Llega al Kiosco:

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-Una Cerveza

-¿Botella?

-Sí

Saca la botella de Schneider y el del Kiosko le dice:

-No, la de Schneider no la aceptamos así, pero, si querés te doy una Quilmes y te hago el importe y mañana me traés la botella.

-Okey, dale

Le traen la cerveza en una bolsa negra y le entregan un ticket para que retorne la botella al día siguiente, para devolverle el depósito por la misma.

Llega a su casa y saca la botella.

-¡Es una fucking Brahma!

Le da pereza volver. La bebe escuchando “She sells sanctuary” de The Cult.
© Edwing Salas 
28/10/15 

La pizarra de Chaplin

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No se trata de vos

Se trata de la invisibilidad

No se trata de la situación

Sino del natural descarte

No se trata de la soledad

Ni de una caída más profunda

Se trata de lo único que al final

Llega a resultar

 

La relectura de la pizarra

Las palabras de Chaplin

Que de nuevo santifico y venero

Ensalzo el cliché

De servilletas, licor

Y tinta

Un solo vaso

El adictivo maní

Acompañado del péndulo

Que no se detiene en ningún lado

Es el mismo personaje secundario

Que muere en el drama

La comedia

La ciencia ficción

Cuan vasto espacio

Una odisea vacua del  big bang

Se sigue expandiendo el tedio

La constelación preferida

 

Manos llenas

De moscas inertes

Del verano

Grandes, lentas, atontadas

Fáciles de eliminar

Fáciles de olvidar

Fáciles de identificar

 

Como el olor del café

Fúnebre despertar

Ese que cada día

Atormenta con su risa

 

La hechicera llega tarde

Intenta leerse a sí misma

Pero su perfume apurado

Marca la estela de su huída

 

La infusión del Vultur

Quitará el vértigo de la añoranza

Unas cuantas hojas

Prisioneras enfilmadas

 

Mucha altura

Mucha anchura

Mucha demanda

 

Es una transparencia admirable

Una luz

Que no se apague

¡Nunca!

Ni siquiera a la distancia

 

Porque la pena vale

Y ha valido

Habernos topado en el camino

 

Aunque sea

De manera inevitable

 

Pero no tanto

Como para destruir futuros

Como ofertas de supermercado

Lo que realmente

Es demandado

 

© Edwing Salas

13/11/15

Más números rojos

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Es de suponer que, con un desarrollado instinto de conservación y supervivencia, se pueda tener, además, la capacidad de la predicción.

Así sucede. Pero no siempre.

Las posibilidades se calculan con una matemática natural; inherente a cada respiración, movimiento y acción registrada.

Estas infalibles capacidades, también deberían venir acompañadas por una hoja de Excel, donde se registren todas las posibilidades e imposibilidades que constituyen una determinada situación.

Un grillo va y viene en constante repetición. Es un loop deliberado. Lo único que se puede pronosticar.

Letras, signos, oraciones y párrafos constituyen un territorio. Una ciudad que se levanta sobre ruinas de algo concebido con aparente lucidez.

El frío, el sudor, las manos arriba, sin sentido alguno, recuerdan a la canción “Stranger in the stranger land”.

No existe niño de llanto eterno.

Está el cronómetro y su delgada frontera. Esa que permite sombras, abstracciones y movimientos de ajedrez.

La pieza más pequeña es sacrificada en menos de cinco movimientos. Continuidad “Kubrickiana”.

Siempre, en búsqueda de la heroína perfección. Esa adicción mortal y sin ningún beneficio. El instinto es pecado mientras sea lo que el resto no busca.

El espacio lo determina la cantidad de arcilla que mancha límites.

No puede brotar más que un solo de fraseos distorsionados. Como en vértigo continuo. La soga que permanece fija y el entablado gira en su búsqueda. Un suspenso del siglo XX, el mejor de todos, sin duda.

A fin de cuentas, no se trata de eso, sino, más bien, de una estructurada descripción que pudiera tener una paleta que mezcle la obra de Schrader, Los Farelli, Mamet, Allen o Junot Díaz.

La circunstancia supera y revela la verdadera caricatura, razón por la cual, la culpa siempre resulta un recurso un tanto sobrevalorado, pero bien justificado.

