Cínico y perspicaz.

¡Y pasó! ¡Pasó muchas veces!

El poder sexual que ejercía Morella sobre cada uno de sus amantes era arrollador.

—¡Qué pase ya!

Ordenaba, mojada hasta los muslos y presa del deseo, que la penetrara de manera brutal sobre el escritorio, para culear hasta la deshidratación y el desmayo.

Yo, erecto y lubricado, me hundía en ella con el pensamiento apagado, era todo puro instinto: olores, caricias, piel, jadeos. Uno-dos-uno-dos, hasta que mi glande se enrojecía y estallaba en espuma genética sobre su monte de Venus, su ombligo o sus tetas. Adentro nunca.

La paranoia de reproducirme accidentalmente me carcomía la conciencia. Nunca he sido pro familia, sabiendo la herencia genética y financiera que poseo.

Siempre fui consciente de querer solo el viejo Uno-dos-uno-dos, solamente de forma recreativa y egoísta, nunca para traer más pasajeros a este Titanic que es Latinoamérica.

Ya era demasiado usar los salones del pasillo de arriba de la segunda planta para tener relaciones, mientras se iban los alumnos de la mañana y se esperaba el arribo de los estudiantes de las dos de la tarde.

Aquellos que recibían los dos turnos de clases, abandonaban la facultad de humanidades para almorzar en el comedor universitario, cerca de la facultad de ingeniería, y regresar para cuando empezaran materias de la tarde.

Yo era uno de ellos, pero nunca iba al comedor. El menú que comía en los salones vacíos era más tentador a mi paladar y al resto de mi anatomía.

Iba a las clases de las 14:00 con ánimo renovado y con rastros de fluidos que apenas se notaban en mis jeans.

No sé cómo demonios me entraba toda la aburrida información que vertían los burócratas educativos de mis profesores; yo igual aprendía.

Ahora que reflexiono, muchos años después, el aprendizaje no se lo atribuyo a ellos, sino a mi hambre de lectura, de imágenes, de música, artes. Era un maldito troglodita intelectual.

A estas alturas de mi vida debo confesar que aprendí más sobre atracción y placeres carnales que sobre una profesión que me diera de comer.

Esos días fueron de mucha bebida, locuras y de creerse único e inmortal. Estudiar en una universidad subsidiada por el Estado es una pérdida de tiempo.

De esa universidad salieron grandes diputados y “gente respetable” que forma parte del chavismo-madurismo.

Gente que ya tenía más de doce o quince años como alumno y que, de pronto, fue graduada para ocupar cargos de diputados o legisladores de la dictadura.

Morella era increíble. Nunca pedía nada a cambio. Nos veíamos en la facultad y después, el resto de las horas, hablábamos por teléfono.

Lo peor es que ella tenía un novio formal. Según me contaba, a veces se enojaba y se violentaba con ella.

Yo caía rendido a esos relatos y quería salvarla, pero ambos estábamos conscientes de que ella no era víctima, sino victimaria.

Él también estudiaba la misma carrera. Se veía grande, bruto, violento. Ella decía que él la celaba con todos, menos conmigo, porque yo representaba tanta insignificancia y vergüenza que estaba seguro de que ella nunca se fijaría en mí.

Aunque yo coincidía con el concepto que su novio tenía de mí, la realidad demostró que ella se sentiría atraída no solo por mi personalidad odiosa, sino también por mi físico, que, aunque yo no confiaba en ese aspecto, resultaba atractivo por mi definición atlética y mis anteojos de intelectual.

Siempre fui muy inseguro de mí mismo; nunca creí encajar en los patrones hegemónicos que regían esa época. Sin embargo, considero que tuve suerte.

Al día de hoy, cada conquista se la atribuyo más al azar o a la desesperación de la chica, que a mi magnetismo natural. Sigo siendo un hombre muy inseguro, aunque mi actitud refleje lo contrario.

Siempre tuve cosas de viejo, o de persona perspicaz y madura. Eso me abría puertas insospechadas, aunque no siempre me daba cuenta de ello. Perdí muchas más oportunidades de las que gané, debido a mis miedos y autoestima frágil.

Siempre me enteraba tarde de que alguna chica que me gustaba también gustaba de mí, pero como en el fondo era muy inseguro, mantenía una actitud pretenciosa y arrolladora.

Ahora que soy un adulto descreído, cínico y perspicaz, cuando me ven caminar por la calle con mi alta carga de melanina, mis lentes oscuros y el corte a lo Wesley Snipes en Blade, sé que algo provoco, pero eso solo sirve para escribir elucubraciones estúpidas, no para sostener historias en el tiempo.

