¡Coehlo sálvame!

Paulo-Coelho-003

La realidad toma más sentido, incluso, cuando sucede lo que no se quiere, o lo que es lo mismo, si tus deseos más desencarnados mueren desde el momento de nacer.

Tratando de no sonar cursi ni en sus pensamientos, finalmente se dio cuenta que tanto evitar los libros de la «literatura industrial» no le había salvado de experimentar sentimientos que incrementan su culpabilidad. Continuaba en su «zona de confort», como le señalaron una vez unos amigos que practicaban la trascendencia espiritual.

Esa «zona de confort» podría ser más bien un terreno de guerra. Las letras oscuras, hechas óxidos y escombros, eran el único refugio que resistía el bombardeo de la hiper percepción, de la irracional inconformidad, del padecimiento, la pasión.

En eso consiste: estrellarse en llamas. “Todo es una ilusión, nada es verdad y todo está permitido”, el mantra de Burroughs, lo supo hace poco, pero lo practicó siempre, no de manera voluntaria, sino más bien por mecanismo defensivo.

La distancia y el eterno desencuentro es ya un hecho irreversible. Hubiese querido regresar el tiempo para poder leer Paulo Coehlo, Carlos Fraga, Rhonda Byrne y La Biblia.

Letras sólidas con bases suficientemente fuertes como para saber a tiempo el nombre del juego y labrarse una vida con dinero, propiedades y la mujer que siempre idealizó. Esa que le daría lindos niños que llevarían a Disney, Doral y Weston. Un hogar en la tierra prometida. Cruceros por el caribe y muchas fotos felices en Facebook e Instagram. No hubiese existido nada realmente imposible.

Siempre desdeñó al autor equivocado: ya es demasiado tarde para pensar «Maldito Burroughs» «¡Coelho sálvame!»

    FIN

(c) Edwing Salas

05/02/14

 

 

Pausa

Atardecer

Foto by Edwing Salas

Ciertamente han sido 24 o 48 horas extrañas

Es un estímulo que cuando no está en pantalla…

se siente perder la vida,

o por lo menos el órgano vital,

el sentido de ubicación

Lo raro,

no es una obsesión propia

sino esa especie de correspondencia oculta

que se da en estos tiempos de palabras desbordadas

informaciones que cubren cada pradera

como semillas de extinción eterna

Hay un árbol que se inclina de vejez

Una flor altiva con energía de sus primeras fotosíntesis,

la mitad del durazno

encendida cabellera que da ordenes

deja ver que posee inteligencia superior

y los demás serán abono para ratas

Parecen apetecibles las galletas para perros

con forma de Sartre, Camus y Eco

como pasta al mediodía

en un mercado chino

Lo más lejos es filosofía de actualidad,

un programa del cable sin censurar

sin necesidad de tocar las hojas espirituales

de una publicación

¿Será Dios?

¿Será el “Yo”?

¿ O el ego vestido elegantemente?

Pero sin un centavo en el bolsillo

Amor arropado con decepción

Una cama de agua

para flotar en calor

Tienes todo el beneficio de la duda

más por la edad que por valor

Pieza escasa de este rompecabezas de dolor

Las mejores cosas son un pedazo de emoción

La idea de un complemento

es autodidacta

es auto seducción

Somos escépticos hasta la definitiva colisión

según el libro de los muertos

Es en este plano

o el posterior

Quizás no hubo asistencia en esa clase

Ni a ninguna

con oro como fuente de satisfacción

se revelarán los poros

esos rincones de tu cuerpo

que de verdad necesitan ser sinceros

nadie quiere ser austero

pero son tiempos donde el deseo se deprecia

Maldita devaluación

de nuestras almas

de nuestras conciencias

de nuestra percepción

Espejos

Reflejos

Distancia

¿Aceptación?

(c) Edwing Salas

18/01/14 

 

 

 

 

 

 

18/01/14

Es un monstruo

antorcha

La turba enardecida se congrega con antorchas ardientes; cuchillos, palos, piedras, pistolas, escopetas y granadas.

-A semejante abominación no hay que dejarla con vida- gritó uno de ellos-

“O por lo menos, no se debe dejar tan visible para que las miradas de otros no se extiendan más allá” -pensó el jefe encargado de controlar los acontecimientos para que todo se diera con el mayor orden posible-

-Piel oscura

-Treinta y seis

– Abundante cabellera y barba. Sin esposa ni hijos

– Alega que no se atreverá a formar familia hasta que gane suficiente dinero

– ¿Tiene dinero?

