El Mal@bar

TM-tango-dancing

La música emite sus compases calientes y un moreno vientre descubierto se ondula en todas direcciones. Un espiral de piel sudada en movimiento, con caderas circundando la hebilla del compañero de baile.

Pantalón blanco, ceñido, que deja ver el diminuto hilo dental. Un movimiento menudo. Largos cabellos oscuros, frente sudada y labios húmedos. Ritmo llevado peculiarmente, por un impedimento.

No siempre fue así, la vaina no viene de nacimiento. Fue por culpa de un accidente de tránsito que casi le cuesta la pierna. Si no hubiese sido por su antiguo marido, quien se la llevó a Estados Unidos para operarla, hoy no estaría en la pista derrochando deseo y curiosidad.

El muchacho que baila con ella, lo hace de manera discreta. Solo es uno de los esbirros de Fix, el novio de Lisia. Él los ve bailar desde la mesa donde está sentado. No le gusta mucho el baile, pero para divertir a su mujer, que adora hacerlo, prefiere disfrutar contemplando como ella menea sus caderas y luego hacerle el amor fogosamente.

– ¡¿Quién es esa?!

Preguntó excitado el Gato, el jefe de la mafia de los autos. Un sujeto duro, su aspecto era como el de un skinhead, con un ojo amarillo y otro verde claro;  usa barba estilo candado.

El Gato era divertido cuando andaba de parranda, relativamente buena persona, si se toma en cuenta el tipo de trabajo que tenía, pero sufre el típico defecto de los de su clase; cuando de mujeres se trata, y si hay alcohol de por medio, no hay nada que lo detenga.

– Esa es la novia de Fix – respondió Sann, uno de sus hombres de confianza-

El Gato miró más allá de la pista y vio a Fix, sentado con una copa en la mano, disfrutando del baile de su mujer, a su lado otro esbirro; el enano superpeligroso, que se servía el líquido transparente de la gran botella que estaba en la mesa.

La banda de Fix era conocida por desvalijar, vender y comprar partes de autos robados. Era una especie de empresario que formaba parte del mismo mercado del Gato. Se conocían, hacían negocios juntos, lo típico de ese gremio, nada más ni nada menos.

El Gato, con dos días seguidos de bebidas y orgías a cuestas, empezó a dirigirle miradas insinuantes a Lisia, que no paraba de bailar. Pieza tras otra, mientras más la miraban, más se ayudaba de su defecto para marcar un ritmo único y enloquecedor.

Ella respondía también con risas y miradas provocativas. Ya la conexión estaba hecha, solo faltaba tiempo para que El Mal@Bar se convirtiera en un circo de plomo que le da mucho que hacer a la ley y los forenses todas las noches.

Lisia tomó una pausa para sentarse con su hombre. Él la recibe con un beso de lengua, ella sonríe complacida, toda empapada por el sudor. La copa que esperaba es vaciada de un solo sorbo. Tenía sed, y ese fuerte miche se perdió en su boca. Fix le sirve un nuevo trago y ella se lo empina de nuevo, dirigiéndole una caliente mirada al Gato en la mesa de enfrente. Él no la ha perdido de vista, con emoción les comenta a sus guardas:

– ¡Ya está lista! ¡Ya es mía! Esa maldita coja me gusta mucho, la voy a dejar alineada y balanceada cuando la agarre.

Sann y el otro acompañante del Gato se miraron, rieron y luego con curiosidad y preocupación, le preguntaron por el novio.

– ¡Al diablo! ¡No me importa! ¡Esa maldita coja es mía esta noche!

– ¿Has tirado alguna vez con una coja?, por ahí dicen que esta es un diablo en la cama, que por eso es que Fix últimamente anda todo tranquilo. – dijo Sann-

– Sí, debe ser, mira como baila, es una Verduga… bueno, una vez me acosté con una inválida. Primero me hizo felación desde su silla ¡Eso fue el cielo en el ala de una mariposa! Luego la bajé y lo hicimos en el piso para mejor estabilidad y empuje, la verdad no pensé que fuera tan genial. En otra ocasión, una maldita tuerta se introdujo mi glande en su orificio ocular, esto fue genial, no sé si era por el ácido que me había metido, pero lo cierto es que no me dio asco… además me dio suerte, porque esa misma semana salí vivo del volcamiento ¿Te acuerdas?

Las risas estallaron en la mesa del Gato, con sus anécdotas sexuales.

Lisia se levantó a bailar de nuevo, poniendo a todo el local a la expectativa, tal como sucedía siempre que ella cojeaba hacia la pista de baile. Esta vez la pareja era el mismo Fix.

Los de la mesa de enfrente, todavía con la risa en sus labios, miraron con atención, la coja otra vez se transformó en una licuadora, moviéndose con gracia y singularidad. Esto hizo que el alcohol y la libido se le subieran a la cabeza al Gato, nublándola por completo.

– ¡Dale maldita coja! ¡Vamos! ¡Arriba!

Los gritos se opacaban con la música, la pareja bailaba tranquilamente, los hombres del Gato trataban de calmarlo, pero este no estaba colaborando. Por fin, logró calmarse y apuró su trago. Para empeorar, ella lo provocaba, con miradas sugestivas. El felino reía con ella. Señas iban y venían.

