Momento lamentablemente necesario

Club de La pelea

Sinceramente no sabía cuánto más iba a durar ese extraño momento “Edward Norton en el club de la pelea”.

Le parecía que eran cuatro años, quizás, más, o más bien, cuatro segundos. Filosas puntadas de ira rasgaban su cerebro. Se encontraba en medio de una gruesa y opaca nebulosa de humo que solo hallaba refractar luz caótica.

Sus intestinos clamaban por trabajar. Sentía las infernales miradas de vidas perdidas. Nihilismo de existencias atormentadas por el cansancio y los desperdicios.

Dio un paso para ver si traspasaba el campo gravitacional que le encerraba. Era como estar hipnotizado por un canto de sirenas, que lo llamaban a formar parte de su círculo de odio y amargura. Trataban de absorberlo hasta consumir su último sosiego.

Aunque, seguramente concordarían en muchas cosas, los puños no dejarán de buscar su rostro y procurarían asir una daga para liberar del pecho tanta fuerza oscura como un torrente.

Esperaba poder soportar más, pero sin incendiar edificios, ni engendrar perfectas legiones de obediente desenfreno y caos. Aún no.

Guardaba la esperanza que todavía en siglos esa carne y alma no lo hicieran. Solo ocurría que estaba siendo conocido en un extraño momento de su vida.

             FIN

© Edwing Salas

Escrito originalmente: 10/08/02

Transcripción y edición 13/04/14

Question des auteurs

Creadores duermen

Definitivamente, es una cuestión de autores, o como ella misma le llama “question des auteurs”. Particularmente le gusta traducir obras de la lengua francesa, porque según sus datos es prolífica y elegante.

Aborrece mi occidental gusto por el inglés, le gusta quedarse ahí sin hacer nada cuando yo escribo una frase anglo sajona. Me cataloga de predecible y vulgar.

Es por eso que les he llamado hoy señores de soporte técnico, su programa de Google Translate, o como ella misma se ha denominado: «Google Traducteur» es muy posesiva y quiere imponerme sus propios conceptos y palabras.

  FIN

(c) Edwing Salas

17/01/14

Publicado el 12 de abril 2014

Gota de lluvia menuda

Gota

Photo by Edwing Salas

Veo la chispa que se asoma rápidamente a lo lejos, posiblemente se quiebre este cargado aire. Me deslizo por esta distancia que une dos puntos.

Trato de pasear por el indomable resplandor, lo tomo por sus crines de protones y dejo que las sacudidas me adhieran a su avance. Aprovechamos estos momentos de sublime exaltación.

Pies ensangrentados se dirigen a su norte sin chistar, sin emitir palabras, pero con la carcajada del desplazamiento. Es tiempo de callar ante lo absurdo.

Siempre diciendo sí al sobrevivir, en algunos ratos sobrevivimos, en otros, sobre morimos.

El péndulo de victorias y fracasos no para de bailar: uno, dos; de un lado para otro. De extremo a extremo.

Se expanden los labios. Con el estiramiento logran asomarse los dientes, dándole un instante de luminosidad a este sendero. Me cobijo en este chasqueo de luz y sombra en posición fetal.

Me dispongo a ser disparado al infinito. No sin pocos miedos, haciendo lentejuelas de cicatrices, girando como proyectil en descarado flujo de aire conductor: de lo estático a lo cinético, del reposo a la rapidez, de lo mágico, a lo trágico y de lo suntuoso a la sencillez.

– ¡Calma! ¡Calma!

Algo se ha recuperado, se presumía perdido para siempre, aguja en pajar imperecedero. Aquí está la cordura, separada por una frontera construida con hojas filosas que rebanan percepciones, detalles, deseos, desastres, rechazos, ignorancias y genialidades, todas ellas, en proporciones desiguales.

                                                                    FIN

31-mayo-2004
(c) Edwing Salas

Publicado 7th April 2014

Centro del Universo / Center of the Universe

Centro del Universo

Photo by Edwing Salas

Ignoraba que tan sensato era andar con un telescopio de dos mil dólares a la una y media de la madrugada por el barrio, pero era imperativo ver ese evento estelar –y no, no era un programa de televisión- se trataba de una lluvia de estrellas que se mostraría por diez segundos procedente de la órbita del planeta Nibiru.

Buscar la mejor posición para ver ese fenómeno irrepetible era su prioridad. La gran casa al lado de la suya le impedía ver desde su propio techo.

Muy pocos estaban enterados de lo que iba a ocurrir. Por eso, tenía que ser de los pocos que experimentaran tal fenómeno, sin que nadie se lo contara, eso lo colocaría un poco por encima del resto de sus cohabitantes del planeta.

Vestido de negro para mimetizarse con las sombras, se desplazó de puntillas mientras los perros ladraban avisando de su presencia.

El cielo estaba despejado, podía ver la luna llena y las estrellas. Realmente se sentía pequeño, no hacía falta decirlo.