-No

– ¿Trabaja?

– Él responde que sí, pero yo creo que no. Nunca se le ve salir en la mañana ni llegar en la tarde

– Es extremadamente pesimista y dice que el país es una gran mierda

-¡Maldito!

– Dice que fue engañado…

–  ¿Quién lo engañó?

-Yo que sé, eso más bien parece una excusa para justificar su naturaleza desalmada e inútil

– Vaya que sí es desalmado. Dice que su pobreza se acabará con él, que no traerá nadie a sufrir al mundo, no reproducirá más pobres

– ¡Jajaja! que demente está

– ¿Quizás sea gay?

– No creo, míralo bien, además, ya lo supiéramos. Aquí todo se sabe

-Cierto, y hasta sería más aceptado, es decir, eso está de moda. No estaríamos en esta situación si de eso se tratase

-Además, ellos defienden el matrimonio y la familia como unidad fundamental de la sociedad

– ¿Entonces, por qué tan solitario?

– Este, por el contrario, no cree en el matrimonio y sostiene que el concepto de familia es un lavado para seguir generando pobres y esclavos

– Su cuenta bancaria está en cero

-No tiene casa

-Ni v

-No hay tarjetas de crédito, por lo tanto, tampoco ha viajado, ni para huir, ni para lucrarse con lo de las divisas

-¡Qué imbécil!

– Ni casa, ni carro, ni familia, ni amigos, ni contactos

-El maldito es un viejo y no ha hecho nada

– Está más solo que la una el muy bastardo

– Odia al gobierno y también a la oposición

– Vaya, esto es más grave de lo que sospechábamos…

– Entonces, no queda duda alguna…es un monstruo

Las autoridades se apartaron y dieron por terminado su jornada de trabajo. La turba avanzó y desintegró a la criatura con sus propias manos. Lo que hace pocos minutos era un monstruo ahora era una espesa mancha de líquido carmesí sobre la acera.

 

                             FIN

 

© Edwing Salas

 

06/01/14 

Despiertos

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Nunca se sabe cómo se sale del trance de un sueño profundo,  simplemente despertamos. El día entra primero por los oídos, luego se empieza a sentir el cuerpo y todo su peso, más tarde, experimentamos la sensación del aparato respiratorio laborando ininterrumpidamente y, por último, se levantan las persianas de piel de los párpados para que la luz nos de conciencia. Hemos regresado.

La mente empieza a arrojar la información pendiente: recuerdos, retazos de sueños, la agenda de propósitos. Ya estamos de nuevo en el plano real, ese que nos muestra o intenta convencernos de que estamos con vida, tenemos una, mientras, las ausencias se acumulan con el peso del vacío. De un giro, esa certeza de saberse un ser viviente, se convierte en banalidad.

Somos errores y a eso vinimos, a errar, por eso, quizás, nuestra verdadera obra sea un mural de imperfecciones éticas, físicas, psicológicas, perceptivas y egocéntricas, en mayor o menor medida, de acuerdo a la valentía o cobardía de nuestras configuraciones genéticas.

La naturaleza es precisa, pragmática, hermosa y sobre todo, cruel, entonces, existen dos clases de suicidas: los que toman el “indigno” atajo y los que siguen la senda llamada vida, la cual, lleva al mismo destino. Avanzas, autodestruyéndote a cuenta gotas, no de un solo golpe, cómo los primeros.

Tocas el piso helado con pies desnudos. La jornada está a punto de comenzar. Afuera todos pretenden felicidad, un estado que puede ilustrarse con una bengala u estrella fugaz. Sin duda existe, los consumidores de crack la conocen y saben lo efímera que es.

Ciertamente, los que deben considerarse afortunados son quienes han experimentado el “aquí y ahora”. Han penetrado por las diminutas e indetectables puertas de ese estado temporal, cuyas vastas salidas someten al pasado y al futuro a rangos de menor jerarquía, cuyas existencias son de dudosa fidelidad.

