
Aguarda en silencio, siempre, cuando lo miras, la entidad ya ha puesto tus ojos en dirección a tu propio ser. Tiene el poder de alinear frente a frente tus propias pupilas para generar un fenómeno inconsciente muy impactante.
Antes, durante su aparición en el mundo, debió ser extraño, incómodo. Ahora, su influencia es legítima y omnipresente. Tiene el don de convertir el oro en su propia piel, despertando fantasías que muy pocas veces se convierten en realidad para la gran mayoría.
Algunos, puede que muchos, puede que unos pocos, no se sabe a ciencia cierta cuántos, encuentran sus miserias y se torturan dentro de las múltiples formas en las que se presenta dentro de una casa. Rectángulos, cuadrados, círculos, triángulos, espirales, rombos.
Un caleidoscopio de infinitas formas geométricas que se erigen o se adhieren en la vanidad, que se exhibe o se guarda. Una deidad que crispa el fuego de la sana autoconfianza y destruye las más frágiles y deterioradas.
Su diálogo es subyugante y en la mayoría de los casos es el juez y el verdugo posesionado de tu figura, para que trates de no mandarlo a la dimensión fantasmal de la fragmentación.
Acto completamente suicida porque ya nadie se atreve a despojarlo de su poder con tanta frecuencia. Es un vicio que ya pasó a ser parte de la prueba de vida, para comprobar que aún se pertenece a este plano de la existencia.
Son tiempos donde tiene más de seis cabezas como un dragón invencible del apocalipsis. Extensiones de su presencia con fondo y profundidad oscura, cuyas multicolores llamas mortales seducen hasta calcinarte en tu propia hoguera de vanidades.
El mismo silicio está en los nuevos corazones diminutos que palpitan a través de un fluido de impulsos de luz que entran permanentemente en las pupilas, potenciando la esclavitud y generando un fuerte deseo de recompensa inmediata que libera dopamina y otras hormonas de la felicidad.
Todos saben en qué consiste el plan, sin embargo, no se puede hacer nada para desviarse del camino pavimentado de pulgares levantados que provocan el hambre más atroz y somete a millones a la inanición psicológica.
El mercader de rostros se levanta sobre esqueletos emocionales, carencias y comparaciones. Es el mercenario al servicio de los egos desbocados y frágiles que caen como moscas envenenadas por el humo de la distracción ejercida desde el olimpo piramidal de los dioses que saben como manejar a sus rebaños mundiales.
FIN
(C) Edwing Salas 07/01/23