– La voy a sacar a bailar…

Los guardas se alarmaron al escuchar esta sentencia; su jefe estaba demasiado excitado y bajo la influencia. Las parejas bailaban, la música salía atronadora por los parlantes, el alcohol y el cigarro impregnaban el ambiente; la noche seguía su lógico desenvolvimiento, había humedad y calor en las temperaturas corporales de todos los presentes en El Mal@Bar.

Los gritos del Gato eran cada vez más fuertes. Alrededor, la gente reía al oír las ocurrencias del calvo; sus acompañantes estaban preocupados y se preparaban para lo aparentemente inevitable.

En la mesa de los bailantes, los otros dos guardas ya estaban notando la situación. El Gato se levanta y empieza a bailar aupando a la pareja, en ese momento, una chica pasa y el gato la toma de un brazo repentinamente y se la lleva al medio de la pista.

La música de Añez y Cufiño con su “Arepa de Cazón” hacían estremecer a la multitud que bailaba frenéticamente. Las parejas en la pista se movían jadeantes. Lisia y el Gato intercambiaban miradas, señas, sonrisas: el felino estaba confiado, sus cinturas se atraían mutuamente, aunque todavía estaban a distancia. El calvo bailaba con maestría, robándose el show como siempre.

Fix estaba tranquilo, aunque su mirada era un torrente a punto de desbordar su cauce; le dijo algo a Lisia, ella rió y siguió la faena. En un estallido, su pareja la toma de la mano con fuerza tratando de llevársela a la fuerza de la pista.

– Deja bailar a la dama, no ves que le gusta -chistó el Gato con gracia-

– ¡Eso no es de tu incumbencia! ¡Ella viene conmigo y punto! -gruñó Fix-

Los dos hombres se miraron fijamente, emitiendo agresividad por sus pupilas; el Gato estiro sus labios hasta mostrar una sonrisa, que acompañaría con un levantamiento de cejas. A Fix no le hizo ninguna gracia.

La música seguía, ellos estaban en la pista, la gente a su alrededor bailaba, pero también seguía con detalle lo que ocurría. Lisia, por fin, resolvió bailar sola, desafiando aún más a su novio. El calvo estiró mucho más su sonrisa, poniendo cara de ironía.

– Ahh, con que quieren bailar…

Fueron palabras de Fix antes de retirarse y desaparecer entre la multitud, la nube de humo y la oscuridad del lugar. Lisia, el felino y quienes seguían los hechos en la pista estaban a la expectativa. La coja bailarina estaba asustada, le dijo al calvo que se fuera, los guardaespaldas de este se acercaron con las manos sobres sus respectivas fundas. El furioso novio no estaba en su mesa, pero sus esbirros también se lanzaron a la pista, desafiantes.

Los bailadores que se percataron de la situación huyeron despavoridos ante un eventual enfrentamiento. El local se volvió un gallinero y oleadas de gente, muchos de ellos sin saber lo que pasaba, pero que se movían por inercia, empezaron a correr, tumbando todo; botellas y copas fueron a parar al piso.

Los empujones de la turba derribaban a los menos enterados, exponiendo sus caras contra las esquirlas, que se clavaban en los rostros desesperados y a punto de asfixiarse. Algunos tenían sus pistolas en mano, incluso, los de la pista, pero nadie disparaba, el brillo de los cañones niquelados formaba una suerte de mirror ball de la destrucción.

Afuera, la muchedumbre brotaba de la puerta como si El Mal@Bar los vomitara. La policía llegó con sus luces y música de sirenas, las ambulancias llegaron oliendo el rastro de la tragedia, pero nadie había agredido deliberadamente a nadie.

Los aplastados habían sido víctimas de una histeria colectiva, producto del conocimiento del ambiente hostil imperante en el local cada noche. Fix había desaparecido y su desvanecimiento era lo que había provocado tanto revuelo: “¿Habría ido a buscar combustible para incendiar el lugar?” “¿O una ametralladora para matar a su mujer y el tipo que la estaba sonsacando?”

Nadie quería el sabor plomizo de una bala pérdida, sin embargo, no dejaban de frecuentar el lugar, sabiendo lo inseguro que era. Todas las noches iban a divertirse, a riesgo de no volver a sus casas.

En el sitio, los chismes se derramaban como un torrente que adquiría más fuerza, con la torcida percepción de cada quien:

– ¿Escuchaste el disparo?

– Eran unos que se dieron puñaladas en la pista de baile

– Y también hay una tipa que salió herida, anda coja

– Me siento mal…creo que voy a… ¡Bluuuuaaacccckkkkgggg!

A diez cuadras de donde había sucedido todo, en un elegante restaurant, un hombre tomaba un trago en silencio, levantando la copa a la salud de una hermosa y virginal jovencita nipona, que lo miraba sonriente, a escondidas, para que sus padres y el prometido no se dieran cuenta de su coqueteo con el misterioso individuo con aspecto de mal viviente.

El solitario bebedor parecía haber cazado una presa, sonreía con malicia. En su mente, a veces veía la imagen de una coja bailando sensualmente, un rubio calvo, tratando de seducirla.