La culpa, el arrepentimiento, la añoranza, son costras sangrantes que arden al sol. La ausencia es una enfermedad carnes adentro que consume como ácido clorhídrico. Agua oxigenada, agua bendita o agua de pupilas dan lo mismo. Corren como río desbordado toda la mañana al percatarse del silencio aturdidor. No hay pabilo, hojas de plátano, ni las entrañas de alcaparra, pulpa de cerdo y aceitunas.

Limpias, haces que el reproductor de audio realice un tributo musical. La escoba es protagonista mientras baila con el polvo. Luego el coleto entra en acción para secar ese torrente de agua salada que en algún momento se desbordó esa misma mañana.

Hay polvo y cenizas, pero quizás, seamos partículas más diminutas. El problema no es la ortografía, sino la sintaxis de nuestras presencias en este plano. Se ha perdido el sentido, o quizás nunca lo hubo. Después de escuchar esas piezas musicales e iniciar el drenaje, solo podemos concluir que los fantasmas somos y hemos sido nosotros.

FIN

© Edwing Salas

25/12/13

A la deriva

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“Las oportunidades surgen muy pocas veces en la vida y si no has aprovechado ninguna, no lamentes tu presente.”

Britanio era así, como su nombre, un sustantivo que resultaba sonso e innecesario. Quemó todas las naves antes de que partieran, muchas las incendió en pleno viaje, con el viento a favor y otras, las cañoneó tan solo con verlas en el horizonte.

Una agónica balsa llevaba su existencia, se acercaba la degradación natural, ya estaba ahí. Todo lo que espera más allá es degeneración, sufrimiento, el clímax de la muerte y descomposición.

No era valiente, ni sensato, ni astuto, ni con sangre fría, mucho menos, carismático. Su angustia perenne en constante ascenso y su ilógica pasión e ingenuidad le hacían demasiado inseguro, pesimista, o como él mismo lo pensó siempre: “Demasiado realista”.

Quien está acostumbrado a fracasar le teme demasiado a las victorias, se torna un enamoradizo de las fallas, las empresas inconclusas, las impuntualidades deshonrosas, las causas perdidas, las separaciones, las pérdidas y el continuo odio hacia sí mismo.

Ignoraba totalmente si era algo heredado. Debió arreglárselas solo desde pequeño y en vez de convertirse en un truhán de los siete mares, con fortunas saqueadas y labios robados, era un errante marinero que actuaba como rata acorralada, convirtiéndose en presa de piratas y la marina real.

Se le podía encontrar en el mismo perímetro marítimo. El íngrimo islote con manglares era su única pertenencia, por lo menos, hasta el momento. A ningún fugitivo se le hubiese ocurrido esconderse en un paraje tan inhóspito y azotado por insectos chupa sangre y serpientes de agua.

Britanio guardaba el temor y esperanza de ser alcanzado por una de esas alimañas. Un franciscano una vez le dijo que quien se quitara la vida por su propia voluntad estaría condenado para siempre a arder en el aceite hirviendo del averno, junto a Satanás, quien atormentaría su pobre alma por mil eternidades.

No era creyente, pero cada vez que se le ocurría armar una horca las palabras del monje venían a su mente. Le recordaba tal cual, envuelto en su entrepierna con la piel de una de las ovejas del pastor que profesaba la fe anglicana y que se negó a abandonar sus dogmas para abrazar la religión dominante en Francia.

Luego de cortarle la cabeza, los representantes de la iglesia confiscaron sus bienes y ese monje en especial sentía profundo apego a las cabras y ovejas, quienes “No eran tan endemoniadamente pecaminosas como las mujeres”, según le confesó.

Britanio si amaba a las mujeres sin importar lo que fueran, pero su azarosa vida siempre las alejaba en esas embarcaciones que él mismo se encargaba de incinerar, ya sea, por no demostrar debilidad o por saberse un hombre sin pasado, presente, ni futuro. Alcohol y opio serán la compañía perfecta.

Ya solo quedaba el ron. Fumar le habría desatado los demonios que aún le perseguían, dándole esa fama de cobarde paranoico de altamar, una delirante rata de embarcación, de esas que saltan de cubierta cuando retumba algún cañón.

Quinto día flotando en medio de la nada. Una ballena expulsó agua junto a él. El líquido estaba frío, lo que quería decir que el animal llevaba varios días en la oscuridad de las profundidades, donde el sol no existe; ese perturbador astro rey que tenía su piel roja y sangrante.