© Edwing Salas
17/10/15   

Río de las sirenas

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Es un torrente ferroso, gris en el fondo, la corriente ruge agresiva y se escucha mecánicamente varios metros a la redonda.

Los pobladores de esa ribera moderna ya deben estar acostumbrados al decibélico vaivén de las horas pico, a los rápidos pececiclos, que se escabullen zigzagueantes, como descargas eléctricas, entre los animales más grandes de cuatro membranas flotantes.

El ruido que pueden producir algunos pececiclos es como el de una bestia rabiosa de gran tamaño. Por eso, asustan cuando se aproximan, las personas temen por su seguridad, porque estos animalitos, a veces, cuando andan en manada, pueden quitarte pertenencias, entre ellas, la vida misma.

También, los manatíes transportadores emiten un sonido atronador.

¿Y qué decir de los gigantescos caracoles come desperdicios?

Se dejan ver en ocasiones a plena luz del día, pero son nocturnos. Van y vienen durante toda la madrugada. Su ruido al colectar, masticar y digerir puede interrumpir el pernoctar del más dormilón.

Quienes sacan del sueño más profundo son las sirenas. Se escuchan venir con sus frenéticas voces agudas, haciendo que todos se hagan a un lado para dejarlas pasar cuando bajan con la corriente, desde lo más lejos, como fluido de luz que desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Dormir junto a una ventana cercana al río no es lo más recomendable, si la estabilidad del descanso es endeble.

Cada noche pasan con puntualidad escalofriante: a veces, a las once o doce. De dos a tres de la mañana y en la hora más molesta: seis, al amanecer.

Durante el día no se detienen, al contrario, se les escucha aproximarse a gran velocidad en exactas horas pico. Una rutina que se hace notar.

Su presencia en el amplio canal de navegación es aviso de que alguien se debate contra la muerte, o ya perdió la batalla.

No todas cantan de la misma manera. Quizás, la onomatopeya escrita y literal pueda ayudar a ilustrar como son las sonoridades de los distintos tipos de sirenas.

Las que más predominan son las que hacen: “Iuuú-huuuuuuú- Iuuú- Uhuuuuuuuuuú-Uhuuuuuuuuuú-Uhuuuuuuuuuú”. Otras dejan escapar como un aullido inverso: “Uhhh –Ihhh  Uhhh –Ihhh  Uhhh –Ihhh” y, por último, las menos comunes, cuya señal sonora es entrecortada y  quebradora de nervios: “Uuuuhhh-Iiiipppp.  Uuuuhhh-Iiiipppp. Uuuuhhh-Iiiipppp”.

De tanto que pasan, llevando o trayendo algún anciano en pleno epílogo, o una persona joven, abatida por alguna mala hora en su destino, el oído suele desensibilizarse y hacerlas parte del entramado sonoro que sirve de fondo a la cotidianidad de quienes atraviesan el río diariamente; guiados por las luces intermitentes de los árboles amarillos o negros.

A veces, el río es manso en altas horas de la noche, sobre todo, de domingos a miércoles. A partir del jueves, la corriente se hace tan agresiva como lo es de lunes a viernes durante el día.

Hay que ser precavidos al cruzar de una orilla a otra, no vaya a ser que su fluir metalizado te arrastre y seas devorado por algún pez ferroso que no pueda detener su veloz nadar.

Si eso sucede, aparecerá una sirena y te llevará en su interior, donde intentarán salvarte: empieza el combate contra la muerte.

Pero, en realidad, gracias al cielo, existen muy pocas posibilidades que eso ocurra, a menos que te toque.

Somos seres oriundos de las selvas de concreto y conocemos como funciona el ecosistema.

Existe la certeza de que un petrificado fondo de asfalto es un seguro canal de navegación en un solo sentido (como en el pasaje descrito), más que un lindo y apacible río infectado de candirús.

 

                                                                     FIN

© Edwing Salas

26/10/15

Informe sobre las deidades de arena, joyería y tesoros falsos

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¿Qué tan acertada debe ser la búsqueda?

La palabra “suerte” sería la obvia respuesta para blindarlo todo con el manto metafísico del azar inexplicable. Algo que escapa al control de la persona.