FIN

(C) Edwing Salas

El ego de los dinosaurios

66 millones de años antes de la existencia del primer espécimen humano los dinosaurios reinaban sobre el planeta, según narran los relatos científicos evolucionistas.

La evidencia actual indica que la mayoría eran herbívoros. Sin embargo, Google también nos ofrece una lista de los carnívoros, presumiblemente los más agresivos:

  • Dilophosaurus
  • Carnotaurus
  • Ceratosaurus
  • Velociraptor
  • Tyrannosaurus Rex (el más popular, presente en diversas películas)
  • Allosaurus
  • Albertosaurus
  • Spinosaurus

Estos lagartos colosales, de sangre fría, depredaban a sus rivales herbívoros cuando no se dedicaban al canibalismo. Se creían dueños y señores del incipiente globo terráqueo.

Eran tiempos violentos e impredecibles, llenos de instinto asesino. Si reflexionamos, no distan mucho del modo en que los humanos transitamos por el mismo planeta, pero esta historia trata sobre los dinosaurios, no sobre los primates que, millones de años después de su aparición, dominarían la Tierra.

El ego era el motor de los dinosaurios y jamás dudaron de su poderío superior como especie. Eran rápidos, furiosos y luchadores implacables.

Los herbívoros, por su parte, no eran débiles. De hecho, muchos de ellos superaban a los carnívoros en tamaño y poseían cuernos, piel venenosa y un «orgullo vegano» superior:sabían que sus excrementos no contenían carbono y eran mucho más biodegradables que los de sus depredadores.

Cada bando mantenía el equilibrio biológico del planeta. En ocasiones, los reptiles herbívoros masacraban a sus enemigos en defensa propia, mientras que en otras épocas los carnívoros arrasaban con zonas enteras, tiñendo la tierra de rojo, con sangre baja en hierro.

Era un mundo cruel y sanguinario, pero regido por un balance natural. La única certeza es que la paridad era evidente. No existía una merma significativa que situara en desventaja numérica a ninguno de los bandos. Además, ignoraban las ventajas del censo demográfico.

Sus ciclos reproductivos eran frecuentes e ininterrumpidos, a pesar de las dificultades climáticas que el planeta, como organismo vivo y autónomo, presentaba a estos seres.

Y ni hablar de las criaturas asombrosas que habitaban el ecosistema marino, a miles de metros de profundidad, en el fondo de la inmensa placa tectónica que convertía la Tierra en un cascarón recubierto de suelo endurecido por los sedimentos volcánicos.

Podían comer, reproducirse y masacrarse entre sí a diario, sin tener ninguna conciencia sobre su futuro en el mundo.

Se sentían seguros y eternos porque sabían que eran lo más poderoso y evolucionado que la naturaleza había creado durante el período Cretácico. Esta sensación, sin duda, infló su ego reptiliano.

Las teorías sobre la extinción

Un día, el cielo se oscureció con una velocidad aterradora. Un asteroide gigante, una roca espacial del tamaño de una montaña, surcó la atmósfera con rapidez de vértigo y se estrelló con un estruendo ensordecedor en lo que hoy es la Península de Yucatán, en México.

El impacto fue apocalíptico. La explosión liberó una energía equivalente a miles de bombas atómicas, desencadenando terremotos, tsunamis e incendios a escala global. El cielo se llenó de polvo y cenizas, bloqueando la luz del sol, sumiendo al planeta en un invierno nuclear que duró años.

La mayoría de las especies no sobrevivió al impacto directo o a los efectos colaterales. Las plantas, sin la luz del sol, no pudieron fotosintetizar, y la cadena alimenticia colapsó.

Los herbívoros, hambrientos, perecieron en masa, seguidos de sus depredadores carnívoros, incluyendo a los otrora invencibles Tyrannosaurus Rex.

Hoy, como recordatorio de ese fatídico evento para la comunidad del Cretáceo, nos queda el Cráter de Chicxulub.

 

Nada es eterno en el universo

Los científicos han debatido durante décadas las causas de la extinción masiva del Cretácico. La teoría del impacto del asteroide es la más aceptada, pero otras hipótesis también se han propuesto:

Erupciones volcánicas

Algunos creen que una serie de erupciones volcánicas gigantescas en el Decán, India, liberaron gases tóxicos y cenizas que contribuyeron al calentamiento global y la muerte de los dinosaurios.

Enfermedades

 

Otros sugieren que una enfermedad propagada por bacterias o virus pudo haber diezmado a las poblaciones de dinosaurios, debilitándolas y haciéndolas más vulnerables a otros factores.