Terminar hundido o devorado por los tiburones era un destino poco honorífico, pero era el final que sin duda se merecía.

Quería ser como los bucaneros que escuchó en las historias que contaban en las tabernas de los muelles de la isla de Santa Elena, cuando apenas era un niño que acarreaba la escupitina y el balde de orine.

El oleaje y la brisa de la tarde le brindaban una breve sensación de bienestar. ¿Sería esa la última experiencia de sus sentidos antes de oscurecerse ante la vida? ¿O el cruel destino le depararía muchos más días de deriva moribunda?

                                         FIN

© Edwing Salas

30/11/13

 

Teresa Red

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Escucha su voz todas las noches, la ve en la calle, la ve en TV, ella es Teresa Red. Podría llamarla, enviarle SMS, un tuit, un e-mail, escribir en su Facebook, e incluso, “estalkearla”, virtual o literalmente, pero no.

Ella es un personaje público, es simpática, atrevida, desinhibida, sexy, extremadamente joven y moderna.

Su sensualidad e inteligencia arrastra toda una red de fanáticos y fanáticas que sienten pulsión con cada una de sus opiniones sobre el sexo, las relaciones interpersonales, la música, el cine, la lectura.

Cada medianoche, la radio arroja las ondas hertzianas más atractivas bajo el manto de su voz. Él mide, corta, remienda impávido, aunque a veces, debe parar y fijar su mirada en el receptor, como si se tratara de ella estando de frente, emitiendo cada una de sus confesiones, gustos y sandeces llenas de provocación.

No sabe cómo ella se enteró de su existencia. Fue la vez que estuvo en el programa de un amigo hablando de su colección de Miles Davis y sonando algunos de sus temas durante la tarde de un domingo lluvioso.

Teresa llamó y no quiso identificarse ya que su voz estaba saliendo a través de una estación de la competencia. El locutor no pudo evitar reconocerla y preguntarle si era ella, pero lo negó, apreciando la confusión. Felicitó al invitado por tan buena colección y le confesó que también era amante de Miles.

Él se sintió halagado pero su insociabilidad solo le permitió dar las gracias y despedirse tímidamente. Más tarde, cuando salieron de la emisora, su amigo continuaba asegurando que se trataba de Teresa Red, la reina de la provocación, pero su huraño invitado no sabía de quién le hablaba.

– Escúchala, para que veas que esa voz es inconfundible.

El sastre se acordó de la sugerencia de su amigo tres semanas más tarde, cuando renovaba una pieza. Le gustaba trabajar de noche y no tuvo problemas en sintonizarla.

Al hacerlo, supo que era ella y al enterarse de la naturaleza de su programa quedó enganchado.

Poco después, la vio en una valla publicitaria y quedó perplejo al percatarse de que alguien tan provocativa y menor tuviera esa clase de gustos musicales, tenía que ser una broma.

Teresa, Teresa, Teresa, soy un ciego caminando felizmente hacia un precipicio. Teresa, Teresa, Teresa, eres la licuadora encendida donde introduciré mis dedos. Teresa, quedé atrapado en tu Red.

Cuando descendía en picada pude ver como ascendías como un ángel de fuego. Medir, cortar, zurcir. Traje y pantalones negros, camisa blanca, corbata roja. En la solapa tambien, pañuelo rojo de seda.

“Flamenco Sketches” raya sus surcos en el pick up, mientras él trabaja en el silencio de su escandaloso pensamiento, luego de experimentar taquicardia cuando ella se despidió de su programa con “So What”.

Eso había sido hace dos horas. Los gallos iniciaban faena y él deseaba acostarse tarde para dormir largo y tendido.

Ella incitaba y provocaba, pero eso no era más que un sueño de ermitaño: pensar que había mensajes ocultos dirigidos a él. La aguja de la máquina de coser taladraba con precisión mientras seguía el patrón asignado por la tela.

Teresa, Teresa, eres una letanía maldita. Algo que perjudica sin razón alguna. Sentirse un animal vivo luego de hibernar dentro de una moledora de carne no es bueno, no es sano.