Pero, saben qué, en estos años de búsqueda incansable del Gran Sentido de la Oportunidad de Oro (GRANSENSO), hemos comprobado que, la técnica, unida a ciertas condiciones climáticas y biológicas podría llevarnos hasta el lugar donde se esconde la mayor riqueza que ser humano alguno pueda encontrar.

Sí, ya sabemos que como equipo de expertos investigadores y buscadores de tesoros hemos tenido tropiezos que han arrojado una seguidilla de fracasos a lo largo de los años. También, resulta obvio hacer hincapié en la importancia de la metodología, unida a las variables propias del campo de investigación.

Este documento, que puede ser considerado un manifiesto, ante sus vehementes demandas de resultados. Ante sus insultos en las redes sociales y ataques cibernéticos a nuestra web oficial de nuestra organización: Sociedad de Arqueólogos Distópicos con la Modernidad (SADISMO), quienes, como entidad sin fines de lucro, salvo el material, carnal y egocéntrico; exigimos respeto y consideración a nuestra profesión y su libre ejercicio en la sociedad contemporánea.

Con respecto a la naturaleza de nuestros hallazgos:

Es nuestro deber aclarar que todas nuestras expediciones han comenzado con buen pie. La seguridad inicial del comienzo nos impulsaba a llegar a donde todo el que está en este oficio quiere llegar: las fantásticas grietas que por sí mismas ya son un tesoro.

Tener acceso a ellas es la razón de toda búsqueda, cada expedición, cada peligro en medio de la noche salvaje y de cualquier exceso en nuestros limitados presupuestos.

Luego de cada descubrimiento; poder taladrar repetidamente hasta que nuestras bombas queden vacías es la consigna de cada aventura emprendida. Es por ello que, sin el equipo de radares necesarios y la imprescindible técnica, estamos muertos.

Esto seguramente les hace pensar que todo nuestro catálogo de posibles tesoros ha sido la peor pérdida de tiempo en la vida.

Sin miedo y con mucha responsabilidad debemos considerar ese hecho como cierto, pero tenemos mucha fe en los tiempos que están por venir.

La falta de resultados como consecuencia de nuestros errores de cálculo y también, muchas veces, por no contar con una decisión definitoria en los momentos de mayor dificultad en una expedición, nos ha traído hasta este instante.

Recientes hallazgos como La Deidad Dorada, La Enredadera hipnotizadora y otros supuestos tesoros, no eran tal, sino defectos de la naturaleza, igualmente con valor científico, pero, para otros afortunados expertos en el ramo, no para SADISMO.

El primer espécimen al que hemos hecho alusión no era un monumento aurífero de la cultura Maridor.

Resultó ser una acumulación de sedimentos de arena con cierta carga mineral mínima, pero luego de los análisis y tratamiento del material, sólo se trata de una deidad de tierra construida con restos de niñez y desesperación.

La otra pieza en cuestión si es una enredadera, cuya altura, al final nos hizo desistir de alcanzarla, ya que la mayoría de nuestro equipo sufre de vértigo emocional, el cual, sumado las toxinas despedidas por el objetivo a estudiar, se nos hizo prácticamente imposible realizar una lúcida lectura de la realidad y el significado de los hechos sucedidos durante el transcurso de la expedición.

La conclusión a la que se llegó finalmente, luego de dejar perder la expedición, es que se trataba de algo muy parecido a lo que se buscaba.

Sin embargo, la zona está infectada de entidades venenosas que tienen la habilidad de transformarse en elementos que son objeto de intensa búsqueda. Fin del informe sobre La Enredadera hipnotizadora.

Respecto a misiones anteriores, todas con resultados dolorosamente negativos, hemos tomado la decisión de recopilar cada archivo e informe de proyecto, presupuestos, planes de acción y material adicional e incinerarlos en el fuego del inconsciente.

De esta manera, no existirá nada de lo cual lamentarse, aunque el ambiente se vaya tornando gris, como consecuencia de las recurrentes cenizas que vuelan hacia la memoria.

Dicho todo esto, hemos decidido también cesar operaciones de manera indefinida, por lo menos, hasta lograr una reorganización y reestructuración de nuestro recurso humano y patrimonio tecnológico.