Esta teoría es usada por los creadores de Los Simpsons para el especial de Halloween de su sexta temporada. En una de las historias del episodio, titulada: Tiempo y castigo, parodiando a la novela «Crimen y castigo», de Fiódor Dostoievski.

En el clip, Homero viaja en el tiempo accidentalmente hacia el Cretácico, en varias ocasiones, y en una ellas, estornuda, acabando con la existencia de todos los dinosaurios.

Cambio climático:

El enfriamiento o el calentamiento global, también podría haber jugado un papel en la extinción, alterando los hábitats y dificultando la supervivencia de los dinosaurios.

La Tierra, como organismo vivo, siempre va a querer deshacerse de las pulgas que intenten desafiarla con sus egos inflados de poder y superioridad, olvidándose de su origen.

Como es sabido por todos a lo largo de millones de años, el planeta ha pasado por periodos intermitentes de temperaturas extremas: calor infernal o hielo abrasador.

El ser humano comenzó su senda evolutiva en un periodo con condiciones climáticas y ambientales ideales para su desarrollo, durante un paréntesis entre glaciaciones o calores desérticos.

Si ellos pudieran opinar

Actualmente, se debate sobre el calentamiento global, fenómeno en el que ha contribuido el ego inflado del Homo sapiens, con sus constantes emisiones de carbono, por casi 100 años.

¿Será eso suficiente para fundir o destruir un planeta tan poderoso?

Si los dinosaurios pudieran opinar con base en su experiencia, capaz y no se mostrarían tan de acuerdo con esas teorías. Y seguramente, no sería una cuestión de ego reptiliano.

Sería, más bien, cuestión de su ignorancia de cómo tener industrias que consiguiesen una vida evolucionada y cómoda, a tal punto, de elevar la temperatura del globo terráqueo, para inducir a la autodestrucción.

Finalmente, los dinosaurios representan el pasado, lo que ya no es tendencia. Lo que ya no existe. Eso también les irá sucediendo a los humanos que dejaron atrás su juventud hace tiempo.

Sus egos pronto serán impactados por los meteoritos de la adultez, la vejez y la muerte.

FIN

Edwing Salas

 

 

No oda Neruda

neruda_6

No es que lo desprecie,

no es que su sobrevalorada obra me tenga sin cuidado

No es su utopía de un mundo donde se le pone aureola a demonios y mercenarios

No es esa trillada “callada y ausente”.

El único verso que se saben los amantes normales.

Nada de eso hasta ahora me ha incomodado.

Es que murió en la ciudad de Santiago y yo nunca lo supe.

Hasta que salió la trivia y me hizo perder una ronda de Preguntados

(c) Edwing Salas 05/06/14

Pausa

Atardecer

Foto by Edwing Salas

Ciertamente han sido 24 o 48 horas extrañas

Es un estímulo que cuando no está en pantalla…

se siente perder la vida,

o por lo menos el órgano vital,

el sentido de ubicación

Lo raro,

no es una obsesión propia

sino esa especie de correspondencia oculta

que se da en estos tiempos de palabras desbordadas

informaciones que cubren cada pradera

como semillas de extinción eterna

Hay un árbol que se inclina de vejez

Una flor altiva con energía de sus primeras fotosíntesis,

la mitad del durazno

encendida cabellera que da ordenes

deja ver que posee inteligencia superior

y los demás serán abono para ratas

Parecen apetecibles las galletas para perros

con forma de Sartre, Camus y Eco

como pasta al mediodía

en un mercado chino

Lo más lejos es filosofía de actualidad,

un programa del cable sin censurar

sin necesidad de tocar las hojas espirituales

de una publicación

¿Será Dios?

¿Será el “Yo”?

¿ O el ego vestido elegantemente?

Pero sin un centavo en el bolsillo

Amor arropado con decepción

Una cama de agua

para flotar en calor

Tienes todo el beneficio de la duda

más por la edad que por valor

Pieza escasa de este rompecabezas de dolor

Las mejores cosas son un pedazo de emoción

La idea de un complemento

es autodidacta

es auto seducción

Somos escépticos hasta la definitiva colisión

según el libro de los muertos

Es en este plano

o el posterior

Quizás no hubo asistencia en esa clase

Ni a ninguna

con oro como fuente de satisfacción

se revelarán los poros

esos rincones de tu cuerpo

que de verdad necesitan ser sinceros

nadie quiere ser austero

pero son tiempos donde el deseo se deprecia

Maldita devaluación

de nuestras almas

de nuestras conciencias

de nuestra percepción

Espejos

Reflejos

Distancia

¿Aceptación?