Junto a ella surgían unas interrogantes y sus respuestas: ¿Qué habría sido de ellos y de sus esbirros? “De seguro estarán celebrando, burlándose de mí por haber dejado el lugar sin luchar ¿Para qué pelear por algo siempre perdido? esta noche es para pescar casualidades de seda”.

Tranquilos pétalos de inocencia e ingenuidad; esa que se siente atraída por lo malo y dañino. “Mañana veré que hago con aquellos…hoy es día de lucir la brillante malicia ante la siempre atractiva y sedienta virginidad”.

En un oscuro callejón, el Gato, Lisia, los esbirros del felino, más los de ella, se esconden y tratan de huir de la policía, que busca a los causantes del alboroto del Mala@Bar.

Era injusto, ellos no habían causado nada, todo fue producto del temor y la paranoia de los asistentes, pero ¿Quién le creería a gente con prontuarios judiciales tan prominentes?

Otro mal rato, otra anécdota que contar, para todos los involucrados en estos sucesos solo se trataba de una noche más, tan igual como las anteriores, llena de la peligrosa rutina de aquellos que, temiéndole a una vida recta, solo se ocupan en buscar una salida de plomo.

                                                                   FIN

© Edwing Salas

 Todos los Derechos Reservados, mayo 2004

Publicado el 24 de Julio 2014

Cosquilla china

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Cuando Bárbara cabalga en su purasangre llamado Miller se siente en paz consigo misma. Dueña del mundo que la rodea y, sobre todo, húmeda de placer al trotar a pelo en el lomo del animal y sentir como sus labios golpean suavemente contra la espina dorsal del equino, sin nada más que mediar entre ambas pieles, que la delgada tela de su inmaculado y ceñido pantalón de ecuestre blanco, siempre marcando sin pudor su perfecta vagina libre de ropa interior.

Testigo silente de esta rutina devastadoramente excitante es Gonzalo, el tímido cuidador de los animales, cuya fijación con la dueña de todo lo que hay a su alrededor le pone nervioso y lo llena de un mutismo tal que le impide mirarla o dirigirle la palabra siquiera.

Miller acelera el paso y su amazona aprieta sus crines para no dejarse caer ante el orgasmo que experimenta con el trote mientras los golpecitos a su clítoris son marcados y rítmicos.

Desde la puerta de la caballeriza Gonzalo contempla ensimismado como el cabello azabache de Bárbara es una bandera al viento y su piel, suave y tan blanca como su pantalón de montar, brilla con el sol de la tarde.

Bárbara gime de placer en la última vuelta y cae rendida sobre el cuello de su animal, pero pronto, se percata de la mirada de su empleado e intenta recobrar la compostura, disimulando el caudal de sensaciones que ha experimentado hace escasos segundos.  Gonzalo retorna rápidamente a su labor de alimentar a los demás ejemplares, intentando fingir también.

Bárbara lleva a Miller hasta la caballeriza.

-Gonzalo.

– Mande señora.

–   Báñalo y dale de comer.

Gonzalo recibe el caballo y se da cuenta del pantalón blanco de su patrona ceñido y transparente gracias a una vagina notablemente húmeda y recién estimulada. Gonzalo se lleva al ejemplar dándole la espalda a su patrona, emitiendo una tímida frase.

–    Cosquilla China

– ¡¿Qué?! – responde ella sorprendida y sin entender-

Su empleado voltea, impulsado por su instinto de hombre, se acerca a ella y le dice:

– Eso que practica usted con Miller se llama cosquilla china, las amazonas de la isla de Creta lo hacían y en tiempos del Libertador era una costumbre aceptada en silencio por las familias pudientes. Los señores dejaban que sus señoras e hijas se reconfortaran de esa manera, todo menos verlas en la cama de un plebeyo, un negro o un indio.

Las palabras de Gonzalo se desvanecían en sus fuertes y ordinarios labios, percibidos por ella en ese momento como los más apetecibles del planeta, así como su bronceada y musculosa espalda, sus tensados pectorales, brazos y abdomen, ella los había admirado tantas veces y no se atrevía a hacerle saber su secreta afición, aún más oculta que la práctica que hacía sobre Miller, para desahogar su deseo por él, un tímido y bien formado peón de su hacienda.

La impetuosa Bárbara calló a su interlocutor acercando sus labios de porcelana a la boca de él. Ella inmediatamente buscó su lengua y ambas se entrelazaron en remolinos que emanaban corriente.

Eso fue suficiente para liberar al animal atrapado dentro de Gonzalo, quién movido por su instinto sexual abrió de tajo la camisa color salmón de Bárbara e inmediatamente comió de sus pechos con el frenesí de quien encuentra una jugosa fruta en medio del desierto después de vagar 30 días sin comida ni agua.

Bárbara entraba en calor como nunca y brindaba las edulcoradas auras de sus pezones al encanto brutal de su amante intempestivo. Gonzalo la sometió con fuerza dándole vuelta y enganchándola por el cuello con su brazo derecho, mientras, con el izquierdo bajó a retazos el pantalón ecuestre. Ella estaba entregada hace rato a los orgasmos preliminares de la situación.

