetan adminícvlos i cvras milagrosas para estar tranqvilos. No sabéis qve el opio i el ron de Jamaica proporcionan la qvietvd de mil cementerios.

Es precisamente a vosotros qve va dirigido este testimonio, sobre el hombre más notable qve época algvna haya podido regalarle al mvndo.

Vn magno caballero, destinado a llevar el arpa con canciones de libertad por toda la América, acompañada por el cercenar de vna la espada desenvainada contra el enemigo, con el indiscvtible sello del glorioso relinchar de sv corcel.

Ese  gran general, qve planeó importantes batallas, dando lo mexor de svs dotes en el arte del baile, en las bacanales qve se daban en sv honor, lvego de derrotar en increíbles combates a los soldados del imperio. O también, en mvchas ocasiones, antes de ello.

El resto de la hvmanidad, inferior en condición, le ha calvmniado de mantvano cobarde i monárqvico, tan solo por no asistir a pelear al lado de svs tropas en esas crventas batallas qve delineaba de forma perfecta en sv mente, cvando se encontraba transitando vn vals la noche anterior, xvnto a algvna exqvisita dama de la sociedad, antes de llevársela a sv habitación o aparecérsele de imprevisto dentro de la alcoba, faltando veinte minutos para la hora de las almas en pena.

¿Por qvé llamar excretas de pollo al hombre qve ya había ganado una conqvista dvrante la noche? i precisaba del día para descansar del axetreo i planear la sigviente movida qve lograra las victorias necesarias para expvlsar al invasor español.

Es bien sabido qve la carne es débil, i cómo Jesvcristo, padeciendo la condición hvmana, también demostró sus flaqvezas –Mi santísimo señor todopoderoso no se ofenda por la comparación- El general también caía en las tentadoras garras de la lvxvria, tal cómo sus héroes más admirados: Napoleón, Alexandro Magno i las deidades griegas.

Si sv afilado e insaciable sable de carne se antojaba con vna negra, pves, esa noche penetraba a vna esclava. Si le agradaban las gracias i modales de vna criolla, pves se cabalgaba a la criolla i listo. Si vn xoven o vn soldado le parecían bvenmozo i valiente, pues véngase también.

Svs celebraciones favoritas eran las de temática griega, donde él i svs generales se hvndían en vna marexada hvmana de cverpos desnvdos, donde todos i todas las presentes llevaban lo svyo, tal i cómo lo hacía el gran Alexandro i sv corte en el esplendor de sv creciente imperio. I qve conste, no estoi inventando o exagerando nada. Sv mismísima excelencia era vn individvo de vangvardia, así mismo se lo hizo saber a su qverido amigo Perv´ De Lacroix.

El general era vn hombre versátil, vniversal, o como diríais en vvestra época: vnisex.

Vaya vsted a saber lo qve ello significa, pero es lo qve  vvestro gentilicio diría ¿Cierto?

Pves bien, cómo habeís notado, padezco de vna verborrea incontrolable, i eso siempre me desvía del camino principal para llevarme por las hermosas, pero bizantinas sendas del divagveo. Es por eso qve ofrezco sinceras excvsas porqve el testimonio qve había venido a relatarles no es el qve han presenciado.

Lo qve qvería contaros de mi general no pertenece a sv etapa pvblica historica, narrada hasta el hastío en vuestro presente. Lo qve realmente debí haberles narrado fve cómo era sv niñez, cuales fveron las anécdotas i acontecimientos qve formaron al mozo rebelde e indomable, aqvel qve escapó de casa de sv tío para refvgiarse en la vivienda de sv maestro con nombre idéntico al de sv merced.

Qvizás penséis qve se trató de vna infancia atormentada i triste, pero dexadme deciros qve os equivocáis.

El peqveñín fve vn niño felíz i sin ningvn tipo de mortificaciones. Gozó de la atención de sv santísima madre i svs encantadoras i bien instrvídas hermanas, qvienes poseían el don de la sabiduría al saber quererlo, pero sin mimarle hasta el pvnto de la odiosa malcriadez.

El infante era svmamente inqvieto ¿Qvién no lo es en esa etapa de la existencia?

Qvizás los dramáticos i exagerados de vvestra época le llamen…le llamen… “Jiperactivo”. “Hiperactivo”, así es ¿Verdad?

Bveno, de cvalqvier manera, hoy no tengo tiempo de nadar hasta esas profvndidades. Pero les prometo qve tan pronto como regrese, les contaré como era el niño hiperactivo del ano 1790 de nvestro señor, a los siete años.

Por lo pronto, debo partir, ha cantado el gallo, se aproxima el alba. La hora de las almas en pena ha terminado.

   Continuará….

(c) Edwing Salas

  30/05/14 

 

 

 

 

Niño hiperactivo de 1790 -Parte final-

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¡Oh, vaya, pero qve pvntval sois!

Aqví os encontráis de nvevo. Me alegra saber qve aún existe gente de vvestra época qve se preocvpa por la memoria de mi general, qve el poderoso lo tenga a bven resgvardo i le haya perdonado svs pecados, qve fueron mogollón eh, pero oxala sv obra emancipadora le haya procvrado vn lvgar en el Olimpo glorioso de los héroes. Como se lo merece, cómo él siempre lo deseó.

Bveno, al grano caballeros: recverdo perfectamente haberlos citado aqví en este mismo lvgar i a esta misma hora, qve es la de los hombres como mi merced, para relatarles los detalles de la mocedad de mi gran general.