Eres inmune a las flechas, a las drogas, al alcohol, a la pobreza, a la riqueza y a las bacanales con cuerpos del sexo opuesto y del propio. Tú, con entusiasta fijación hacia impetuosos flacos; desgarbados, despeinados y barbudos; «homos» u «heteros», perfumas tu insaciable piel.

Corroes el tiempo con admirable adicción y ninfomanía. Eres heroína kamikaze. Sobre todo, eres indiferente ante los sentimientos, te ríes de las responsabilidades acarreadas por el apego.

Juegas como niña ingenua con armamento de guerra. Saltas en la cuerda sobre las vías del tren. Quizás, estar uno frente al otro, rompería cualquier misterio y nos llenaría de desdén.

Entre nosotros solo puede haber casuística, no casualidades o entrecruzamiento de tiempo y espacio. Más allá del taller y el mundo hecho con retazos no puede existir más nada. La demencia podría ser encontrarnos algún día.

FIN

© Edwing Salas

14/11/13

Maldito Civil – Parte 1-

Nueve meses de intenso trabajo para sacar adelante sus proyectos en la capital, donde había experimentado toda clase de dificultades. Ya cuando estaba a punto de cuajar tanto esfuerzo, el país comenzó a incendiarse.

La demencia y la violencia creciente entre los fieles al gobierno y quienes despertaban tempranamente, advirtiendo la neo dictadura, se convertiría en la estocada final que llevaría al traste todas las actividades nacionales y, por consiguiente, los proyectos de Alcides.

El paro cívico que mantenía cerradas todas las empresas y comercios, incluyendo, la industria petrolera y sus derivados, se había intensificado; como medida de presión para contener las arbitrariedades de la cúpula que, con tan solo tres años en el poder, ya mostraba el camino a seguir hacia una hegemonía personalista.

Obligado a regresar a su tierra, maldiciendo profundamente el autoritarismo del gobierno, que se había convertido en poco tiempo en una fuerza envilecedora del espíritu y las acciones de todos los habitantes que esperaban la ansiada mejoría y cambio.

– A Chávez nunca lo van a sacar de ahí

Le dijo con una sonrisa pródiga, su compañera de asiento en el bus hacia Maracaibo. Era una señora Wayú, que rondaba los 50 años.

Alcides siempre tenía problemas con la autoridad, era apenas un ingenuo recién graduado y aún mantenía esa natural propensión a enfrentar todo lo que representaba abuso de poder.

Empezó a detestar al presidente y la verdadera naturaleza del poder militar que le rodeaba.

Había participado en las revueltas y escaramuzas que se estaban dando en Caracas, para derrotar el avance de la invasión cubana, pero pronto, ese entusiasmo e ímpetu se vieron minados por el atentado en la Plaza Altamira.

La percepción de falsedad, el miedo y la derrota de las iniciativas que propiciaron la rebelión civil; le hicieron desconfiar también de militares disidentes y personajes civiles, cuyas verdaderas intenciones, la historia, debería encargarse de juzgar.

Pero, muy a pesar de todo, en el pensamiento y, sobre todo, en el fuego de su corazón; Alcides tenía la idea de continuar la lucha desde su ciudad natal, bastión de la resistencia.

Luego de la emotividad y frustración producida por el regreso intempestivo, Alcides se puso en contacto con sus amigos, y con ellos se dedicó a ir a toda marcha y cuanto evento de protesta civil se realizase contra el gobierno opresor.

Tropezó con la conciencia de clases a muy temprana edad. Devoraba libros, pero eso no necesariamente se traducía en excelentes calificaciones, los libros escolares eran algo muy distinto a lo que él sacaba desde niño de la biblioteca de su casa.

Ese encuentro con la conciencia de clases no fue nada grato, se dio cuenta de que era el único que no estaba “acomodado”, como el resto de su círculo social y, al mismo tiempo, se percibía con una serie de aptitudes, sensibilidades y opiniones que el resto de sus amigos no tenían.

Creía firmemente que la movilidad social podía realizarse trabajando duro y preparándose cada vez más.

Había leído sobre el llamado “Milagro alemán”, ocurrido en el país germano en los años 70’s. Ejercicio máximo de inocencia juvenil.

Había grandes obstáculos: la paranoia colectiva, la huida de capitales, la corrupción, la cultura de castas, el plan gubernamental, en complicidad con importantes entes económicos, de empobrecer cada vez más al pobre y enriquecer groseramente al rico.