Sin mediar palabra Gonzalo liberó la dura bestia de sus jeans y embistió por detrás a Bárbara, quien sintió como las paredes de su vagina se estiraban más de lo normal al dejar entrar a ese portento azabache marcado por las venas. El grito de placer que siguió a continuación inquietó a los animales de la caballeriza.

Ese día fue la última vez que Bárbara practicaría la cosquilla china para sublimar su deseo por Gonzalo el peón, quién a partir de ese momento, tampoco fue conocido por ese denominativo, sino más bien, por otro que se haría conocido en poco tiempo en todo el poblado de San Agustín del Río: Gonzalo “El caballo”.

                                                                             FIN

 

© Edwing Salas

2012-2013

Publicado el 12 Julio de 2014

El pastel dentro de la chica

Pastel Mujer

Ramiro se levantó de un brinco al percibir los sonidos de la avanzada mañana entrando por su ventana. El sábado trajo consigo no sólo un día de descanso sino, además, la fecha de su cumpleaños.

Luego de darse una reconstituyente ducha salió del baño para toparse repentinamente con Juliana, cuya cara recién despierta tenía el ceño más fruncido de lo normal.

– ¿Qué significa esto? – soltó aprehensiva-

Ramiro tomó su teléfono y leyó su pantalla, se relajó y respondió con la pura verdad:

-Un mensaje mi amor, deseándome feliz cumpleaños.

Como era de esperarse Juliana explotó:

– ¡¿Un mensaje, un mensaje?! Mira la hora en que te lo enviaron y las cochinadas que dice.

-Mi amor, por favor, no les hagas caso a las jodedoras del trabajo, relájate ¿Sí?

Ramiro respondió con calma creyendo que el día de su cumpleaños no se iba a arruinar por un ataque de celos de su novia. Juliana no estaba en la misma onda que él:

– ¡Ningún relájate! ¡Ya estoy cansada de tus mentiras y tus suciedades!

Lo que siguió de ahí en adelante no estaba en los planes de Ramiro, todo se fue por el caño y la fiesta que le había organizado Juliana ya no se haría, mucho menos tendría el regalo prometido por ella: Un pastel tamaño gigante con una chica en su interior, quien saldría brincando para cantarle el cumpleaños y hacerle un lap dance, fantasía que su novia estaba dispuesta a cumplirle siempre y cuando él  le hiciera el amor salvajemente sobre la mesa de los pasa palos luego que se fueran los invitados.

Terminó celebrando su cumpleaños solitario, en la barra de un bar desconocido y al que entró luego de tanto deambular sin rumbo, luego de tamaña rabia, sin teléfono y con la amargura brotándole de la piel, su tristeza solo podía compararse con la de la atractiva mujer de al lado, quien lloraba desconsoladamente frente a su copa de vino.  Él, más por condescendencia que por cazar, intentó sacarla de su tragedia.

-Sí, el amor es una mierda ¿Cierto? – le dijo compasivamente-

-No si lo encuentras verdaderamente – respondió ella secándose las lágrimas- lo que es una mierda es la falta de trabajo.

– ¿Por qué dices eso? ¿Qué te pasó?

Ella tomó de su copa y empezó a conversar con Ramiro, él le dijo su nombre y ella también, se llamaba Abril y le contó que había llegado de Mérida en busca de una mejor vida y cómo le había costado encontrar trabajo, y cuando encontraba, tenía que dejarlo debido a los constantes abusos de sus jefes, que no paraban de acosarla para obtener favores sexuales.

Llevaba un año en esa situación y su tragedia más reciente es que la habían contratado como animadora de fiestas y eventos para adultos, pero el trabajo que tenía para esa tarde había sido cancelado, por tanto, no tenía para completar el pago de los tres meses que ya debía en la pensión donde vivía.

Ramiro la escuchó con paciencia y la conversación fue yendo por otros derroteros. Los desconocidos que se habían conocido solitarios en una barra fueron descubriendo que en las historias de sus vidas había muchos rasgos y circunstancias en común, fue de esa manera como la tristeza paso a ser simpatía y luego, deseo mutuo.

Ya entrada la noche y dominados por la cantidad de copas en sus venas, decidieron darles rienda suelta a sus ganas en un hotel. Ramiro se introdujo en Abril y ella lo esperó con su vagina húmeda y suave. Ambos se necesitaban, sus cuerpos se acoplaron con la exactitud que solo dos almas gemelas podrían tener.

Cuando Abril se dejó arrastrar por el placer, los músculos de su vagina se desataron y empezaron a moverse para ejercer succión, lo que hizo sentir a Ramiro una sensación que le recorrió toda la medula y tensó sus piernas hasta paralizarlas. No pudo contenerse y estalló en semen dentro de su compañera cayendo exhausto sobre ella.

La bella mujer tampoco pudo controlar los fluidos orgásmicos que salieron a presión de su vulva.  Un nuevo universo nació luego de ese big bang.

Luego de tal paroxismo, ambos se abrazaron e iniciaron su plática, ahora como un solo ser, ya formando parte uno del otro. Abril le reveló que ahora se sentía agradecida de que la fiesta que tenía esa tarde fuera cancelada, debía meterse en un pastel y salir a cantarle y bailarle al cumpleañero, a ella eso le parecía demasiado cliché.

