Niño hiperactivo de 1790 –Primera parte-

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Os asegvro reinas del drama contemporáneo a la qve la impía sociedad moderna ha bavtizado como “hombres”,  qve no sois ni la sombra de lo qve en vna época fveron los hombres de verdad. Hidalgos caballeros qve rasgaban svs camisas para desnvdar el pecho al plomo, flechas, lanzas i espadas, con la sonrisa demente qve provoca mirar a la mverte de frente, sin baxar la cabeza, intimidándola i sedvciéndola.

Vosotros, con svs artilvgios qve parecen magia negra venida desde el infierno. Svs falsos doctores, a los qve llamáis psicólogos, psiqviatras o consexeros, dignos de la bestialidad imaginativa sin alma de los aborígenes, qve prolongan sv agonía, gracias a vn pvñado de papel inservible, qve ni los mismísimos indios vsarían para envolver meriendas. Os recetan adminícvlos i cvras milagrosas para estar tranqvilos. No sabéis qve el opio i el ron de Jamaica proporcionan la qvietvd de mil cementerios.

Es precisamente a vosotros qve va dirigido este testimonio, sobre el hombre más notable qve época algvna haya podido regalarle al mvndo.

Vn magno caballero, destinado a llevar el arpa con canciones de libertad por toda la América, acompañada por el cercenar de vna la espada desenvainada contra el enemigo, con el indiscvtible sello del glorioso relinchar de sv corcel.

Ese  gran general, qve planeó importantes batallas, dando lo mexor de svs dotes en el arte del baile, en las bacanales qve se daban en sv honor, lvego de derrotar en increíbles combates a los soldados del imperio. O también, en mvchas ocasiones, antes de ello.

El resto de la hvmanidad, inferior en condición, le ha calvmniado de mantvano cobarde i monárqvico, tan solo por no asistir a pelear al lado de svs tropas en esas crventas batallas qve delineaba de forma perfecta en sv mente, cvando se encontraba transitando vn vals la noche anterior, xvnto a algvna exqvisita dama de la sociedad, antes de llevársela a sv habitación o aparecérsele de imprevisto dentro de la alcoba, faltando veinte minutos para la hora de las almas en pena.

¿Por qvé llamar excretas de pollo al hombre qve ya había ganado una conqvista dvrante la noche? i precisaba del día para descansar del axetreo i planear la sigviente movida qve lograra las victorias necesarias para expvlsar al invasor español.

Es bien sabido qve la carne es débil, i cómo Jesvcristo, padeciendo la condición hvmana, también demostró sus flaqvezas –Mi santísimo señor todopoderoso no se ofenda por la comparación- El general también caía en las tentadoras garras de la lvxvria, tal cómo sus héroes más admirados: Napoleón, Alexandro Magno i las deidades griegas.

Si sv afilado e insaciable sable de carne se antojaba con vna negra, pves, esa noche penetraba a vna esclava. Si le agradaban las gracias i modales de vna criolla, pves se cabalgaba a la criolla i listo. Si vn xoven o vn soldado le parecían bvenmozo i valiente, pues véngase también.

Svs celebraciones favoritas eran las de temática griega, donde él i svs generales se hvndían en vna marexada hvmana de cverpos desnvdos, donde todos i todas las presentes llevaban lo svyo, tal i cómo lo hacía el gran Alexandro i sv corte en el esplendor de sv creciente imperio. I qve conste, no estoi inventando o exagerando nada. Sv mismísima excelencia era vn individvo de vangvardia, así mismo se lo hizo saber a su qverido amigo Perv´ De Lacroix.

El general era vn hombre versátil, vniversal, o como diríais en vvestra época: vnisex.

Vaya vsted a saber lo qve ello significa, pero es lo qve  vvestro gentilicio diría ¿Cierto?

Pves bien, cómo habeís notado, padezco de vna verborrea incontrolable, i eso siempre me desvía del camino principal para llevarme por las hermosas, pero bizantinas sendas del divagveo. Es por eso qve ofrezco sinceras excvsas porqve el testimonio qve había venido a relatarles no es el qve han presenciado.