Entre las nuevas actividades y oficios a los que se dedicaran los compañeros de la organización, mientras esta logre recomponerse; figuran la predicción de fenómenos metereográficos, especialidad que consiste en determinar cuántos dibujos infantiles alrededor de todo el planeta serán dibujados con nubecitas, sol sonriente y caminos de flores.

Además, por supuesto, de velar también por el número de ilustraciones con lluvia, invierno, incendios o descuartizamientos, propios de los futuros asesinos en serie, escritores y artistas en general. Así mismo, quedan incluidos los niñitos con perfil de políticos genocidas.

Otra sana y didáctica actividad a realizar por los miembros, temporalmente cesantes de SADISMO, consiste en, recopilar el mayor número posible de frases provocadoras de lástima propia o ajena con fines de autocompasión, con el objetivo de crear un nuevo combustible espacial que les permita a optimistas sicópatas y pesimistas contemplativos llegar hasta el sol en una importante misión que sólo podrá realizarse a plena luz del día.

Con este cronograma de actividades, a realizarse en el próximo trimestre del año en curso, la Sociedad de Arqueólogos Distópicos con la Modernidad (SADISMO), da por finalizadas sus operaciones.

   FIN

 (c) Edwing Salas

14/09/15

Un cuento a lo George Romero

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El paisaje del barrio es como todos los domingos a esa hora: tan desolado que el viento deja escuchar sus ráfagas. Alguien se acerca arrastrando sus pasos. El hombre que camina tambaleándose luce terriblemente mal: usa vaqueros cortados hasta las rodillas, tipo bermudas, es raquítico, pies descalzos, cabello escaso y despeinado. Su color de piel es beige. En lugar de nariz, tiene el orificio nasal en carne viva sobre el que hay una venda con una mancha de sangre seca.

Camina y se le cae una oreja. Detiene la marcha, se inclina y agarra el órgano recién caído. Vuelve de nuevo a su posición original y contempla su pedazo de anatomía con asombro.

Una mujer grita:

-¡Dios mío! ¡Un zombi!

Él se sorprende y mira a la mujer. Intenta comunicarse, pero solo deja escapar un sonido inentendible.

-Arrrrgggggg

El siguiente grito de la mujer contiene más pavor.

-¡Aaaaaaaayyyyyy!

El Zombi mira su oreja y trata de ponérsela. Se queda quieto por unos segundos, la oreja vuelve a caer. Él se queda mirándola fijamente.

-¡Arrrrrgggg! ¡Arrrrgg!

La mujer, no huye, sigue presa del pánico y la histeria.

– ¡Auxiliooooo!

El zombi levanta la cabeza.

Un hombre aparece y se acerca a la dama en peligro.

– ¡¿Qué  pasa?! ¡¿Viste un muerto o qué?!

La chica ya cuenta con la atención del hombre y sube más el tono de  su pánico

– ¡Auxiliooooo! ¡Un zombi!

El zombie niega lentamente con la cabeza.

El hombre ríe y saca a la mujer de su horror:

– Dejá la paranoia, ese es Abundio, mi primito mudo que tiene lepra.

Abundio “El Zombi” intenta escuchar atentamente lo que dice la mujer.

– ¡No puede ser! ¡Es un zombie! ¡Te juro que es un zombi!

Abundio niega repetidamente hasta que su cuello se le parte y su cabeza cae de un lado, apenas colgando de un hilo carnoso.Ante tan espeluznante hecho el hombre le recrimina a su primo:

– ¡Abundio dejá las estupideces! ¡Andáte a la casa!

Abundio pestañea, se le cae un párpado, se agacha a recogerlo y se incorpora rápidamente tratando de mantener unida su cabeza al cuello, sin perder su posición. Se coloca el párpado y se le cae a los pocos segundos.

Finalmente el hombre recrimina el tono exagerado de la mujer:

– Y vos, dejá de ver tanta tele

La chica se ofende tras el comentario:

– ¡Eso no es tu problema!

Los niños del barrio se dan cuenta de la situación:

– ¡Se saliooo el mudo leproso!