Ramiro al escuchar el secreto se dio cuenta que su cumpleaños había salido mejor de lo planeado, se libró de fastidiosa novia y, si bien no cumplió su fantasía de ver a una bella chica saliendo de su pastel de cumpleaños, se encontró con algo mejor: Un dulce pastel de intensos placeres dentro de una chica bella y sexualmente alucinante.

 

                                                                      FIN

© Edwing Salas

 

01/11/13

Niño hiperactivo de 1790 –Primera parte-

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Os asegvro reinas del drama contemporáneo a la qve la impía sociedad moderna ha bavtizado como “hombres”,  qve no sois ni la sombra de lo qve en vna época fveron los hombres de verdad. Hidalgos caballeros qve rasgaban svs camisas para desnvdar el pecho al plomo, flechas, lanzas i espadas, con la sonrisa demente qve provoca mirar a la mverte de frente, sin baxar la cabeza, intimidándola i sedvciéndola.

Vosotros, con svs artilvgios qve parecen magia negra venida desde el infierno. Svs falsos doctores, a los qve llamáis psicólogos, psiqviatras o consexeros, dignos de la bestialidad imaginativa sin alma de los aborígenes, qve prolongan sv agonía, gracias a vn pvñado de papel inservible, qve ni los mismísimos indios vsarían para envolver meriendas. Os recetan adminícvlos i cvras milagrosas para estar tranqvilos. No sabéis qve el opio i el ron de Jamaica proporcionan la qvietvd de mil cementerios.

Es precisamente a vosotros qve va dirigido este testimonio, sobre el hombre más notable qve época algvna haya podido regalarle al mvndo.

Vn magno caballero, destinado a llevar el arpa con canciones de libertad por toda la América, acompañada por el cercenar de vna la espada desenvainada contra el enemigo, con el indiscvtible sello del glorioso relinchar de sv corcel.

Ese  gran general, qve planeó importantes batallas, dando lo mexor de svs dotes en el arte del baile, en las bacanales qve se daban en sv honor, lvego de derrotar en increíbles combates a los soldados del imperio. O también, en mvchas ocasiones, antes de ello.

El resto de la hvmanidad, inferior en condición, le ha calvmniado de mantvano cobarde i monárqvico, tan solo por no asistir a pelear al lado de svs tropas en esas crventas batallas qve delineaba de forma perfecta en sv mente, cvando se encontraba transitando vn vals la noche anterior, xvnto a algvna exqvisita dama de la sociedad, antes de llevársela a sv habitación o aparecérsele de imprevisto dentro de la alcoba, faltando veinte minutos para la hora de las almas en pena.

¿Por qvé llamar excretas de pollo al hombre qve ya había ganado una conqvista dvrante la noche? i precisaba del día para descansar del axetreo i planear la sigviente movida qve lograra las victorias necesarias para expvlsar al invasor español.

Es bien sabido qve la carne es débil, i cómo Jesvcristo, padeciendo la condición hvmana, también demostró sus flaqvezas –Mi santísimo señor todopoderoso no se ofenda por la comparación- El general también caía en las tentadoras garras de la lvxvria, tal cómo sus héroes más admirados: Napoleón, Alexandro Magno i las deidades griegas.

Si sv afilado e insaciable sable de carne se antojaba con vna negra, pves, esa noche penetraba a vna esclava. Si le agradaban las gracias i modales de vna criolla, pves se cabalgaba a la criolla i listo. Si vn xoven o vn soldado le parecían bvenmozo i valiente, pues véngase también.

Svs celebraciones favoritas eran las de temática griega, donde él i svs generales se hvndían en vna marexada hvmana de cverpos desnvdos, donde todos i todas las presentes llevaban lo svyo, tal i cómo lo hacía el gran Alexandro i sv corte en el esplendor de sv creciente imperio. I qve conste, no estoi inventando o exagerando nada. Sv mismísima excelencia era vn individvo de vangvardia, así mismo se lo hizo saber a su qverido amigo Perv´ De Lacroix.

El general era vn hombre versátil, vniversal, o como diríais en vvestra época: vnisex.

Vaya vsted a saber lo qve ello significa, pero es lo qve  vvestro gentilicio diría ¿Cierto?

Pves bien, cómo habeís notado, padezco de vna verborrea incontrolable, i eso siempre me desvía del camino principal para llevarme por las hermosas, pero bizantinas sendas del divagveo. Es por eso qve ofrezco sinceras excvsas porqve el testimonio qve había venido a relatarles no es el qve han presenciado.

Lo qve qvería contaros de mi general no pertenece a sv etapa pvblica historica, narrada hasta el hastío en vuestro presente. Lo qve realmente debí haberles narrado fve cómo era sv niñez, cuales fveron las anécdotas i acontecimientos qve formaron al mozo rebelde e indomable, aqvel qve escapó de casa de sv tío para refvgiarse en la vivienda de sv maestro con nombre idéntico al de sv merced.

Qvizás penséis qve se trató de vna infancia atormentada i triste, pero dexadme deciros qve os equivocáis.