Tan solo repasar sus decisiones y acciones era suficiente para concluir que lo que buscaba era una señal de luz que aclarara su alma perdida, dentro de ella misma.

La primera estrella fugaz pasó. Pudo observarla sin mucho esfuerzo. Esa no era parte de la lluvia, según la radio de la NASA, faltaban aún diez minutos.

Ya podía ver la plaza envuelta en claroscuro. Ahí se instalaría con su telescopio.

Llegó, desplegó el trípode y montó rápidamente el telescopio. Comenzó a calcular las coordenadas, el ángulo y la distancia. Empezó a calibrar.

–   Oye, no me gusta que me interrumpan mientras fumo.

Esa expresión sorpresiva y solitaria lo hizo brincar y dar un grito de espanto.

– ¡Dios mío! ¡Vas a hacer que me dé un infarto!

– ¿Eso es un Celestron?

–   Sí

– ¿Original?

Él afirmo en silencio, con el rostro invadido por la luz de encontrar un ser tan sublime como ella en medio de la noche y a la vez, con el miedo de ser asaltado por esa chica que irradiaba libertad, desenfreno y también mala conducta.

–   Está lindo –respondió ella-

–   Gracias

–   Yo también salí a ver la lluvia de estrellas y a fumar un poco de esto, pero no tengo telescopio.

Le extendió el joint, el astrónomo amateur negó con una sonrisa. Estaba invadido de pavor, prefería colocarse en el espacio con ayuda de su propia imaginación.

– ¿Te parece algo malo o qué?

–   No me llama la atención, eso es todo.

–   Bueno, para eso es el libre albedrío, lo respeto, pero de una vez te digo que jamás saldría contigo, salvo por esta noche, pareces ser un buen chico.

Cuando se dispuso a mirar la lluvia estelar, ella le pidió permiso para poder ver, él no pudo negarse. Esa chica de temperamento salvaje era la prueba de que había vida inteligente muy cerca. Puso su ojo derecho en el visor. Una sonrisa de anhelo e inocencia se dejó ver en sus veteranos labios, asomando una dentadura brillante, a pesar de sus excesos con el almíbar.

Él no pudo sino contemplarla, dándole la espalda al firmamento que desprendía escarcha en movimiento. Se sentía demasiado diminuto ante esa dimensión de mujer -Y pensar que el universo es mucho más extenso e intimidante-

No vio su esperada y exclusiva lluvia de estrellas. Descubrió algo mucho mayor. El centro del universo ya no era él y su pobre humanidad, sino ella.

 FIN

© Edwing Salas

22/04/14

 

 

Pijama party

vs_pijama-party-2007

Cuando Silvia invitó a Paula a su casa para una fiesta en pijamas a esta última le pareció una idea algo ridícula, ya estaban en la universidad y aunque todavía seguían en la memoria reciente los días en la secundaria, donde se solía asistir con frecuencia a estas reuniones, no dejaba de intrigarle.

Pero ella era la más nueva del grupo de estudio y si eso le bastaba para entrar definitivamente al círculo de las más populares del primer semestre de comunicaciones, pues, no se lo perdería.

A las once y media en punto de la noche del sábado Paula llegó a casa de Silvia, esta le dio la bienvenida invitándola a entrar sin perder tiempo.

Silvia ya se encontraba “empijamada” o más bien “embikinada” con un sostén rosa que apenas cubría su generoso busto duro y puntiagudo. La pieza de abajo era un imperceptible hilo dental que tapaba su delicado triangulo del amor. Eso era todo.

Paula contempló a su compañera y no pudo sino sentir envidia ante un cuerpo tan bien formado que competía con el suyo.

– ¿Dónde están el resto de las chicas? – preguntó Paula.

–    Están retrasadas, pero no tardan en venir, anda, ponte cómoda, puedes cambiarte en mi habitación, ven. –respondió la anfitriona con total naturalidad-

Silvia condujo a Paula hasta su habitación y se quedó con ella. Paula no pudo ocultar su incomodidad, la situación era alarmante, pero si alguien era echada pa’ lante era ella.

–   No uses pijama, quédate así en ropa interior, como estoy yo – sugirió Silvia-

–   Eso mismo te iba a proponer, ya que tu estas así -le salió al paso Paula, sin dejar de recorrerla con la mirada-

Silvia quedó petrificada al ver como su invitada sin ningún pudor o recato levantó su franela dejando al descubierto sus hombros, sobre los cuales se fijaban unos sostenes inmaculadamente blancos, perfectamente combinados con los cacheteros que llevaba en la parte inferior.

Piernas y glúteos perfectamente delineados y carnosos. Silvia la devoraba con la mirada. El silencio era incomodo, toda la habitación se sentía cargada de estrógenos.

Se fue acercando lentamente, Paula esperó en silencio, ambas se quedaron muy cerca, sus ojos brillaban, la caliente anfitriona buscó los carnosos labios de su invitada y ella recibió el tierno y húmedo beso que luego las hizo sonreír a ambas y después las arrojó a un festín de pieles de porcelana.