– ¡Mamáaaaaaaa!

Los ojos de Abundio se amplían con ternura. Expresión de tristeza y dolor. Sus lágrimas también caen al suelo.

FIN

© Edwing Salas

Adaptado de guión a literatura el 04/10/15

Publicado el 4 de octubre de 2015

China girl

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Como todos los viernes en la noche, Pedro y Fabián se reúnen a beber cervezas en su lugar favorito, el tema principal de sus conversaciones etílicas siempre gira en torno a evaluar sus vidas dentro de la licuadora laboral y temporal del periodo que les ha tocado vivir.

El templo de sus reflexiones y opiniones de vida era un restaurant chino que se ponía hasta el tope de gente durante el fin de semana, todos los asistentes iban a realizar el mismo ritual de los dos amigos.

Las dueñas de sitio obviamente eran herederas del lejano oriente, pero con la belleza y el exotismo que produce la mezcla de sus antepasados con el gentilicio local.

– ¡Malditas chinas! ¡Qué lindas que son!

– Me hacen olvidar mi mala racha de la semana

– China Girl siempre retumba en mi mente cuando las veo.

– Iggy es un capo

Los individuos esperaban que les trajeran su orden, siempre pedían lo mismo, no había por qué tener apetito de otra cosa: las costillas de cerdo que ahí servían podrían llegar a compararse con una noche con las anfitrionas del establecimiento.

– Lo cierto es que tengo la mejor de las madres; mi vieja me envió la guita que me faltaba.

– Lo siento, no escuché lo que dijiste, me quedé colgado con las chinas otra vez.

– Hijo de puta

– Pará, que mi melancolía solo la puede acabar una de ellas

– El último gas que respire un humano en el mundo será uno de mis pedos, antes que vos te comás a una de esas minas.

– El último gas del mundo será el oxígeno, boludo.

– Ya dejá en paz a las minas de china y pedí otra ronda

– ¡Ese es el problema pelotudo! ¿No te das cuenta que el alcohol nos está haciendo sucumbir a sus feromonas?

– Dejá las pavadas, todavía puedo reconocer tu cara y tu voz.

Las hermosas anfitrionas aparecieron para apaciguar a los amigos y les trajeron los esperados platos. Las costillas asadas lucían jugosas, tan provocativas como ellas.

– ¿Sabés algo?  He pensado mucho acerca de esto que te voy a decir: a esta gente les queda exquisita la comida.

– ¿Sabes por qué boludo?

El interlocutor esperó la respuesta en silencio.

– Porque estamos comiendo carne de perro y de gato.

– Por favor, Fabián, ¡Déjate de pavadas!

– Está delicioso, probá. Esto sabe a cielo. Quizás exageré, no es comida de animales, es carne humana.

– ¡Ya! ¡Pará!

– ¡¿Creés que te estoy cargando?!

– ¡Ya! ¡Suficiente!

– ¡Escucháme! ¡Escucháme! ¿Cuándo habés visto vos en toda tu vida un funeral de estos chinos?

Pedro tose, regurguita.

 FIN

© Edwing Salas

18/09/15

 

Dos cosas

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Ese momento cuando descubres las virtudes ocultas que poseen los objetos que te rodean, por ejemplo, en una cocina, y que te ayudan a ejecutar aquello que el odio dejó escapar por acumulación de la presión y las malas experiencias.

Ella comprobó que el cuchillo para la carne tiene esas virtudes oscuras que en una mala hora hacen falta para que la sangre corra y la respiración del victimario se acelere aún más, pero esta vez, la velocidad del aliento de ese ser no se normalizaría , sino que, se apagaría.

Una vez que la mano defensora y temblorosa deja caer el objeto punzo penetrante al suelo, se regresa a la realidad. Se toma conciencia de lo que se ha perpetrado para sobrevivir.

En un espacio como ese, su cocina, la que se prometieron remodelar cuando las cosas mejoraran, pero luego de años y años, todo fue tomando la dirección opuesta.

La mirada de su ex compañero de vida ahora es opaca, algo indescriptible, ojos vidriosos cuya expresión demuestran que ha descubierto algo que nunca se sabrá.