Al cerciorarme qve sois cristianos de palabra , empezaré por deciros qve el hombre maravilloso qve conoció el mvndo, empezó a tener svs primeros destellos por allá en 1790, a los siete años, por aqvel entonces, ese peqveño descendiente de los Bolibarjauregui ya tenía cinco años habiendo svperado la mverte de su padre, qvién se despidió de lo terrenal cvando el niño apenas tenía dos, marcando el designio de la tvbercvlosis en su genealogía, bveno , todavía hay mal intencionados i envidiosos qvienes xvran en vano que tanto padre como hixo fueron víctimas de sus miembros voraces i cvlifandangveros, pero ¡Eso es falso! ¿Me han escuchado? ¡Falso!

Doña María Concepción i svs hixas, las hermanas mayores del infante cvidaban de él mvy bien, siempre lo hicieron. Avnque la madame no qvería maltratar sus senos de porcelana para qve no qvedaran como los de una india: aplastados i rechvpados, le encargaba esta tarea a Hipólita , la nodriza principal , alternándose ambas esa labor.

La negra Hipólita fue la vnica qve metía sv teta en la boca del niño, aparte de Doña Concepción.

Así como les he asegvrado qve lo de las venéreas complicadas en tvbercvlosis es totalmente falso, así mismo le xvro, por mi cabeza, qve ningvna cvbana amamantó al general cuando era apenas vn qvervbín, avnque con los años llegó a hablarme de las tetas i el cvlo de vna cvbana qve conoció mientras organizaba sv campaña por el Caribe.

Me dijo qve se fue en leches enseguida sobre el chinchorro, ante la fogosidad de esa esclava cvbana que satisfacía a los hombres de la casa grande, mientras se encontraban de visita en Haiti.

También, creo qve me dijo, de esto si no estoy mvy segvro, son vnos cvantos siglos, saben, i la memoria de este anciano espectral, svele patinar de vez en cvando. Pero creo recordar, qve en vna oportvnidad, cuando habíamos fvmado vn poco de opio i libado unas cvantas botellas de ron, me dijo  qve vna cvbana fve qvien lo inicio como hombre, todas ellas son así, sabrosas, les gvsta el baile, el trago dvro i satisfacer sus fvegos internos, gratis o por dinero.

Cvando había monedas o comidas de por medio, se esmeraban mvcho más, pero en verdad, con el perdón de Dios, qve el diablo me lleve si esas no eran las hembras más calientes del continente. Ignoro cómo lo serán ahora en sv época, pero en la nvestra eran de lo más libertinas.

Volviendo a lo qve nos ha xvntado a esta hora, el niño a los siete años era como cvalqvier otro de sv edad i posición, sin dvda, tvvo una infancia plena i feliz: se bañaba en el río, le gvstaban los dvlces, odiaba ir a misa, se deleitaba en repetir las insolencias de los grandes entre sus compañeros de xuego i era castigado constantemente por esta causa.

Adoraba montar a caballo, avnqve tenían mvcho cvidado en no permitírselo en exceso. A esa edad ya era un fiel amante de la mvsica, aprendió a bailar viendo i practicando con svs hermanas mayores, qvienes elogiaban sv talento natvral i oído nato para llevar el ritmo i ejecvtar los pasos, como si se tratase del cortesano más asidvo de las galas francesas.

Otra de svs pasiones era la lectura. Pasaba horas bajo los frondosos árboles de las enramadas disfrvtando de versos, sonetos i también las historias i romanceros caballerescos de entonces, deleite de la chiquillería mantuana.

Cómo todo chiqvitín de grandes ínfvlas, como las qve siempre tvvo dvrante toda sv existencia, i qve mis palabras no le ofendan,qveria saberlo todo, i llenaba a svs mayores con pregvntas cvya cantidad i complexidad, obligaba a los aludidos a regañarlo o mandarlo a hacer cvalqvier otra cosa, para sacarle de la cabeza esas locas ideas i conversaciones qve ya reflejaban sv profvndidad para las grandes proclamas i discvrsos.

Debido a ello, sv tío le daba vna reprimenda verbal i lo mandaba a qve se entretvviera con el pasatiempo más popvlar entre los xovencitos de sv alcvrnia: apedrear esclavos.

Se volvió todo vn experto en golpear i sabotear a svs sirvientes e hixos peqveños a cvalqvier hora del día i época del año. Llegó a desarrollar vna verdadera afición por esa actividad i ya en su advltez, se qvexaba de extrañar esa sana costumbre de sv época.

De hecho, durante el fervor de la gverra libertaria llegó a decirme:

“A veces me provoca amarrarlos en vn pilote i apedrearles, azotarles i luego me los pasaría a todos i todas por el arma de mi carne, lástima qve ahora debo darles la libertad, tan solo para asgvrarme qve en vn fvtvro ellos no le hagan eso a mi merced, tal cómo se lo hicieron a los lores de Haití. Avnque la parte de ser pasado por svs garrotes, me tiene sin cuidado, no es tan doloroso como me decía Miranda, además, yo soy vn hombre”

Qvizas vosotros, en vuestra época habríais catalogado la niñez del general como agitada i mui inquieta, pero se os asegvro, era vn niño dvlce, precoz i mui bien portado. En otras palabras, no era vn hiper…vn hiper, bveno, ya saben, eso pves, ¡Vna ladilla!

 FIN

© Edwing Salas

04/07/14