La calle se volvía más volátil con el pasar de los días. Gente de la clase media, al ver amenazado su Status Quo, se enfrentaba abiertamente con militares pretorianos, quienes cumplían órdenes con el mayor de los descaros.

En las clases populares también existía muchísimo descontento ante el comportamiento oficial, pero en esa época, la mayoría aún estaba en manos del caudillo.

La división de clases, profundizada por el régimen, ya era el aire contaminado que se respiraba por doquier.

  Continuará…

(c) Edwing Salas

14/11/13

Maldito Civil – Parte 2-

La gente con la mayoría de sus necesidades cubiertas veía a quienes poseían escasos recursos como parásitos que afeaban el paisaje local.

Incluso, en el principal partido de oposición que se autoproclamó como líder de la lucha, le negaban la entrada a sus filas a gente mestiza, negra o indígena, y cuya forma de vestir, no fuera como la de ellos.

Había desconfianza, los unos miraban a los que venían de la mayoría territorial como “chusma”, “salvajes”, “monos” o infiltrados cubanos del gobierno.

En el otro sector, la historia no era diferente. Los pobres veían a la minoría blanca que vivían cómodamente, como ladrones de su presente y su porvenir, gente que les miraba por encima del hombro.

Siempre ha existido un contenido negativo por herencia hacia quienes venían de la masa o «pueblo», debido a la no superación de la cultura de castas.

Por esa razón, el resentimiento y la envidia movían los despiadados pasos y acciones de quienes se sentían culpables sin culpa, apoyados por el poder, para odiar sin pizca de remordimiento a “los ricos”.

“El líder clarificador” los instó para que se sintieran orgullosos de lo que eran y, por tanto, que no cambiasen. Él se encargaría de sus problemas y les ayudaría siempre.

La situación se tensaba más, por la sintonía que acaparaban los medios de comunicación privados, quienes, luego de meterle por los ojos a todo el país la figura del mesías político militar, durante media docena de años, a pesar de su historial comprobado, de violencia y muerte, se dieron cuenta tardíamente que el “monigote”, no era tal y que traía con él, gente ajena para hacer su propia fiesta.

Desde los medios oficiales, la ofensiva era aún peor. Señal de que la politización y polarización del país era indetenible. Llenando de confrontación todo lo percibido y expulsado por nuestros cuerpos.

En el seno de la fuerza armada, el veneno había corrido lentamente durante años. El sistema entero ya estaba gangrenado, dejando ver una cara nunca antes vista por la generación contemporánea.

Tan solo padres y abuelos sentirían el temor de la primera mitad del siglo XX, y experimentaron el remordimiento de no haber orientado u opinado cuando se debía, quizás, porque el recuerdo lejano no se veía tan nítido como se apreciaba la nueva imagen falseada de ese momento.

La rabia e indignación de Alcides era la respuesta natural ante tal bombardeo, que ponía en peligro su futuro como ser humano del siglo XXI.

Tanta información sin digerir, o procesada de manera mediocre; intencional o aleatoria, entraba en todos los formatos y por los principales sentidos, mientras, el gusto se llenaba de amargura, el olfato recibía cada vez más fetidez y el tacto se perdió completamente.

Llegando cansados de una marcha, Alcides y varios amigos se agruparon frente al imponente televisor que ocupaba el living de Arturo, para ver los últimos acontecimientos generados por las continuas manifestaciones y la represión militar, en pleno paro nacional.

Observaban con estupor cómo su nación se había convertido, de la noche a la mañana, en uno de esos países conflictivos del hemisferio.

Ver al gobierno actuar de esa manera, en compañía del ejército, les causaba profunda rabia y frustración.

La posibilidad de un régimen represivo y dictatorial en ciernes, era tan real como el apoyo de millones de personas, que veían, en ese momento, la posibilidad de ver sufrir a los ricos para sentirse redimidos por la revolución.

Alcides se sentía alienado, su condición debía impulsarle a defender al gobierno, pero no era así.

Las expresiones de los jóvenes frente al televisor eran un poema maldito que carecía de cualquier sana metáfora.