Las deudas, el deterioro de la calidad de vida, las inseguridades, los celos, lo transformaron en un experto torturador sicológico que luego de soltar la primera cachetada una noche, tomó el hábito de propinar brutales golpizas para drenar el descontento ante el mundo que le rodeaba y lo consumía.

Tampoco era todo culpa de él, pero ella no tenía por qué pagar los platos rotos. Durante ese largo periodo se gestó en su mente la idea de que las personas deben aprender 2 cosas fundamentales para sobrevivir: no prometer, no confiar.

– Fue en defensa propia.

Eso le dijo a la policía, al fiscal, al juez y al jurado.
Era cierto, pero las instituciones no prometen y no confían.

 FIN

© Edwing Salas
11/06/15

 

Caridea

Caridea

Es el color. Sin duda es así, sobre todo, si es un lienzo por donde corre, en billones de vasos capilares, la sangre que delata alguna emoción o estado de ánimo.

También suele ser el temperamento habitual. Aquel que puede mutar a escarlata, o púrpura, al momento de arrasar poblados enteros con el veneno saltando desde la lengua.

Es la marca en el hombro, cuello y ombligo, producto de una succión que busca devorar con deseo esa temperatura que funde acero, joyas, cuerpos enteros.

Un delirio, la obsesión del momento. El constante negar para mantener la apariencia y sobre todo la estabilidad.

Siempre en estos casos, se necesita el cable a tierra que coloque las cosas en su justo carril, para no rodar por el despeñadero.

Se interrumpe la corriente, se bloquea todo. Debe haber normalidad. Lógica de posibilidades. Todo en orden, sin novedad.

Verde laguna, esa donde es posible perderse y no volver jamás, porque de esa entraña esmeralda emergen seres que te encantan y te arrastran a una esclavitud eterna, imponderable.

Suave, la textura que debería arrugarse y humedecer junto al áspero árbol marrón, que lucha por no ser inclinado por el vendaval.

En el borde. Desde ahí siempre se obtiene la mejor vista, pero nunca se da el mejor paso.

El miedo. Eso que niega la realidad y la ficción, una por ser cierta y la otra por no ocurrir, aunque sus manifestaciones se retuerzan.

Se calienta el desayuno. Se calienta en la mañana, se calienta en la tarde.

Quienes han dado el fruto de sus posturas cacarean la forma tan infernal en que mueren sus hijos, aunque aún no se sabe quién ha venido primero.

Tantas metáforas como vasos capilares, tantas vueltas a una tonalidad que se combina perfectamente con esta oscuridad a plena luz del día, con el vino tinto de este pasaporte extranjero, que tiene su hora y lugar.

Con estas proyecciones a futuro, ilegales y con la paciencia queriendo comprar tiempo, para vender esperanzas en un mercado paralelo, inexistente.

Miro nuevamente ese telar de ADN y pienso como lanzar la primera pincelada, esa que dibuja las líneas negras sobre la vía láctea.

Que permita un lugar donde tomar mate, degustar café, beber mil tragos y después, amanecer.

Con la verdad que funcione realmente, para el interés del buscador y su tesoro. Para que la corriente no arrastre ni se lleve.

Algunas cosas deben coincidir, otras, simplemente deben desencadenarse y chocar, no para destruirse, sino para fundirse.

FIN

© Edwing Salas

06/08/15

Cena(ge) a Trois

 

 

Cenage a trois

Un escalón de madera separa el pequeño recibidor donde están el bar y algunas mesas, más allá, el amplio salón repleto de más mesas, envueltas en manteles blancos con  rectas líneas rojas que se cruzan.

Es un concurrido restaurante, donde todas las familias de la gran capital parecen darse cita cada domingo, para un tradicional almuerzo italiano.

En el borde de madera de ese escalón, uno de los comensales recién llegados había dejado un generoso trozo de mierda de perro que traía en sus zapatos.

– Que lo limpie el bachero.

Dijo Álvaro con su certero y ansioso tono de jefe. Omar, el mesonero que llevó a Magnolia a trabajar ese día, secundó la idea con su perenne sonrisa de Gardel en opiáceos.

Esa era la solución que aportaba cada miembro del personal que ahí laburaba cada vez que se presentaba alguna contingencia de ese estilo.