Las atractivas damas se dejaron llevar por la exploración de sus cuerpos suaves y con el olor de mil primaveras. Sus lenguas jugaban con maestría entre sí, formaban un torbellino sedoso que inundaba las papilas con el sabor del sexo prohibido y anhelado.

Silvia sabia como usar su musculo del habla sobre las aureolas que bautizaban los delicados senos de Paula y esta invitaba a su amiga a que fuera bajando hasta su ombligo, donde tocaría la puerta de entrada hasta su monte de venus, totalmente depilado y llano.

Su clítoris hinchado y su entrepierna hambrienta esperaban a una compañera educada que supiera como manipular cada botón para calentar verdaderamente a una mujer.

Recorrió con su lengua afilada hasta la flor húmeda que la aguardaba, el clítoris de Paula estaba firme y anhelante, parecía una segunda lengua, de menor tamaño y proporción, pero sin duda, parecía tener vida propia.

La fogosa anfitriona también optó por inducirse placer desde su entrepierna con ayuda de sus expertos dedos. Su compañera la detuvo y la acomodó más cerca de si para continuar ella el trabajo. Ahora ambas se propinaban gozo y disfrute, la noche era joven y prometía más.

Paula no tardó en tomar ella la iniciativa igualando con su lengua el portento de sensaciones en el sexo de su compañera, a quién le tocaba hacer retumbar las paredes con gemidos tan apasionados como los que ella dejaba escapar hace unos momentos.

Silvia se despojó de sus sostenes e inmediatamente la mano de su pareja le apretó sus generosos y duros pechos con suma provocación. Al parecer la invitada era tan kinky como la anfitriona de esa fiesta para dos.

No hubo piedad en esa batalla por demostrarse la proveedora más efectiva del placer, era un espectáculo lleno de ternura y ganas de explotar el universo en sus esculturales cuerpos, deseados por un batallón de chicos, quienes jamás podrían alcanzar el nivel de compenetración existente en la camaradería femenina enviciada con el hedonismo y la auto complacencia a toda costa.

El dildo ajustable hizo su aparición para coronar la salvaje noche. Primero se lo colocó Silvia y de inmediato separó varios milímetros los labios de Paula al hacer entrar tan prominente juguete. Ella se lo agradeció dejando escapar un gemido que la dejó sin aire.

– ¿Te duele? – preguntó Silvia, por si estaba haciendo algún daño-

Paula negó con la cabeza mientras sus ojos permanecían cerrados y sus labios dibujaron una sonrisa de satisfacción. Ella se abrió aún más y permitió que su compañera se adentrara hasta el fondo, mientras, la sinfonía de su cuerpo se movía coreográficamente pidiendo más.

Cuando intercambiaron roles, Paula embistió con el consolador y también penetró el orificio anal con sus dedos índice y medio. Silvia no se esperaba esa sorpresa, pero agradeció el gesto meneando sus caderas con cada entrada y salida por ambos lados. Pronto sus alaridos estarían a punto de despertar a los vecinos.

De esta demostración de deseo extremo, lo más conmovedor para ambas fue cuando las dos se dejaron correr simultáneamente, quedando envueltas en un mismo gemido, un mismo aliento. Abrazadas en la cama no paraban de contemplarse y reír.

Paula le comento entre risas a su amante recién estrenada:

–  Menos mal que no vinieron las otras invitadas.

–  Nunca hubo otras invitadas.

– Ya lo sabía, siempre lo supe – confesó con total descaro la sonriente Paula, mientras le daba un almohadazo cariñoso a Silvia-

Todo por entrar en el grupo de estudiantes más populares de comunicación. Era un hecho, Paula estaba más que dentro.

                                                               FIN

© Edwing Salas

29/04/13 

363

Old Parr

El día 363 se escapó un recuerdo. Traicionera flatulencia de la memoria, fue así, de pronto.

De nuevo ese café con nombre francés, en compañía de ella y su abrumador apellido polaco, judío, ¿Quién demonios sabe?

Habla y escribe del amor, tanto, que si respirabas profundo y hacías silencio en tu interior podías escucharla a una gran distancia. Lo conoce, lo siente, lo vive. Tiene un amigo, un padre, un marido, un hermano, un amante al que llama Dios

En una ocasión llamó para reclamar mi irresponsable exceso de seguridad. Su rabia a través del hilo telefónico acariciaba el oído medio con su vibración.

Era más que obvio, la razón y los argumentos más poderosos estaban de su parte. Eso no la libraba de utilizar, subyugar, incluso, si había desplazamiento: nueve horas en carretera o una hora en avión.

Cómo se pierde el tiempo el día 363. Preguntando por la vida de alguien. El día 363, antes de celebrar. Una copa con el viejo Parra, los amigos, la gratitud y el perdón ¡Salud!… y gracias a ¿Dios?

  FIN

(c) Edwing Salas

29 de diciembre-2006

Publicado el 03 de abril de 2014