Lo qve qvería contaros de mi general no pertenece a sv etapa pvblica historica, narrada hasta el hastío en vuestro presente. Lo qve realmente debí haberles narrado fve cómo era sv niñez, cuales fveron las anécdotas i acontecimientos qve formaron al mozo rebelde e indomable, aqvel qve escapó de casa de sv tío para refvgiarse en la vivienda de sv maestro con nombre idéntico al de sv merced.

Qvizás penséis qve se trató de vna infancia atormentada i triste, pero dexadme deciros qve os equivocáis.

El peqveñín fve vn niño felíz i sin ningvn tipo de mortificaciones. Gozó de la atención de sv santísima madre i svs encantadoras i bien instrvídas hermanas, qvienes poseían el don de la sabiduría al saber quererlo, pero sin mimarle hasta el pvnto de la odiosa malcriadez.

El infante era svmamente inqvieto ¿Qvién no lo es en esa etapa de la existencia?

Qvizás los dramáticos i exagerados de vvestra época le llamen…le llamen… “Jiperactivo”. “Hiperactivo”, así es ¿Verdad?

Bveno, de cvalqvier manera, hoy no tengo tiempo de nadar hasta esas profvndidades. Pero les prometo qve tan pronto como regrese, les contaré como era el niño hiperactivo del ano 1790 de nvestro señor, a los siete años.

Por lo pronto, debo partir, ha cantado el gallo, se aproxima el alba. La hora de las almas en pena ha terminado.

   Continuará….

(c) Edwing Salas

  30/05/14 

 

 

 

 

Niño hiperactivo de 1790 -Parte final-

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¡Oh, vaya, pero qve pvntval sois!

Aqví os encontráis de nvevo. Me alegra saber qve aún existe gente de vvestra época qve se preocvpa por la memoria de mi general, qve el poderoso lo tenga a bven resgvardo i le haya perdonado svs pecados, qve fueron mogollón eh, pero oxala sv obra emancipadora le haya procvrado vn lvgar en el Olimpo glorioso de los héroes. Como se lo merece, cómo él siempre lo deseó.

Bveno, al grano caballeros: recverdo perfectamente haberlos citado aqví en este mismo lvgar i a esta misma hora, qve es la de los hombres como mi merced, para relatarles los detalles de la mocedad de mi gran general.

Al cerciorarme qve sois cristianos de palabra , empezaré por deciros qve el hombre maravilloso qve conoció el mvndo, empezó a tener svs primeros destellos por allá en 1790, a los siete años, por aqvel entonces, ese peqveño descendiente de los Bolibarjauregui ya tenía cinco años habiendo svperado la mverte de su padre, qvién se despidió de lo terrenal cvando el niño apenas tenía dos, marcando el designio de la tvbercvlosis en su genealogía, bveno , todavía hay mal intencionados i envidiosos qvienes xvran en vano que tanto padre como hixo fueron víctimas de sus miembros voraces i cvlifandangveros, pero ¡Eso es falso! ¿Me han escuchado? ¡Falso!

Doña María Concepción i svs hixas, las hermanas mayores del infante cvidaban de él mvy bien, siempre lo hicieron. Avnque la madame no qvería maltratar sus senos de porcelana para qve no qvedaran como los de una india: aplastados i rechvpados, le encargaba esta tarea a Hipólita , la nodriza principal , alternándose ambas esa labor.

La negra Hipólita fue la vnica qve metía sv teta en la boca del niño, aparte de Doña Concepción.

Así como les he asegvrado qve lo de las venéreas complicadas en tvbercvlosis es totalmente falso, así mismo le xvro, por mi cabeza, qve ningvna cvbana amamantó al general cuando era apenas vn qvervbín, avnque con los años llegó a hablarme de las tetas i el cvlo de vna cvbana qve conoció mientras organizaba sv campaña por el Caribe.