Desde colocar las pastillas de orine de los baños, hasta echar lavandina en los fluidos fétidos de basura callejera, dejada por las bolsas arrastradas por los esclavos de otros restaurantes de la cuadra.

La reciente entrada del nuevo lavaplatos le hacía candidato especial para todo tipo de tareas que los tanos criollos detestaban hacer.

Está bien, no pasa nada, William la tiene re clara de cuál es el papel que le toca desempeñar en la cadena alimentaria del nuevo ecosistema en el que se ha alojado. El problema es que cada eslabón sabe su rol.

Magnolia lo miraba condescendiente mientras libraba crueles batallas contra la grasa de las ollas, los sartenes, los platos y las delicadas copas. Malditas copas, que frágiles.

Mucho más frágiles que la mirada piadosa de Magnolia, cuyos ojos verdes de tigresa, por mucha compasión y melancolía que contengan, al hacer contacto con cualquier hombre, provocaban un incesante babeo por la boquilla del glande.

Omar la llevaba cada domingo a trabajar, para que lo asistiera a él y al resto de los camareros. Era obvio que la petisa de culo y tetas milimétricamente bien colocadas era de su entera propiedad. Está bien, no pasa nada.

Ella se confesó amante de la cumbia y el reggaetón cuando Leonardo, el cocinero estrella, le preguntó que música le gustaba.

– Vos sos de la que te montás en la tarima a bailar con la banda y todo.

Sus dientes se asomaron y sus mejillas mostraron apetitosos hoyuelos al reír. El lunar junto a sus labios, a lo Monroe, era el botón de ignición que impulsaba a todos a intentar ligársela.

Su cabello rojizo y mechones rubios completaban el cuadro de una veinteañera hot y con toda una vida de disfrutes y problemas por delante.

“Seguro ha de tener pecas en el cuello y la espalda”. Pensó William mientras un chorro de agua hirviendo quemaba sus manos, ya tostadas por la genética tropical.

Cada cierto tiempo Omar marcaba el territorio con un beso robado o alguna que otra mano, asegurando las partes que ya habían sido tocadas por él, tanto por fuera, como por dentro. Era el aviso que decía: “Si muchachos, todo esto es mío, así que cuidado”.

“Viejo hijo de puta” pensaba William con resignación. También la tenía re clara de su momentánea invisibilidad dentro del ecosistema, gracias a su trabajo (castigo).

– Permiso Williams.

“¡Que soy William! ¡No Williams! ¡Mal nacida!” Pensaba mientras mostraba una prolija sonrisa a Iskia, la pequeña repostera que bordeaba los cincuenta y se lavaba las manos compulsivamente cada cinco minutos en la bacha, interrumpiendo su trabajo.

Por si fuera poco, Marley, la llave culinaria de Leonardo, aparecía con cuchillo en mano, también para usar el agua y limpiar su herramienta de trabajo.

El espacio estaba muy reducido por los roles que la vida había puesto a desempeñar a cada uno.

– Necesito más velocidad ¡Vamos chicos! ¡Vamoooo!

Esa consigna marca la aparición de Giuseppe, el chef metalero. El verdadero número 1 de la cocina, aunque solo era en el papel. Tenía diploma por haber cursado la carrera de gastronomía, cosa que Leonardo no había hecho y, aunque la realidad justa favorecería a este último, la realidad verdadera decía que Pepe (como le llamaban), estaba a cargo.

Eso hinchaba las pelotas de Leo, cuyo sueño dorado era ser el encargado de una cocina.

Fuego, aceite y agua hirviendo. Ansiedad, dolor, carne que arde. El paisaje del averno.

Al otro lado del fino muro de cristal: familias felices disfrutando de las milanesas, los ñoquis y los sorrentinos.

El infierno se volvía más cruel con su presencia, su mirada, su espalda mientras se hacía una coleta que dejaba ver su nuca. Era como estar frente a una de las obras maestras de la humanidad en el Louvre y no poder tocarla.

Si la cocina dejaba sentir el aroma de las frituras, ella expelía feromonas mortales y miraba tu rutina indignante en silencio. Eran solo miradas, para todos. Seguramente no era culpable de esa fuerza bruta sexual.

