Lu…

Lu...

Y entonces salieron a la calle derramándose con su hambrienta locura. Eran llamaradas de antojo las que consumían avenidas enteras, dejando a su paso ceniza y escombros. Lamentos de hombría, feminidad y resistencia.

Todos, como almas en pena, esperaban con ansias el momento justo para volver a nacer de ese dolor intenso de los meses pasados.

Transformarse en nuevo símbolo de adaptabilidad, valor y perdón.

Cada noche en un cajón azul, pero nunca volverse sobre los pasos agónicos. Tarde o temprano un extremo los batiría contra el otro.

Terminando así sus esperas y sometiéndolos a lugares de más brillo y, ya mucho menos, a territorios en los albores de la miseria.

     FIN

© Edwing Salas

Primer transcrito del manuscrito original: 10/08/02

Transcripción digital y edición 16/04/14

Masa/Kaze

Masa

Eres la expresión de la que siempre huyo

Mantengo distancia de tu herida abierta

cuyo pus de sabor hipnótico puede infectarme

Esa pose y desenfreno kamikaze

son virtudes que brillan en tus ojeras

El delgado manto en tus pómulos,

hace de tu mirada un fuerte documento de tu alma en llamas

Tus palabras se interponen ante mis ojos

el espiral desciende indetenible

Y mi adicción, aunque virtual, raya la cordura

convirtiéndola en un polvo que se lleva el tiempo acelerado

Contemplo las fábulas ninfomaníacas

muletilla que hace alarde de carencias

reflejo de todas las épocas débiles

Esos periodos que no se sostendrán sobre cajas de fósforos

Frases y sentencias se mezclan con vodka, ginebra y presunción

Acercando  el tiempo imposible

De tu momento eres reefer y con los de tu período vas

Adelante se arrastran los rezagados sin nacer

Eres gota que cae siempre por el mismo orificio

Aunque la tormenta sea eléctrica

Te persigo en reversa para evitar el choque de las realidades

Es genética, tu piel tostada, en el fondo, busca aclarar.

Soy sombra reflectora, enmudecida

Es la herencia

La lógica regla

El saldo de la libertad

El baño dorado sobre leña ardiente

Por muy torcida que sea la senda

nunca se sale por las orillas sin cerradura

Eres musa, difusa, confusa y obtusa

No creo, no hablo, no deseo

Verbo envenenado con turismo de pieles

Te dedicas a repetir lo que te han hecho

para mantener tu imagen ante un maltrecho espejo

No existe interés en la penumbra

cuando nadas en vacío

en el fondo están tus bienes y raíces

La lucha por mantener tu clase

Dejo pasar las secas aguas por el cause de una antorcha natural

No han de ser probadas, deben dejarse andar

No recuerdo sed, conmoción, libra, kilogramo, expectación

Fuerza de atracción versus el gran poder de la separación

Magnética

Nociva

Entrañable.

 

(c) Edwing Salas
23/10/13-29/10/13

La escoba

Escoba2019La puta escoba, ese primitivo instrumento que va de aquí para allá, tras un polvo que se esparce día a día por todos lados, como la mala situación del planeta. Está en cada rincón, cada pasillo, cada habitación. Impide cada intento de superación.

La pobreza; es arrecho sacarla, como el polvo de la casa. Luís envejece como las paredes de la vieja vivienda. Tiene años tratando de salir de esa maldita e injusta condición, es una de las pocas mayorías a la que pertenece, el 87% de habitantes del país es de limitados recursos. Qué coño importa que la casa deba barrerse a diario.

Esa dañina obsesión es de Marinéz. Así como el coleto, la cocina, el repetitivo arroz y las letanías de pasta con plátanos, el puerco, la cerveza, el cigarro y el café. Ella es feliz limpiando todos los días, es lo más fácil.

Las urbanizaciones, edificios y cosas sofisticadas no son para ella, nunca podrá pagarlas. Nunca ha pedido demasiado, solo cerveza, cigarro, café, puerco, arroz, pasta y su negro Agustín, quien, por cierto, está en el monte y llega el fin de semana.

Ante las paginas desplegadas de La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells, Luís sufre la invasión de su espacio al sentir el arrastre de la escoba bajo sus pies. Marinéz, ejecuta su rutina de limpieza con agresividad. Está segura que su hijo tiene algo malo: después de ir a la universidad sigue pelando bolas, mucho más que ellos, que nunca estudiaron.

Luís no deja de pensar en H.G. Wells, quien siendo hijo de una humilde criada, le ruega encarecidamente a su mamá que lo lleve a la ciudad de Londres para estudiar, de lo contrario,  se vería obligado a cometer suicidio, porque esa vida de pobreza y falta de superación no eran para él.

¿Que habría pensado Marinéz si su hijo le pidiese dinero para irse a Londres? Eso no sería una situación de ciencia ficción. Sería, más bien, “Social Ficción”.

El polvo se aloja en la nariz de Luís, le provoca tos y estornudos. Su mamá arrecia la operación de barrido transmitiendo un mensaje claro, sin emitir palabra alguna: “desaparece y déjame limpiar”. El lector, culpable y derrotado, se retira, buscando las sombras de las matas del patio para continuar su escape de la realidad.

Cada cabeza es un mundo, por eso, diariamente hay dominación, segregación, genocidio, homicidio, fratricidio, suicidio y éxodo.

Cada segundo es una guerra entre dos, tres, cuatro y miles de mundos. Lo que estorba o no se entiende merece ser destruido.

(c) Edwing Salas