Me dijo qve se fue en leches enseguida sobre el chinchorro, ante la fogosidad de esa esclava cvbana que satisfacía a los hombres de la casa grande, mientras se encontraban de visita en Haiti.

También, creo qve me dijo, de esto si no estoy mvy segvro, son vnos cvantos siglos, saben, i la memoria de este anciano espectral, svele patinar de vez en cvando. Pero creo recordar, qve en vna oportvnidad, cuando habíamos fvmado vn poco de opio i libado unas cvantas botellas de ron, me dijo  qve vna cvbana fve qvien lo inicio como hombre, todas ellas son así, sabrosas, les gvsta el baile, el trago dvro i satisfacer sus fvegos internos, gratis o por dinero.

Cvando había monedas o comidas de por medio, se esmeraban mvcho más, pero en verdad, con el perdón de Dios, qve el diablo me lleve si esas no eran las hembras más calientes del continente. Ignoro cómo lo serán ahora en sv época, pero en la nvestra eran de lo más libertinas.

Volviendo a lo qve nos ha xvntado a esta hora, el niño a los siete años era como cvalqvier otro de sv edad i posición, sin dvda, tvvo una infancia plena i feliz: se bañaba en el río, le gvstaban los dvlces, odiaba ir a misa, se deleitaba en repetir las insolencias de los grandes entre sus compañeros de xuego i era castigado constantemente por esta causa.

Adoraba montar a caballo, avnqve tenían mvcho cvidado en no permitírselo en exceso. A esa edad ya era un fiel amante de la mvsica, aprendió a bailar viendo i practicando con svs hermanas mayores, qvienes elogiaban sv talento natvral i oído nato para llevar el ritmo i ejecvtar los pasos, como si se tratase del cortesano más asidvo de las galas francesas.

Otra de svs pasiones era la lectura. Pasaba horas bajo los frondosos árboles de las enramadas disfrvtando de versos, sonetos i también las historias i romanceros caballerescos de entonces, deleite de la chiquillería mantuana.

Cómo todo chiqvitín de grandes ínfvlas, como las qve siempre tvvo dvrante toda sv existencia, i qve mis palabras no le ofendan,qveria saberlo todo, i llenaba a svs mayores con pregvntas cvya cantidad i complexidad, obligaba a los aludidos a regañarlo o mandarlo a hacer cvalqvier otra cosa, para sacarle de la cabeza esas locas ideas i conversaciones qve ya reflejaban sv profvndidad para las grandes proclamas i discvrsos.

Debido a ello, sv tío le daba vna reprimenda verbal i lo mandaba a qve se entretvviera con el pasatiempo más popvlar entre los xovencitos de sv alcvrnia: apedrear esclavos.

Se volvió todo vn experto en golpear i sabotear a svs sirvientes e hixos peqveños a cvalqvier hora del día i época del año. Llegó a desarrollar vna verdadera afición por esa actividad i ya en su advltez, se qvexaba de extrañar esa sana costumbre de sv época.

De hecho, durante el fervor de la gverra libertaria llegó a decirme:

“A veces me provoca amarrarlos en vn pilote i apedrearles, azotarles i luego me los pasaría a todos i todas por el arma de mi carne, lástima qve ahora debo darles la libertad, tan solo para asgvrarme qve en vn fvtvro ellos no le hagan eso a mi merced, tal cómo se lo hicieron a los lores de Haití. Avnque la parte de ser pasado por svs garrotes, me tiene sin cuidado, no es tan doloroso como me decía Miranda, además, yo soy vn hombre”

Qvizas vosotros, en vuestra época habríais catalogado la niñez del general como agitada i mui inquieta, pero se os asegvro, era vn niño dvlce, precoz i mui bien portado. En otras palabras, no era vn hiper…vn hiper, bveno, ya saben, eso pves, ¡Vna ladilla!

 FIN

© Edwing Salas

04/07/14