Álvaro entra a la cocina a ordenar cualquier pavada y también la ve. Es incómodo cuando muchos deshidratados codician la misma botella de agua, al parecer, la única en esas deplorables circunstancias de espacio-tiempo, incluso, por encima de Merlina y el resto del personal femenino.

Lo peligroso de esta ciudad son sus mujeres: tan solo mirarlas derrite tus pupilas.

El tiempo, el calor, los fierros y el porcelanato curtido, ¡Montañas enteras! Como cadáveres con vísceras rojas, blancas, verdes y amarillentas.

Te hace agonizar y maldecir cualquier deidad del universo, o todas ellas a la vez: “¡Fuck me Jesus!” “¡Suck my Dalai Lama!” “¡Go to the fucking hell Lorenzo Lamas!” “¡Estoy en llamas!”.

Ocho horas de tortura. Vejación continua “in crescendo”, como dicen estos tanos mal nacidos.

Ya en la noche, la tormenta de fuego ha pasado. Omar intercambia susurros en un rincón con la carne de su propiedad.

Los murmullos que apenas se escuchan llevan la tenue atmósfera de la tensión. Es una sociedad patriarcal, no lo olviden.

Las torres de platos y cubertería sucia se levantan como monumentos a la voracidad humana. Las manos entumecidas se mueven a un ritmo frenético desengrasando y enjuagando. El agua empapa las converse, el sudor resbala en caída libre por las sienes.

Ahí estaba de nuevo su mirada de intención condescendiente, pero de resultado erótico y provocador.

– ¿Todo bien? –Preguntó-

William respondió con la típica naturalidad que da el desespero-

-Todo bien ¿Y vos?

– Bien…

No era cierto, a William algo le decía que Magnolia; salvo, en lo físico y externo, no estaba bien.

– ¿Querés un poco de agua? –Volvió a preguntar-

William asintió tratando de esbozar sonrisa, mientras gotas de espuma hirviente brincaba hasta su cara.

Ya no había platos apilados en montañas infranqueables, en ese momento ya solo restaban unas pocas ollas y cubiertos de los chefs.

Omar apareció para despedirse con su impecable sonrisa y el puñal que generalmente lanzaba cuando le dabas la espalda.

Pero Magnolia no se fue con él. La ayudante que acomoda los platos debe permanecer hasta que cada pieza este limpia.

Manos entumecidas aún se mueven a un ritmo frenético desengrasando y enjuagando.

– ¿Te falta mucho?

William comprendió lo que traía esa interrogante.

– Ya te podés ir, yo acomodo esto, no hay problema.

– ¿Seguro?

William asintió con una sonrisa. No lo hacía por ser buena onda. Quería estar solo con su miseria y seguir maldiciendo a la humanidad y sus deidades.

Solos, el hombre y la bacha intensificaban el momento de lucha cuerpo a cuerpo contra la grasa. Vivir o morir.

Magnolia se dejó ver nuevamente, mientras buscaba en la estantería de la barra una botella de vino.

– Yo te hacía lejos –Dijo William con sincera sorpresa-

– Me voy a quedar otro rato, Álvaro y Pepe me invitaron a cenar.

En sus palabras se podían descifrar intensiones y emociones que William decidió no dejar permanecer. No era su asunto. Lo que se armaba al otro lado del delgado muro de cristal le chupaba un huevo. Posta.

El bachero termina su jornada y se cambia rápidamente para salir en busca de la calle bajo cero y la libertad que ella encierra. El mañana traería consigo el día franco.

Y, aprovechando la versatilidad de ciertas palabras para hacer juegos: para ser franco, no le interesaba en lo absoluto si esa cena para tres derivaría en otras cosas. El papel que le había tocado desempeñar no llegaba hasta esos predios.

Para continuar siendo franco, tampoco le interesó preguntarle a alguien por Magnolia, ya que esa fue la última vez cuando la vio.

No se puede especular sobre lo que pudo haber sucedido esa noche, era inevitable que todo terminaría convirtiéndose en un secreto, en conclusión: le chupaba un huevo todo.

                                    Fin

© Edwing Salas
09/07/15