Las imágenes en pleno desarrollo que atravesaron los ojos de Alcides y sus amigos les removieron las profundidades del ser: un militar de la revolución embistió a una de las mujeres que protestaba y lo insultaba, estrellándola contra el pavimento, como si tratase de quebrar su cuerpo, tal y como se quiebra una botella en un arranque de ira descontrolada. Una de las miles de gotas que rebalsaron el balde.

Se hacía tarde, Alcides, sumamente impresionado, decidió tomar su mochila y emprender el camino a casa, a treinta kilómetros de ahí, al otro extremo de la ciudad.

Durante todo el camino, lo contemplado se repetía en su cabeza, una y otra vez: un hombre uniformado, humillando cruelmente a una mujer indefensa. La tristeza, la impotencia e indignación, lo fueron carcomiendo por dentro.

 Continuará…

(c) Edwing Salas

14/11/13

Masa/Kaze

Masa

Eres la expresión de la que siempre huyo

Mantengo distancia de tu herida abierta

cuyo pus de sabor hipnótico puede infectarme

Esa pose y desenfreno kamikaze

son virtudes que brillan en tus ojeras

El delgado manto en tus pómulos,

hace de tu mirada un fuerte documento de tu alma en llamas

Tus palabras se interponen ante mis ojos

el espiral desciende indetenible

Y mi adicción, aunque virtual, raya la cordura

convirtiéndola en un polvo que se lleva el tiempo acelerado

Contemplo las fábulas ninfomaníacas

muletilla que hace alarde de carencias

reflejo de todas las épocas débiles

Esos periodos que no se sostendrán sobre cajas de fósforos

Frases y sentencias se mezclan con vodka, ginebra y presunción

Acercando  el tiempo imposible

De tu momento eres reefer y con los de tu período vas

Adelante se arrastran los rezagados sin nacer

Eres gota que cae siempre por el mismo orificio

Aunque la tormenta sea eléctrica

Te persigo en reversa para evitar el choque de las realidades

Es genética, tu piel tostada, en el fondo, busca aclarar.

Soy sombra reflectora, enmudecida

Es la herencia

La lógica regla

El saldo de la libertad

El baño dorado sobre leña ardiente

Por muy torcida que sea la senda

nunca se sale por las orillas sin cerradura

Eres musa, difusa, confusa y obtusa

No creo, no hablo, no deseo

Verbo envenenado con turismo de pieles

Te dedicas a repetir lo que te han hecho

para mantener tu imagen ante un maltrecho espejo

No existe interés en la penumbra

cuando nadas en vacío

en el fondo están tus bienes y raíces

La lucha por mantener tu clase

Dejo pasar las secas aguas por el cause de una antorcha natural

No han de ser probadas, deben dejarse andar

No recuerdo sed, conmoción, libra, kilogramo, expectación

Fuerza de atracción versus el gran poder de la separación

Magnética

Nociva

Entrañable.

 

(c) Edwing Salas
23/10/13-29/10/13

Una mujer llamada Venezuela

 

Bonaje Venezuela 2029

– ¡Cállate! ¡Maldita puta! ¡Sigue mamando y deja que Alejandro el cubano te siga rompiendo el esfínter!

La mujer contiene las lágrimas, pero deja escapar lo que parece ser un grito de dolor a través de la mordaza. Su dominador continua el juego de roles con mucha seriedad.

– Tu sabes que nadie te tratará tan bien como te hemos tratado mi padre y yo. Esos sifrinos (chetos) de mierda te aborrecen  y te veían como una pobre arrastrada de barrio. Agradece que yo te estoy cuidando, que yo soy como tú. Vengo del mismo lugar. Junto con mi hermano Alejandro te haré muy feliz.

El dominador la agarra por el cuello, aplicando una llave de lucha libre, tras unos segundos el rostro de la mujer se pone colorado.

Sentado en una silla, mirando el espectáculo con deleite, un viejo con uniforme verde oliva se masturba mientras una asiática menor de edad, también desnuda, le sopla cocaína en la cara.

Así transcurre la vida de Venezuela, mujer muy linda, pero no muy inteligente. Su crónica ingenuidad y sus constantes fracasos sentimentales la han convertido en una persona llena de vicios y con una autoestima que le ha hecho perder su norte e identidad.

Sin embargo, ella cree ser feliz y piensa que aún falta para llegar al fondo.

FIN

(c) Edwing Salas

Publicado el 8 de Octubre de 2013