El peqveñín fve vn niño felíz i sin ningvn tipo de mortificaciones. Gozó de la atención de sv santísima madre i svs encantadoras i bien instrvídas hermanas, qvienes poseían el don de la sabiduría al saber quererlo, pero sin mimarle hasta el pvnto de la odiosa malcriadez.

El infante era svmamente inqvieto ¿Qvién no lo es en esa etapa de la existencia?

Qvizás los dramáticos i exagerados de vvestra época le llamen…le llamen… “Jiperactivo”. “Hiperactivo”, así es ¿Verdad?

Bveno, de cvalqvier manera, hoy no tengo tiempo de nadar hasta esas profvndidades. Pero les prometo qve tan pronto como regrese, les contaré como era el niño hiperactivo del ano 1790 de nvestro señor, a los siete años.

Por lo pronto, debo partir, ha cantado el gallo, se aproxima el alba. La hora de las almas en pena ha terminado.

   Continuará….

(c) Edwing Salas

  30/05/14 

 

 

 

 

Niño hiperactivo de 1790 -Parte final-

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¡Oh, vaya, pero qve pvntval sois!

Aqví os encontráis de nvevo. Me alegra saber qve aún existe gente de vvestra época qve se preocvpa por la memoria de mi general, qve el poderoso lo tenga a bven resgvardo i le haya perdonado svs pecados, qve fueron mogollón eh, pero oxala sv obra emancipadora le haya procvrado vn lvgar en el Olimpo glorioso de los héroes. Como se lo merece, cómo él siempre lo deseó.

Bveno, al grano caballeros: recverdo perfectamente haberlos citado aqví en este mismo lvgar i a esta misma hora, qve es la de los hombres como mi merced, para relatarles los detalles de la mocedad de mi gran general.

Al cerciorarme qve sois cristianos de palabra , empezaré por deciros qve el hombre maravilloso qve conoció el mvndo, empezó a tener svs primeros destellos por allá en 1790, a los siete años, por aqvel entonces, ese peqveño descendiente de los Bolibarjauregui ya tenía cinco años habiendo svperado la mverte de su padre, qvién se despidió de lo terrenal cvando el niño apenas tenía dos, marcando el designio de la tvbercvlosis en su genealogía, bveno , todavía hay mal intencionados i envidiosos qvienes xvran en vano que tanto padre como hixo fueron víctimas de sus miembros voraces i cvlifandangveros, pero ¡Eso es falso! ¿Me han escuchado? ¡Falso!

Doña María Concepción i svs hixas, las hermanas mayores del infante cvidaban de él mvy bien, siempre lo hicieron. Avnque la madame no qvería maltratar sus senos de porcelana para qve no qvedaran como los de una india: aplastados i rechvpados, le encargaba esta tarea a Hipólita , la nodriza principal , alternándose ambas esa labor.

La negra Hipólita fue la vnica qve metía sv teta en la boca del niño, aparte de Doña Concepción.

Así como les he asegvrado qve lo de las venéreas complicadas en tvbercvlosis es totalmente falso, así mismo le xvro, por mi cabeza, qve ningvna cvbana amamantó al general cuando era apenas vn qvervbín, avnque con los años llegó a hablarme de las tetas i el cvlo de vna cvbana qve conoció mientras organizaba sv campaña por el Caribe.

Me dijo qve se fue en leches enseguida sobre el chinchorro, ante la fogosidad de esa esclava cvbana que satisfacía a los hombres de la casa grande, mientras se encontraban de visita en Haiti.

También, creo qve me dijo, de esto si no estoy mvy segvro, son vnos cvantos siglos, saben, i la memoria de este anciano espectral, svele patinar de vez en cvando. Pero creo recordar, qve en vna oportvnidad, cuando habíamos fvmado vn poco de opio i libado unas cvantas botellas de ron, me dijo  qve vna cvbana fve qvien lo inicio como hombre, todas ellas son así, sabrosas, les gvsta el baile, el trago dvro i satisfacer sus fvegos internos, gratis o por dinero.

Cvando había monedas o comidas de por medio, se esmeraban mvcho más, pero en verdad, con el perdón de Dios, qve el diablo me lleve si esas no eran las hembras más calientes del continente. Ignoro cómo lo serán ahora en sv época, pero en la nvestra eran de lo más libertinas.

Volviendo a lo qve nos ha xvntado a esta hora, el niño a los siete años era como cvalqvier otro de sv edad i posición, sin dvda, tvvo una infancia plena i feliz: se bañaba en el río, le gvstaban los dvlces, odiaba ir a misa, se deleitaba en repetir las insolencias de los grandes entre sus compañeros de xuego i era castigado constantemente por esta causa.

Adoraba montar a caballo, avnqve tenían mvcho cvidado en no permitírselo en exceso. A esa edad ya era un fiel amante de la mvsica, aprendió a bailar viendo i practicando con svs hermanas mayores, qvienes elogiaban sv talento natvral i oído nato para llevar el ritmo i ejecvtar los pasos, como si se tratase del cortesano más asidvo de las galas francesas.

Otra de svs pasiones era la lectura. Pasaba horas bajo los frondosos árboles de las enramadas disfrvtando de versos, sonetos i también las historias i romanceros caballerescos de entonces, deleite de la chiquillería mantuana.