(c) Edwing Salas

18/01/14 

 

 

 

 

 

 

18/01/14

Auto Homenaje / Auto Enfrentamiento -Experimento Nº 1-

Zapapeces

Es viernes por la noche, me encuentro de muy buen humor y estuve recopilando viejos escritos míos de Predicado.com, un portal donde empecé a publicar narraciones y atrevidos intentos de poesía. Al crear este blog, ya no hizo falta publicar en portales ajenos. Así que he traído hoy una serie de obras que llamaré Auto Homenaje/ Auto Enfrentamiento, que no es otra cosa más que la publicación de estas escrituras retro como un homenaje a mi testarudez y un enfrentamiento con quien soy hoy en día, a ver que tanto he progresado o involucionado.

(Des) Velada

Mis pies desnudos llevan impregnados el olor del camino recorrido y aún falta más…

Esto arruinó la noche, perdona el atrevimiento de mostrarte defectos tan pronto, excúsame si te ha molestado.

Desde hace unas horas he venido perdiendo la compostura. No doy sorpresas de tiempo…sorprendo de una vez, el mismo día, primero de cruzar casualidades, si caigo mal, era de esperarse.

En caso de causar simpatía sería preciso probarnos, así de sencillo claro y conciso.

Al no buscar, se hace fácil no volver a ver …y ¿Olvidar?

Seguro tu olfato alberga malos recuerdos, tu hastío disparó honestidad.

Mi elocuencia de prisionero sin condena, mis modales de caballero, mis ganas de beberme tus resplandores y la embriaguez de presencias no calculadas. Veamos qué tan imprescindible es tu inmaculado espíritu libre.

Sé que lo eres, pero eso no te absuelve, conversemos luego… cuando volvamos a darnos cuenta de que nos hemos topado des fortuitamente en la orilla serena de nuestras cavilaciones y egoísmos.  

© Edwing Salas

17 de mayo de 2004

Publicado el 3 de septiembre de 2011

 

La escoba

Escoba2019La puta escoba, ese primitivo instrumento que va de aquí para allá, tras un polvo que se esparce día a día por todos lados, como la mala situación del planeta. Está en cada rincón, cada pasillo, cada habitación. Impide cada intento de superación.

La pobreza; es arrecho sacarla, como el polvo de la casa. Luís envejece como las paredes de la vieja vivienda. Tiene años tratando de salir de esa maldita e injusta condición, es una de las pocas mayorías a la que pertenece, el 87% de habitantes del país es de limitados recursos. Qué coño importa que la casa deba barrerse a diario.

Esa dañina obsesión es de Marinéz. Así como el coleto, la cocina, el repetitivo arroz y las letanías de pasta con plátanos, el puerco, la cerveza, el cigarro y el café. Ella es feliz limpiando todos los días, es lo más fácil.

Las urbanizaciones, edificios y cosas sofisticadas no son para ella, nunca podrá pagarlas. Nunca ha pedido demasiado, solo cerveza, cigarro, café, puerco, arroz, pasta y su negro Agustín, quien, por cierto, está en el monte y llega el fin de semana.

Ante las paginas desplegadas de La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells, Luís sufre la invasión de su espacio al sentir el arrastre de la escoba bajo sus pies. Marinéz, ejecuta su rutina de limpieza con agresividad. Está segura que su hijo tiene algo malo: después de ir a la universidad sigue pelando bolas, mucho más que ellos, que nunca estudiaron.

Luís no deja de pensar en H.G. Wells, quien siendo hijo de una humilde criada, le ruega encarecidamente a su mamá que lo lleve a la ciudad de Londres para estudiar, de lo contrario,  se vería obligado a cometer suicidio, porque esa vida de pobreza y falta de superación no eran para él.

¿Que habría pensado Marinéz si su hijo le pidiese dinero para irse a Londres? Eso no sería una situación de ciencia ficción. Sería, más bien, “Social Ficción”.

El polvo se aloja en la nariz de Luís, le provoca tos y estornudos. Su mamá arrecia la operación de barrido transmitiendo un mensaje claro, sin emitir palabra alguna: “desaparece y déjame limpiar”. El lector, culpable y derrotado, se retira, buscando las sombras de las matas del patio para continuar su escape de la realidad.

Cada cabeza es un mundo, por eso, diariamente hay dominación, segregación, genocidio, homicidio, fratricidio, suicidio y éxodo.

Cada segundo es una guerra entre dos, tres, cuatro y miles de mundos. Lo que estorba o no se entiende merece ser destruido.

(c) Edwing Salas