Cómo todo chiqvitín de grandes ínfvlas, como las qve siempre tvvo dvrante toda sv existencia, i qve mis palabras no le ofendan,qveria saberlo todo, i llenaba a svs mayores con pregvntas cvya cantidad i complexidad, obligaba a los aludidos a regañarlo o mandarlo a hacer cvalqvier otra cosa, para sacarle de la cabeza esas locas ideas i conversaciones qve ya reflejaban sv profvndidad para las grandes proclamas i discvrsos.

Debido a ello, sv tío le daba vna reprimenda verbal i lo mandaba a qve se entretvviera con el pasatiempo más popvlar entre los xovencitos de sv alcvrnia: apedrear esclavos.

Se volvió todo vn experto en golpear i sabotear a svs sirvientes e hixos peqveños a cvalqvier hora del día i época del año. Llegó a desarrollar vna verdadera afición por esa actividad i ya en su advltez, se qvexaba de extrañar esa sana costumbre de sv época.

De hecho, durante el fervor de la gverra libertaria llegó a decirme:

“A veces me provoca amarrarlos en vn pilote i apedrearles, azotarles i luego me los pasaría a todos i todas por el arma de mi carne, lástima qve ahora debo darles la libertad, tan solo para asgvrarme qve en vn fvtvro ellos no le hagan eso a mi merced, tal cómo se lo hicieron a los lores de Haití. Avnque la parte de ser pasado por svs garrotes, me tiene sin cuidado, no es tan doloroso como me decía Miranda, además, yo soy vn hombre”

Qvizas vosotros, en vuestra época habríais catalogado la niñez del general como agitada i mui inquieta, pero se os asegvro, era vn niño dvlce, precoz i mui bien portado. En otras palabras, no era vn hiper…vn hiper, bveno, ya saben, eso pves, ¡Vna ladilla!

 FIN

© Edwing Salas

04/07/14

Por dunas

Dune Jodo

Todos en la calle arrastran sus miradas culpables

Te das cuenta que te busco

en cada tecla que impulsas

Esas filosóficas huellas

Flashback peligroso

al toparme con uno de tus geniales pensamientos en mi territorio

Esos silencios incómodos…

lo serán aún más

sí van a ser interrumpidos por una turba de zombis

¿A dónde han ido todas esas letras e historias que has absorbido?

¿Eres cántaro vacío?

Los libros,

la música,

la cultura…

en general…

la sofisticación de tu arrogancia

hasta las propias experiencias

no llenan una llamarada

impetuosamente vacía

Vale más el peligro

de ser descubierto en plena búsqueda

que la rutinaria presencia de palabras

que se vuelven vacuidad

Un principio deslumbrante

cegador

pero con el roce de los segundos

resequedad en las sombras

que van esparciendo su tinta en el aire

Hemos cambiados las casas y los carros

por dunas que se lleva el viento

por la barba de los cinco días

por soñar un futuro incierto

Una reina surge defecada por un Kaiju de concreto

ese animal que me aplasta al no poder domarlo

la mirada de su larva codiciada me dice lo que soy

lo que ya le he dicho al estar detenido en la acera hedionda

viéndola venir y atendiendo una llamada

de la ansiedad

Hemos cambiados las casas y los carros

por dunas que están en todos lados

pero ya no están

Hemos cambiados las casas y los carros…

…por dunas…

 

© Edwing Salas

01/07/14

No oda Neruda

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No es que lo desprecie,

no es que su sobrevalorada obra me tenga sin cuidado

No es su utopía de un mundo donde se le pone aureola a demonios y mercenarios

No es esa trillada “callada y ausente”.

El único verso que se saben los amantes normales.

Nada de eso hasta ahora me ha incomodado.

Es que murió en la ciudad de Santiago y yo nunca lo supe.

Hasta que salió la trivia y me hizo perder una ronda de Preguntados

(c) Edwing Salas 05/06/14

Pañuelo

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He ampliado los límites de esta ciudad

Es una extensión enorme de territorio

Unido con puntadas y nudos de horca

Convierto un pañuelo en sábana

La tierra plana donde me mantendré seguro

El puente que vence la brecha y el precipicio

Cae en las entrañas del cañón

Sólo quiero mantenerme a salvo

No estamos en New York

Pero igualmente las islas son necesarias

Terminaría siendo una caricatura borrosa

De algún personaje de Junot

Aunque es mejor eso que ser coliforme fecal

Haciendo vida en un arado mar

Agua de vertedero, estancada

Quizás la única diáspora de la que llegue a formar parte

Será la de los que se despiden de este plano

No hay posibilidades de encontrar otro boleto

El oro sale a la superficie

Brillo, solidez, valor

El estiércol es simplemente abono

Compost en la barriga de esa voraz bestia

Pobreza de nombre

Apellido subdesarrollo

Abolengo y linaje

De quienes son café y no crema

Con la vista estrellada en el muro más cercano

Bloqueando el horizonte

Estrechando el aire

Cercenando la conciencia

De sosiego y ambición

De calambres existenciales

Y espasmos neuronales

El acabose

La cuenta de salida

De los hermanos esperados

Bautizados con calidad de vida

Sobre muchas muertes de dudosa categoría

La esperanza está a la derecha del dios padre

Como los ceros de sus saldos

Los intentos son números

Los números intentos

Y cada mal paso una declaración

De buen resultado imperfecto

Cruzan con este brillante oscilar

medias verdades y tragedias completas

He aquí tu risa crónica

Interrumpida por corazas

Sincerando la cuantía de nuestras carnes

Dejando el atril con vísceras, amargura e irritabilidad

Lo corrosivo de una disciplinada verdad.

© Edwing Salas

05/05/14

Ilusionista

Ilusionista 00

Después de hurgarse frente al espejo su mirada le transmitió la verdad.

No escrutaba nada en su anatomía física, solo quería examinar más allá. Traspasar el fenómeno de refracción de la luz, introducirse en su reflejo y ejecutar la mesura definitiva del camino recorrido.

¿Cuánto de eso había en lo que hoy veía sobre el cristal pulido?

Cuanta intransigencia, cuanta postergación, cuanto miedo. Cuantas balas de salva y cuantos puentes volando en forma de ceniza.

Creencias, dogmas a futuro que habían aniquilado tanta fuerza natural, pura y llena de caballos salvajes, descogotándose pendiente abajo, pero con zancadas siempre imperturbables hacia adelante.

– ¿Crees en el destino?

–   Claro, por supuesto, el destino es la muerte. Es la ineludible meta.     –respondió sonriente y convencido-

Su respuesta sincera y sencilla horrorizó, no era New Age, desafinaba con la ocasión social, era demasiado biológica y pragmática para alcanzar el vuelo de los sueños y planes de papel que el resto de sus interlocutores arrojaba al aire.

El sosiego es lo que uno termina eligiendo luego de años de minimización. La verdad es más dura de lo que somos capaces de reconocer. La realidad no es lo que bota el espejo, sino lo que simboliza en las pupilas.

Buscaba la verdadera vocación, luego de errar pidiéndole a Dios el adelanto del infarto que le tenía reservado para cuando llegara a los sesenta años. Deshacerse de la existencia propia era algo muy ruidoso y cliché. Aunque se trataba del verdadero asunto filosófico, según Camus, ya no tenía caso aferrarse a ese axioma.

El público y los extras de ese espectáculo tampoco descifraban lo evidente. Estaban demasiado impresionados con las imponentes imágenes de vitalidad, inteligencia, talento extremo y profundidad del carácter. Espejismos.

-No te preocupes, tendrás un gran futuro, estas destinado a ello

Sabía que no era un gran aporte a la humanidad, pero las respuestas emitidas por los receptores le demostraban contradicción y lástima.

-No hay brazas ni purgatorios, ni vaticanos, ni edenes, ni amor, ni sacrificio. Ni Freud con sus vicios

Aun así, cada frase encerraba la magia de la oscuridad y la incomprensión, era un inconformismo lacerante. Antes de que las cosas empeoraran procuraba guardar en el sombrero las criaturas monstruosas que se apuraban por salir.

Ni ingenuos dioses cabalgando en sus cruces. La silla eléctrica de sus tiempos. Del amor al sexo, del sexo al amor, pero nunca amor nueve meses y después autoflagelación.

Se hallaba en ese laberinto/ encrucijada para el valor: Darwin, el diablo y Dios. Alguno será mito, y otros, superstición. Como este tiempo va pasando, las arrugas se aferran al cristal reflector a pesar de su longevidad. La naturaleza es insegura, al igual que sus omnipotentes dioses, no puede haber otra explicación.

Todas nuestras virtudes y defectos, con ronquidos y mal olor, respiran bajo un alma divina, por la matemática de nuestra pasión.

Por fin, descubrió de qué iba todo. Cronos se mostró desnudo, dejando ver horas, minutos, segundos, milésimas; ahí lo comprendió. Buscaba su verdadero talento ¿Cuál era su don en este mundo?

Recapituló en todos sus años y ahí vio la luz, la conclusión: siempre había sido Ilusionista.

Era ilusionista: al principio creaba la ilusión de ser un individuo agudo, astuto, noble, inteligente, amable, sensual, trabajador y talentoso. Posteriormente la gente se daba cuenta que todo era ficticio, un truco. Nada era real.

 FIN

 

© Edwing Salas

01/05/14

Lu…

Lu...

Y entonces salieron a la calle derramándose con su hambrienta locura. Eran llamaradas de antojo las que consumían avenidas enteras, dejando a su paso ceniza y escombros. Lamentos de hombría, feminidad y resistencia.

Todos, como almas en pena, esperaban con ansias el momento justo para volver a nacer de ese dolor intenso de los meses pasados.

Transformarse en nuevo símbolo de adaptabilidad, valor y perdón.

Cada noche en un cajón azul, pero nunca volverse sobre los pasos agónicos. Tarde o temprano un extremo los batiría contra el otro.

Terminando así sus esperas y sometiéndolos a lugares de más brillo y, ya mucho menos, a territorios en los albores de la miseria.

     FIN

© Edwing Salas

Primer transcrito del manuscrito original: 10/08/02

Transcripción digital y edición 16/04/14